La economía y el resto de la sociedad

Décimo comentario de la serie Parecon

Por Michael Albert

sociedadUna economía participativa produce, consume y asigna recursos para satisfacer las necesidades humanas y desarrollar sus posibilidades. También fomenta la equidad, la solidaridad, la diversidad y la auto-gestión. Sus características principales son las asambleas de consumidores y de trabajadores, la remuneración acorde con el esfuerzo y el sacrificio, los complejos de trabajo equilibrados y la planificación participativa. No obstante, por mucho que valoremos una economía participativa, una buena sociedad requiere algo más que una buena economía.

Imaginaros una sociedad con una economía participativa pero con instituciones sexistas que subordinan las mujeres a los hombres. ¿Qué ocurriría?

Las estructuras de la economía participativa chocarían con la jerarquía sexista de los hogares al no subordinar las mujeres a los hombres y al dar a hombres y mujeres expectativas distintas a las de la supremacía masculina. Las situaciones familiares sexistas chocarían con los complejos de trabajo equilibrados al asignar las tareas del hogar de forma injusta y al dar a hombres y mujeres expectativas distintas a la equidad generalizada. La economía participativa produciría expectativas de equidad que entrarían en contradicción con la esfera familiar. La esfera familiar generaría expectativas de subordinación femenina que chocarían con la economía. Pero si una economía provoca que la gente no encaje en sus hogares y los hogares socializan a la gente de forma que chocan con la economía, entonces o la economía o los hogares tendrían que cambiar.

En vista de todo eso, supongamos un movimiento feminista que fomenta el cuidado compartido de los hijos en vez de los roles tradicionales de papá y mamá. O que rechace el matrimonio patriarcal y la familia nuclear. Sean cuales sean sus preferencias, una visión feminista de futuro ciertamente precisará que la economía no choque con sus valores de género. De la misma forma, una visión de género compatible con la economía tendrá que respetar los requerimientos económicos de la economía participativa.

Una vez entendamos esta reciprocidad, tendremos claro que la construcción de una economía participativa afecta a la construcción de una esfera familiar feminista y viceversa, y que, por lo tanto, deben ser compatibles. De forma similar, para que una buena economía encaje con los cambios deseados en la educación, en el estado, en la cultura o en las relaciones internacionales, debe incorporar estructuras que respeten los nuevos objetivos en esos terrenos, y viceversa. Esta es la lógica de “la economía y el resto de la sociedad” y he aquí algunos ejemplos indicativos.

Educación

La educación tiene como objetivo transmitir la información y los conocimientos adecuados a cada individuo según sus preferencias. “Sé lo mejor que desees ser”. Pero la educación también intenta transmitir la información y los conocimientos adecuados para que la gente ocupe diversos puestos en la sociedad. “Sé lo que la sociedad necesita que seas”.

Para tener instituciones educativas ideales, querríamos que ambos ideales se apoyaran mutuamente, que fueran consistentes. La educación para que la gente sea lo que desee ser debería ser exactamente lo que se precisa para prepararlos para ocupar puestos que la sociedad está dispuesta a remunerar. La educación que prepare a la gente para ocupar puestos en una buena sociedad debería significar ayudar a la gente a realizarse y desarrollar sus aptitudes. En otras palabras, una buena sociedad ofrecerá a la gente diversas opciones para tener un papel en la sociedad, que concuerden con sus verdaderos deseos e inclinaciones.

Pero pensad en el capitalismo. Muchas veces requiere obediencia, pasividad, y una voluntad de obedecer órdenes y soportar el aburrimiento. Así que el capitalismo choca con el objetivo educativo de ayudar a la gente a realizarse y las escuelas capitalistas atontan a la mayoría de la población.

Por el contrario, la economía participativa necesita que las escuelas eduquen a la gente para tratar información, para tomar decisiones inteligentes y para utilizar sus talentos y capacidades concretos como quieran y puedan. La economía participativa no sólo no choca con unas buenas prioridades educativas sino que las fomenta.

Ecología

La relación entre economía participativa y ecología es un poco más compleja. Cualquier economía va a responder a los que pretenden tener en cuenta la ecología de la siguiente forma: “muy bien, pero hacedlo de forma consistente con nuestra forma de funcionar”. Por tanto, una economía de mercado les dice a los que se preocupan por la ecología: “muy bien, preocupaos de la ecología, pero no distorsionéis los precios de mercado no directamente relacionados con la ecología, ni impidáis transacciones de mercado por preocupaciones ecológicas, en definitiva no contradigáis la lógica de mercado ecológicamente indiferente”

En cambio, la planificación participativa valora de forma intrínseca los recursos y la diversidad ecológica en virtud de su impacto en el bienestar y desarrollo humanos. Pero, aparte de eso, algunos pueden también valorar a varias especies o incluso formaciones naturales independientemente de sus implicaciones para las personas. Una economía participativa puede hacer encajar reglas sobre el impacto en otras especies, pero sólo si se ve impelida por fuerzas externas.

