Las verdaderas razones del declive nuclear (03)

Construcción del reactor nuclear Olkiluoto-3, en Finlandia

Construcción del reactor nuclear Olkiluoto-3, en Finlandia

Ir a la primera parte «La energía nuclear hoy (01)»

Cuando hayáis leído este extracto del documento de la Fundación Ideas, del PSOE, veréis el sin sentido de pretender relanzar esta carísima y peligrosísima energía.

Está bien además, porque nos recuerda cómo E.T. derivó los gastos de estas empresas hacia el bolsillo de los españolitos de a pie.

Es evidente que esto de hacernos participar en las pérdidas de las empresas viene ya de antiguo y parece haberse convertido en una tradición en la cúpula del PSOE, viendo cómo se está financiando a los bancos y cajas (allá por octubre volveremos a hablar de esto).

En realidad, el desarrollo de la industria nuclear civil nunca fue el resultado de decisiones económicas empresariales sino consecuencia de una determinación política y militar, lo cual explicaría las dificultades económicas con las que se encontró desde el primer momento. Ya lo advirtió C.G. Suits, vicepresidente de I+D de General Electric, en 1950 cuando advirtió que “la energía atómica es una forma excepcionalmente costosa e inconveniente de obtener energía … se trata de una energía cara, no de energía barata como hemos inducido al público a creer”.

Es común explicar la evolución representada en esta figura como el resultado del incremento de los precios del petróleo que tuvo lugar en 1973 y que habría empujado la construcción de centrales nucleares; un empuje que se habría ralentizado después del accidente de Three Mile Island en 1979, y definitivamente como consecuencia del accidente de Chernóbil de 1986.

Esta interpretación pasa por alto, sin embargo, un detalle fundamental: que desde el momento en que se toma la decisión de construir una central nuclear hasta que ésta entra en operación transcurren unos 10 ó 12 años y que, por tanto, si queremos saber en qué momento se adoptaron las decisiones de construcción y cuándo se detuvieron, hay que desplazar hacia atrás el eje temporal algo más de una década.

Lo que realmente ocurrió se observa mejor en la siguiente figura, donde se representa la evolución acumulada de los pedidos de centrales nucleares en EE.UU., incluyendo las cancelaciones de proyectos en marcha y las clausuras de centrales entre 1953 y 2001.

Entre 1965 y 1974 tuvo lugar en EE.UU. un rápido incremento en el número de pedidos de reactores, pero todo cambió abruptamente a partir de 1974.

Si entre 1971 y 1974 se cursaron pedidos para 129 reactores, entre 1974 y 1978 ya sólo se cursaron 13 nuevos pedidos y desde 1978 hasta el día de hoy no se ha cursado ningún otro pedido.

Ninguna de las centrales contratadas después de 1973 fue terminada: entre 1974 y 1984 se cancelaron 124 reactores, más de los que acabaron en funcionamiento.

Del total de 259 pedidos cursados y de los 177 permisos de construcción concedidos, sólo 132 entraron en operación y de estos siguen hoy operativos 104.

Fijémonos en que el accidente de TMI tuvo lugar en 1979 y que por tanto no pudo ser la causa de este abrupto cambio de tendencia.

Evolución de los pedidos de centales nucleares en EEUU

Evolución de los pedidos de centales nucleares en EEUU

Las razones de este fracaso fueron casi exclusivamente económicas y un factor muy importante fue la acusada caída del crecimiento de la demanda de electricidad consecuencia de la crisis de los 1970.

Si entre 1953 y 1973 la demanda había crecido un 7% anual, en 1974 este crecimiento se detuvo en seco y cayó un 0,4%, como consecuencia del shock económico que produjo el brusco aumento de precios del petróleo en 1973.

A partir de 1974 se ralentizó el crecimiento económico, hubo un mayor énfasis en el ahorro energético y, en consecuencia, el crecimiento anual medio del consumo eléctrico entre 1975 y 2000 se redujo al 2,7%, lo cual situó a las eléctricas frente a un gran exceso de capacidad planificada y en construcción.

