Autocrítica, ¿sabemos lo que queremos?

Contrariamente a lo que aquí Michael Albert expone pienso que no es a los activistas sino a los pensadores de la izquierda a quién se puede reprochar estas carencias. No es misión de los activistas plantear soluciones sino luchar contra la injusticia. Su papel, y bien que lo realizan, es la acción directa. Somos nosotros, los que ponemos negro sobre blanco la realidad de nuestra sociedad, los que debemos dar alternativas a lo que está sucediendo y es nuestra actitud en este tema lo que hace que este tipo de críticas sobre la carencia de alternativas al sistema existan. Esta es nuestra responsabilidad.

Un vacío enorme

Por Michael Albert

sabemos-queremosJusto después de las manifestaciones de Washington, el NY Times, el Washington Post, y muchas otras grandes sucursales de los medios de comunicación publicaron artículos “valorativos” de estos eventos. Los manifestantes de Seattle y de Washington DC no saben lo que quieren. Los activistas no ofrecen nada más allá del capitalismo. Los expertos intentaban deslegitimar la disconformidad, por supuesto, pero desgraciadamente eso no desvirtúa sus observaciones.

Hace un par de semanas, varios izquierdistas locales se reunieron en Chicago en un coloquio de dos días de duración, titulado “Más allá de la OMC y la Globalización Corporativa: Visiones Económicas de una Nueva Sociedad”. Cada cartel tenía la palabra visión en el título. Cada participante fue animado a discutir el programa y los objetivos a largo plazo. El intento para dirigir la visión fue ejemplar, desde mi punto de vista, pero los asistentes informaron que ninguno de los participantes intentó llevar a cabo, ni siquiera superficialmente, la agenda indicada. En vez de eso, los participantes discutieron sobre lo que estaba mal en las condiciones actuales, pero no sobre las aspiraciones positivas de mayor relevancia. Yo no estuve allí, pero no me sorprendió el informe por que este resultado no está limitado a las conferencias.

  • Los activistas que critican las prisiones y la represión policial casi nunca ofrecen ningún otro enfoque para abordar los problemas del crimen, del comportamiento antisocial, el juicio y el encarcelamiento.
  • Los activistas que lamentan la subordinación de las mujeres a los hombres y las violaciones de su dignidad o de su seguridad casi nunca explican cómo la socialización y la educación podrían promover la justicia de género en vez de la jerarquía de género.
  • Los activistas que rechazan el racismo casi nunca revelan en qué manera las relaciones podrían/deberían estar organizadas de forma diferente para aceptar la diversidad en vez de subordinar a algunos en beneficio de otros.
  • Los activistas que critican la pobreza, la alienación, y la indefensión económica casi nunca explican cómo la producción, el consumo y el reparto de beneficios podrían/deberían fomentar valores que deberíamos acoger con cariño en vez de subordinar la mayoría a unos pocos.

En otras palabras, sin reparar en el lugar de reunión, los activistas rara vez muestran siquiera los más escasos indicios de una visión, y mucho menos una formulación obligatoria y bien calculada que pudiese informar sobre una determinada estrategia y proporcionar esperanza y orientación.

Y más. No sólo no hay una visión con una flexibilidad bien compartida y adaptable de por lo que estamos luchando, por las facetas críticas de la vida que nos importan, por la mayoría de las partes que ni si quiera debaten a cerca de algo, sino que ni siquiera discuten sobre ello, ni de las ideas en relación con ello – a través la mayoría de las veces de unos cuantos compañeros. Yo vivo en los EEUU y por supuesto, el problema se da aquí por todos lados. ¿ Es la visión compartida algo menos problemática en Sudáfrica, Filipinas, Haití, Francia, Australia o Bolivia?

Necesitamos encarar algunos hechos:

  1. Las críticas de las relaciones sociales existentes a menudo carecen de propósitos compartidos para unas instituciones sociales alternativas más allá de reformas a corto plazo (e incluso a veces carecemos de esto).
  2. Incluso cuando hay intentos por conseguir que los izquierdistas se tomen en serio este problema, poco se consigue. Incluso si se da un esfuerzo ejemplar, como en la conferencia de Chicago citada arriba, los participantes ignoran todavía la instrucción/exhortación “para aportar alguna visión” y en vez de eso aportan un análisis de qué es lo que hay, quizás incluyendo algún programa a corto plazo separado de propósitos a largo plazo.

Pregunta a cualquier persona normal lo que los críticos del patriarcado, del racismo, de la discriminación por la edad, del autoritarismo, del capitalismo, de la discriminación a los homosexuales, de la destrucción ecológica o de la guerra, desean como nuevas instituciones que aseguren estructuralmente mejores resultados, y no obtendrás más que una mirada inexpresiva. Pregúntale lo mismo a una persona de izquierdas y cuando acabes con la retórica reconocidamente admirable pero sin sentido e insubstancial, no obtendrás mucho más. En mi experiencia esto es totalmente cierto en los EEUU. ¿Es menos cierto en el caso de Tailandia o Turquía, Méjico o Mali, Polonia o Paraguay, Italia o Indonesia, Nigeria O Nicaragua, Canadá o Colombia? ¿Está mejor la situación fuera de EEUU?

