La Autogestión como objetivo

Cuarto ensayo de la serie “Un movimiento por una economía participativa”

por Michael Albert

autogestion¿En qué medida debería influir cada participante en la economía sobre las decisiones en esa economía? ¿Por qué deberíamos propugnar la autogestión, definida como la influencia en la toma de decisiones proporcional al impacto que esas decisiones tienen sobre uno? ¿Por qué no propugnar la “libertad económica”, definida como el derecho a hacer lo que uno quiera con su persona y sus propiedades? ¿O por qué no dar a todos la misma influencia sobre todas las decisiones económicas en todo momento? ¿O por qué no permitir que los más capacitados o los que tengan más éxito tengan más influencia que los que tienen menos conocimientos o menos éxito?

Contexto de las decisiones

Tomemos el caso de un trabajador de una fábrica. Supongamos que tiene su propia área de trabajo. Quiere poner una foto de su hija en la pared. ¿Qué influencia debe tener sobre esa decisión? ¿Qué influencia debería tener yo sobre la foto de su hija si trabajo en otra sección de la fábrica o en otra fábrica?

Suponed ahora que otro trabajador quiere escuchar Punk Rock todo el día en su zona. ¿Cuánta influencia debería tener sobre eso? ¿Y cuánta debería tener yo si trabajo justo al lado, dentro de la “zona de escucha”? ¿Y si trabajo al otro lado de la ciudad?

Suponed que un grupo decide tener un horario compartido. ¿Cuánto debería valer la opinión de cada miembro? ¿Qué hay de la gente que usa el trabajo del grupo en otra parte de la fábrica? ¿Qué pasa con la gente que consume los productos de la fábrica, en la ciudad o en otras partes del país?

Suponte que vives cerca de mi fábrica. ¿Qué importancia debería tener tu opinión, relativa a la mía, sobre el ruido que sale de la fábrica hacia el vecindario? Supón que consumes productos que yo contribuyo a producir. ¿Qué influencia deberías tener sobre lo que produce la fábrica, sobre nuestras decisiones organizativas y productivas?

Auto-gestión

Es evidente que ningún método de toma de decisiones es siempre el mejor. Un trabajador debe tener una capacidad dictatorial sobre la foto de su hija en la pared. Yo debería tener una opción de veto sobre la posibilidad de que el trabajador de al lado mío ponga Punk en su sitio todo el día. Un grupo de trabajo debería tener una gran influencia sobre sus decisiones operacionales, pero los grupos que consumen su producción deberían tener cierta influencia también, en proporción a cómo les afecta.

Las decisiones afectan a menudo en muy diversa medida a diferentes individuos o grupos. Visto así, la regla de la mayoría democrática, o la mayoría de dos tercios, o la toma de decisiones por consenso, o la dictadura, o cualquier otra metodología concreta de toma de decisiones son opciones tácticas para conseguir unos principios u otros, no un fin en sí mismas. Entronizar un sólo método de toma de decisiones como aplicable a todas las situaciones es ignorar que diferentes tácticas funcionan mejor en diferentes situaciones, incluso para conseguir el mismo objetivo deseado.

Por lo tanto, tiene sentido escoger tácticas o métodos de toma de decisiones basados en cuán apropiados son para conseguir el objetivo deseado según el contexto. Pero, ¿a qué objetivo deberíamos aspirar? Generalmente, cuando decidimos espontáneamente cómo tomar decisiones concretas en nuestra vida diaria, automáticamente intentamos darle a cada persona una participación proporcional al grado en que le afectan. Aunque no siempre podremos conseguir exactamente ese tipo de auto-gestión en que todos tengan una influencia en la toma de decisiones proporcional al grado en que les afecta las consecuencias de esa decisión, cualquier desviación significa que al menos una persona está teniendo un impacto excesivo a la vez que al menos otra persona está teniendo menos del que debería.

¿Pueden existir buenas razones a veces para violar la influencia proporcional de cada uno? Suponed que hay un aviso urgente de que se aproxima un tornado. Uno de nosotros es un experto en supervivencia de tornados y los demás somos gente normal que no sabemos nada del tema. Un cambio rápido hacia la dictadura sería lo más prudente. ¿Quiere eso decir que renunciamos a nuestra inclinación natural a propugnar una toma de decisiones proporcional a los efectos como nuestra guía para una economía justa? ¿O está indicando por el contrario que adoptemos una participación en la toma de decisiones acorde con la información relevante?