Proyecto Squatters • Contra-anuncios

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Su primera respuesta fue paralizar los planes de expansión, pero no fue suficiente y tuvieron que cancelar numerosos proyectos en distintas fases de desarrollo. A estas circunstancias económicas adversas se sumó, en 1979, el accidente de TMI que provocó, primero, la paralización de todas las licencias y construcciones durante un año y, posteriormente, debido a la presión popular, un aumento de las medidas de seguridad que tuvieron un gran impacto en los costes y en los plazos de construcción, y por tanto en el ritmo de cancelaciones.

Además, la política monetaria que se adoptó para hacer frente a la recesión de 1973 supuso un notable incremento de las tasas de interés, añadiendo un factor más a una situación ya de por sí difícil que acabó por arruinar las finanzas de las compañías
eléctricas y el programa nuclear estadounidense y de otros países.

Algo muy parecido ocurrió en España, como se muestra en la siguiente figura, si tenemos en cuenta que el caso de Lemóniz estuvo muy condicionado por el terrorismo de ETA. En ausencia de éste, lo lógico hubiera sido que los dos reactores situados en la costa vasca –prácticamente terminados– hubieran entrado en operación en lugar de Vandellós II y Trillo I.

Por tanto, en condiciones normales tampoco ninguno de los reactores españoles cuya construcción se decidió después de 1973 hubiera entrado en operación, exactamente lo mismo que ocurrió en EE.UU.

Evolución de los pedidos de centales nucleares en EspañaLa moratoria nuclear española afectó a cinco grupos nucleares que estaban en distintos grados de finalización, por razones idénticas a las que hemos apuntado en el caso estadounidense; agravadas, si cabe, por el hecho de que las eléctricas españolas se habían endeudado en dólares para financiar las construcciones nucleares y al incremento de los tipos de interés tuvieron que añadir una evolución desfavorable del tipo de cambio.

Los créditos, sin embargo, estaban avalados por el Estado español y el primer gobierno de Felipe González optó por asumir estas inversiones y trasladar a la tarifa eléctrica futura el pago durante veinticinco años de las inversiones nucleares fallidas; inversiones que estaban incluidas en los Planes Eléctricos Nacionales aprobados por los sucesivos gobiernos de la Transición.

En sentido estricto nunca ha habido en España una prohibición de construir nuevas centrales nucleares, más allá de la moratoria nuclear establecida para los cinco grupos de Lemóniz I y II, Valdecaballeros I y II y Trillo II.

La vigente Ley 54/1997 del Sector Eléctrico así lo ratificó eliminando cualquier duda al respecto cuando dice que “en la generación eléctrica, se reconoce el derecho a la libre instalación y se organiza su funcionamiento bajo el principio de la libre competencia”. Por tanto, no hay en España prohibición ni moratoria nuclear alguna, por lo menos desde 1997.

Sea como sea, la energía nuclear fracasó económicamente a nivel global a mediados de los años 70 y además se vio adversamente afectada por los accidentes de TMI de 1979 y de Chernóbil de 1986.

Estos accidentes vinieron a dar la razón a aquellos que ya la criticaban desde sus comienzos por su peligrosidad operativa y contribuyeron a que en la opinión pública todavía hoy predominen aquellos que son contrarios a su reactivación.

En cierto sentido, la historia de la energía nuclear en las cuatro últimas décadas puede resumirse en que pasó de ser too cheap to meter (demasiado barata para ser facturada)19 a convertirse en too expensive to matter (demasiado cara para ser relevante), y en demasiado impopular para insistir en ella.

Autores de los capítulos del informe.

  • Marcel Coderch Collell, Miembro del Consejo Asesor para el desarrollo sostenible de la Generalitat de Cataluña
  • Rolando Fuentes Bracamontes, Fellow de la London School of Economics, Department of Geography & Environment
  • Xavier García Casals, Dr. Ingeniero aeronáutico y Consultor
  • Lara Lázaro Touza, Fellow de la London School of Economics, Department of Geography & Environment
  • Arjun Makhijani, Ph.D.; Presidente del Institute for Energy and Environmental Research (IEER)
  • José Luis Manzano Seco, Ingeniero industrial y Presidente de Electria (Companía eléctrica para el desarrollo sostenible)
  • Jeremy Rifkin, Presidente de la Foundation on Economic Trends
  • Valeriano Ruiz Hernández, Catedrático de Termodinámica de la Universidad de Sevilla
  • Heikki Willstedt Mesa, Experto en Energía y Cambio Climático

 

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