Reflexión abierta sobre el anarquismo en Euskal Herria

0011Hola compañerxs, kaixo guztioi,

Antes que nada me presento. Mi nombre es Asel Luzarraga. Nací en Bilbo y actualmente vivo en Temuco, Chile, capital de la aún rebelde Araucanía. Quería escribiros con la perspectiva que da la distancia y desde las reflexiones que mis contactos con diversos anarquistas de este lado del mundo me han ido aportando. Fue en Buenos Aires primero, con largas charlas en las que yo no podía ser más que un interesado e ignorante oyente, con compas anarquistas argentinos y especialmente un agudísimo uruguayo, gente que desde chica ha militado de las mas diversas maneras a pie de calle, organizando los mas diversos colectivos, que militan hoy en día en agrupaciones como la FORA o el Frente Popular Darío Santillán. Después aquí en Temuco, sobre todo con universitarios libertarios especialmente sensibilizados con la causa mapuche, abriendo nuevas experiencias, creando un pequeño grupo de afinidad…, sintiendo que todo esto no hace más que empezar. Y en todo este tiempo leyendo todos los foros libertarios a los que he tenido acceso y sacudiendo mi ignorancia un poquito con cuantos libros han caído en mis manos, descubriendo en muchos textos lo que hasta entonces no eran sino intuiciones autodidactas propias y dándole vueltas a la cabeza a esa idea que es vivir la anarquía hoy y ahora en el propio entorno y en el propio día a día. A mis 37 años me declaro ignorante, sin argumentos morales para decir a nadie cuál debe ser el camino a ningún lugar, y mucho menos a compas con mucha más experiencia en las luchas que alguien que, como yo, hasta hoy ha aportado al anarquismo poco más que su proyecto literario e intensas discusiones con un entorno de amistades en Euskal Herria muy poco fértil para las ideas libertarias.

Es desde esta postura que humildemente quería compartir algunas reflexiones con colectivos libertarios de una tierra que ahora siento lejana, sabiendo precisamente lo difícil que es ser anarquista hoy en día, no ya en este mundo, sino especialmente en la sociedad vasca.

Hoy escribía un texto en mi blog que les adjunto. Está en euskera, por ser esa la lengua en la que habitualmente escribo, precisamente en un intento de acercar la óptica libertaria a lectores más acostumbrados a otros tipos de ideologías y reflexiones. Espero que entre vosotros haya quienes no tengan problema para leerlo y traducirlo a quienes no se lleven demasiado bien con el euskera, si es que encontráis que valga la pena.

El origen de mi reflexión es precisamente el desierto que históricamente ha tenido que atravesar y aún atraviesa el anarquismo en Euskal Herria. Pienso que históricamente, y sin la más mínima intención de dar lecciones o pedir cuentas a nadie, por distintos motivos, el anarquismo no se ha sabido acomodar a la idiosincracia vasca, ha vivido mayormente como una corriente importada, foránea, sin raíces en la forma de ser vasca. Más bien, la identidad vasca ha dado la espalda al pensamiento ácrata y los movimientos libertarios no han hecho sentir su unión con la identidad vasca. A esto se une la frustrante división que aqueja al anarquismo dentro y fuera de Euskal Herria. Parece que desde los orígenes del anarquismo una ideología que debía haberse caracterizado por su amplitud de miras, su flexibilidad, su capacidad de adaptación, su auto-revisión constante, su anti-dogmatismo y su escasez de principios incuestionables (es obvio que algunos puntos son inseparables de la propia idea anarquista), así como su compañerismo y solidaridad con todos aquellos que luchan al mismo lado de la barricada, ha terminado destacando en la práctica por repetir la misma rigidez o incluso mayor aún que otras ideologías a las que acostumbramos a calificar de totalitarias.

No pienso que sea necesario ni deseable que todo anarquista confluya en un mismo grupo u organización, pienso que es positiva la coexistencia de colectivos, sindicatos, agrupaciones… diferenciadas; eso enriquece al anarquismo, o debería hacerlo, y da más oportunidades para abordar los problemas desde distintas prácticas, visiones, centros de interés… Pero es triste ver que con demasiada frecuencia esa separación que debería ser más una cuestión organizativa que otra cosa, se torna en posturas irreconciliables, que se hacen la vida imposible las unas a las otras, se enquistan, y finalmente se vuelve una competencia por la pureza o por la cantidad de militantes. Si el anarquismo de por sí tiene ya poca fuerza en nuestra sociedad actual, un anarquismo dividido y además alejado del propio sentir del pueblo en que se quiere asentar, en nuestro caso el vasco, tiene pocas posibilidades de aportar en la dirección que debería.

La cuestión es si lo que nos interesa es más la supremacía teórica de unos postulados o el trabajo práctico y real, en la arena social y política del día a día, para transformar la sociedad desde abajo y lograr una adhesión mayor. Ahí pienso que debería existir un trabajo común, tal vez un tipo de organismo de cooperación entre los distintos colectivos hoy existentes, en el que se olvide si éste viene de la CNT o de la CGT, si milita en estas o aquellas siglas, si se siente más cercano a esta frase de Bakunin o a aquella de Kropotkin… En definitiva, un espacio donde, más allá del pasado de una u otra organización o colectivo, exista una solidaridad mutua entre libertarios y un trabajo real común. Pienso que esa misma discusión, ese mismo esfuerzo de lucha conjunta, esa reflexión, se está dando en el anarquismo de muchos países, y sería bueno que el anarquismo vasco se uniera y tal vez se refundara. No para crear necesariamente un colectivo u organismo nuevo, sino para revisar el aporte del anarquismo a la sociedad concreta en la que se inserta, la vasca, y plantearse cómo transformar esa sociedad: cómo trabajar en el barrio que se llena de inmigrantes desorientados y explotados, de yonquis y de putas, para que ellos mismos creen autogestión barrial horizontal, se empoderen, sean el barrio; como trabajar con los arrantzales, también con esos inmigrantes que cada vez son más en los barcos, y frente a los armadores; cómo trabajar con los agricultores hacia una gestión comunista libertaria de los campos y contra las multinacionales alimentarias; qué ofrecer a los estudiantes frente a Bolonia; cómo organizar a los parados en la autogestión y la cooperación; qué ofrecer desde un punto de vista anarquista a la construcción política y social de Euskal Herria, hacia una vertebración no estatista compatible con el sentimiento cultural y nacional (no en el sentido estatal del término, sino como Bakunin mismo definía la idea de nación) vasco… El anarquismo tiene mucho que ofrecer y sería bueno recuperar una iniciativa que hoy en día está en manos del marxismo.

Me gustaría que esta reflexión pudiera aportar algo a las discusiones que hoy en día pudieran estar sobre la mesa en los distintos colectivos u organizaciones libertarias de Euskal Herria. Si es así, podremos seguir profundizando en los modos para que el anarquismo sea en Euskal Herria una practica diaria que la gente pueda sentir en las calles y que pueda atraer a una población cada vez más alejada de lo que la democracia burguesa de partidos y sindicatos cómplices le ofrece.

Un fraternal saludo roji-negro.

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