Información y decisiones

La información relevante para las decisiones tiene dos orígenes: 1) El conocimiento del carácter de la decisión, su contexto y sus implicaciones más probables, y 2) El conocimiento de cómo se siente cada persona sobre esas implicaciones y concretamente cómo valoran las diferentes opciones. El primer tipo de conocimiento es a menudo muy especializado, como en el caso del experto en tornados que tenía un completo monopolio sobre el tema. Pero el segundo tipo de información relevante está siempre diversificado, puesto que cada uno de nosotros somos individualmente los mayores expertos sobre nuestras propias valoraciones. Yo sé mejor que nadie que no quiero ahogarme. Soy el mayor experto mundial en mis valoraciones, como tú lo eres de las tuyas, y Juan, María, Ana, Carlos y Cristina lo son de las suyas. Así pues, siempre que las conclusiones del conocimiento especializado sobre las implicaciones puedan ser diseminadas suficientemente de forma que todos los participantes puedan valorar la situación y llegar a formarse su propia opinión con tiempo para expresarla en la decisión, cada persona implicada debería tener un impacto proporcional a los efectos que tendrá tal decisión en ellas. Cuando eso sea imposible por alguna razón, entonces puede que tengamos que funcionar temporalmente según otras normas que cedan la autoridad por algún tiempo, aunque en formas que no subviertan el objetivo previo en general. Por supuesto, es la desviación de lo deseable la que tiene la obligación de probar su necesidad, y la implicación de distribuir el conocimiento para permitir la auto-gestión es evidente.

Resumiendo, el hecho que tú seas químico y entiendas la química y biología de la pintura con plomo mientras que yo soy un pintor, o un trabajador de una cadena de montaje de autos, no quiere decir que seas tú el que deba decidir si mis paredes tendrán pintura con plomo o si la comunidad en pleno permite o rechaza la pintura con plomo. Lo que sí quiere decir es que el resto de miembros de la comunidad y yo deberíamos escuchar tu testimonio de experto antes de tomar una decisión. Pero en la toma de decisiones concreta, tú eres como cualquier otro. Tienes un impacto proporcional al efecto de la decisión sobre tí, de la misma forma que nosotros tenemos un impacto proporcional al efecto sobre nosotros.

Consejos y otras implicaciones

Por lo tanto, el objetivo de auto-gestión es que cada participante tenga una influencia sobre las decisiones en la proporción en que les afectan. Para conseguir eso, cada participante debe tener fácil acceso al análisis relevante de los resultados esperados y debe tener un conocimiento general y una confianza intelectual suficientes para entender ese análisis y llegar a sus conclusiones en función de ello. La organización de la sociedad debería asegurar que las fuentes de los análisis estén libres de intereses y prejuicios. Entonces, cada persona o grupo involucrado en una decisión debe tener los medios organizativos para conocer y expresar sus deseos, así como los medios para valorarlos de forma sensata.

En la economía, necesitamos para ello diversos niveles de consejos de trabajadores y de consumidores, como vehículos de toma de decisiones para grupos de trabajadores y consumidores de diferentes tamaños. Por ejemplo, se necesitan consejos del grupo de trabajo, de la sección, de la empresa, de la industria, de la unidad familiar, del vecindario, de la comunidad y de la comarca, como vehículos para expresar las preferencias individuales y de grupo, votando mediante diversos medios, poniendo los resultados en práctica, etc. También necesitamos la diseminación de información necesaria para un juicio con conocimiento de causa sobre las interacciones económicas entre los afectados. También precisamos que cada participante tenga la confianza personal y fuerza suficientes para sentirse cómodo llegando a una decisión determinada, expresándola, defendiéndola y votando por ella. Y necesitamos una forma de asignar los recursos, así como otras interacciones institucionales, que fomente el principio de auto-gestión y cumpla estos requerimientos.

Así pues, hay muchas implicaciones institucionales en el intento de conseguir una influencia sobre la toma de decisiones proporcional al grado en que uno es afectado, y discernir incluso las más amplias requerirá esfuerzo. Pero el principio en sí está muy claro. El próximo artículo de la serie: un programa de peticiones y acciones dirigido directamente a promover la auto-gestión económica. No obstante, posteriores artículos de la serie también tratarán características adicionales que tienen que ver con este tema, como por ejemplo la organización de los lugares de trabajo, y cómo funciona la asignación de recursos.

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  • Título original: Self-management as a goal
  • Autor: Michael Albert
  • Origen: ZNet – Parecon
  • Traducido por Alfred Sola y revisado por Eneko Sanz

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