Analizando esto desde el punto de vista ideológico, si descartamos las simpatías hacia visiones obsoletas que se intentaron llevar a cabo y fracasaron, la ausencia de visiones serias y compartidas también representa, me parece a mí, a los socialistas, anarquistas, ecologistas, feministas, nacionalistas, antimperialistas, los que luchan por la sanidad, los que luchan por la educación y cualquiera de los muchos más grupos de izquierdas que quieras citar.

¿Estoy obsesionado? ¿Estoy exagerando? ¿He perdido la perspectiva?

Quizás la diatriba de arriba sea algo exagerada debido a la obsesión, a la exageración, o la pérdida de la perspectiva… pero aún así, ¿no es la casi universal ausencia de imposición de una visión social activista compartida un caso claro caso de fallo colectivo envuelto en un mutuo auto engaño reforzado? Respecto a la visión, ¿estamos algo menos desnudos que el emperador de la fábula? ¿Y no somos todavía menos conscientes de nuestro estado de desnudez que lo que lo fue él en la fábula?

¿Cómo podemos organizar nuestros esfuerzos de acuerdo con nuestros objetivos si no tenemos objetivos? ¿Cómo podemos elegir nuestras campañas y demandas dirigidas a conseguir objetivos que no poseemos? ¿Cómo podemos discernir los problemas contrastándolos con nuestros objetivos si no los tenemos? ¿Cómo podemos mantener la esperanza, y mucho menos inspirarla en otros, a la luz de objetivos que no tenemos?

No podemos.

Entre todo esto, debería apuntar, que existe el rumor de que el no tener objetivos es de algún modo anarquista, o si no, un paso adelante. Pero el no tener objetivos es la antítesis de la prioridad anarquista para modular el proceso para conseguir nuestras metas, y por supuesto no es una virtud.

¿Es la carencia de objetivos el único problema de la izquierda?

No. En absoluto. Tenemos muchos más problemas. Por ejemplo:

  • No construimos movimientos que retengan a la gente tanto como debieran, mayormente porque nuestros movimientos no satisfacen las necesidades de la gente lo suficientemente como para mantener su compromiso de una forma continuada.
  • No construimos movimientos que sean suficientemente acogedores y enriquecedores que atraigan y mantengan el interés de un electorado variado, particularmente de los trabajadores, en gran parte porque nuestros movimientos tienden a ignorar e incluso a denigrar las normas, los valores y la cultura de la clase trabajadora.
  • No manejamos bien el dinero: no sólo no tenemos suficiente, sino que incluso nos escondemos de las dificultades que supone conseguir dinero y no compartimos lo que existe suficientemente.
  • Hemos hecho considerables e importantes avances para ser movimientos con múltiples objetivos, tácticas, y de apoyo mutuo, sí, pero tenemos que cubrir más terreno.

Y por supuesto, estos y otros muchos problemas merecen tanta atención como la carencia de objetivos. Pero aún así, el problema de la carencia de objetivos es desde luego bastante importante también, aunque sea el único.

¿Implica nuestra gran ausencia de objetivos que cada persona de izquierdas debería interesarse por sí misma en que se genere una visión que proponga centrarnos sobre algún aspecto importante de la vida?

No. Por supuesto que no. Pero seguramente implica que bastantes más compañeros deberían hacerlo y que todos los demás izquierdistas deberían apoyar seriamente el esfuerzo, intentando llevar adelante cualquier proposición que sea relevante, coherente, clara, aceptable, y convincente.

Considera a cualquier grupo de izquierdistas que quieras. El núcleo de los organizadores en un campus, o en una ciudad, o las principales figuras de todo el país – escritores, oradores, organizadores, el personal de organización y los líderes o quien quiera – y envíales a todos una carta preguntándoles por su visión y por sus objetivos, o envíales una invitación para participar en una conferencia sobre visión, o dar una charla en algún lugar público sobre objetivos estructurales institucionales – económicos, políticos, sociales o culturales – y no conseguirás casi nada de una relevancia sustantiva a tu petición, como en el caso de Chicago, citado anteriormente. Haz que la invitación sea incluso más explícita y simple. Pregunta qué le responderían a un ciudadano normal que se pregunta qué demonios quieren los manifestantes de las relaciones institucionales nuevas y realmente diferentes, tanto de raza, género, poder, economía, o lo que sea, y todavía no conseguirás casi nada. De hecho, podría apostarse que los que responden proporcionarán más probablemente un análisis de lo que está mal más que una visión a largo plazo que alguien más comparta explícitamente.

Incluso si esta franca y extrema predicción es falsa, cosa que dudo, no está tan lejos de la verdad como negar la preocupación subyacente. Sería suficientemente malo si preguntásemos ¿qué queréis? a cientos de izquierdistas y obtuviéramos docenas de formulaciones coherentes, cada una de ellas diferente, y con su propio lenguaje. Esa no sería la diversidad útil que un movimiento habría de tener, pero al menos no sería un enorme vacío, y podría conducirnos hacia unos objetivos compartidos.

Pero de hecho, con respecto a la visión, los expertos en gran medida están en lo cierto.

Un enorme vacío es lo que ahora tenemos.

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