Es decir, por su lógica intrínseca una economía participativa valora las decisiones económicas en términos de implicaciones para las personas. Tiene en cuenta automáticamente cosas como la polución, el agotamiento de los recursos naturales, o las extinciones de especies y otras consecuencias ecológicas, sólo en la medida en que éstas afectan al bienestar y desarrollo humanos. De forma adicional, en respuesta a consejos externos, una economía participativa puede decidir no matar rinocerontes, caracoles o bacterias o cualquier otra cosa aunque matar rinocerontes, caracoles o bacterias beneficiara a las personas. En otras palabras, cuando la sociedad considere deseable imponer una restricción ecológica sobre las opciones económicas deseables, su imposición no chocará con la lógica o la eficiencia de una economía participativa.

¿Y qué hay de la influencia en el otro sentido? ¿Qué impacto tiene una economía participativa en las preocupaciones y sensibilidades ecológicas?

Primero, una economía participativa le transmite a la gente que se preocupa por la ecología un fuerte impulso a no ignorar la dimensión humana. De hecho, empuja literalmente a todos sus participantes, incluyendo aquellos motivados especialmente por prioridades ecológicas, a tener en cuenta las implicaciones humanas de sus decisiones económicas. Y segundo, una economía participativa requiere que los objetivos ecológicos se realicen sin sacrificar los complejos de trabajo equilibrados, la remuneración acorde con el esfuerzo y sacrificio, la auto-gestión asamblearia y la planificación participativa.

El Estado

Una implicación de una economía participativa para el estado es que las funciones políticas se llevarán a cabo con complejos de trabajo equilibrados y serán remuneradas sólo por su esfuerzo y sacrificio. Para cualquier visión de futuro de la implementación política, la legislación y la resolución de conflictos, eso significa que sean cuales sean los valores políticos que deseemos, no deberán chocar con los valores económicos participativos. Por lo tanto no podremos tener un sistema político que eleve a determinada gente a un poder desproporcionado, o que les dé unos trabajos muy desiguales o que les proporcione unos ingresos injustos. Ni tampoco podrán las implicaciones ideológicas o prácticas de las instituciones políticas obstruir la producción y el consumo participativos.

El sistema legal de una sociedad es un componente político típico que podemos examinar. En estos momentos, en EE.UU., los abogados de ambas partes hacen lo que pueden para ganar el caso. Ninguno busca básicamente la verdad o la justicia, sino que se supone que la verdad y la justicia surgirán de su competición. Esto nos puede hacer venir a la memoria la idea similar aunque aún más ridícula de que de la competición entre compradores y vendedores como avariciosos individualistas antisociales surgirá un resultado económico justo. En cualquier caso, me imagino que una visión de futuro seria de la política no dejará de tener sistemas de adjudicación de disputas, o actuaciones policiales, pero que definirá estas funciones de forma más sensata y encontrará formas para realizarlas que encajen con las prioridades políticas, económicas, y otras más generales. ¿Vamos a eliminar la policía y los juzgados para que todos en la sociedad hagan lo que sea necesario para suplir el trabajo que realiza actualmente la policía y para resolver las disputas, de forma informal o local? Lo dudo. En vez de eso, imagino que nos daremos cuenta que, de la misma forma que para pilotar aviones o para hacer operaciones médicas o para llevar una gran grúa en una obra, el hecho que haya cierta gente especialmente entrenada en funciones policiales o judiciales para que el resto de gente no tenga que prepararse o preocuparse de esas tareas, tendrá como consecuencia un mejor desarrollo y aprovechamiento de tales habilidades, que tener a todos haciendo esas tareas sin especialización, además de fomentar la diversidad. Pero, sea como sea que entendamos las funciones policiales, judiciales u otras responsabilidades políticas, requeriremos que se desarrollen dentro de complejos de trabajo equilibrados y que exista auto-gestión participativa también en esos sitios, claro.

Relaciones internacionales

Si aspiramos a una economía participativa para nuestra nación, el objetivo económico internacional consistente con ella parece bastante obvio. ¿Por qué debería un niño que nace en un país con menos recursos, o con una historia de dominio colonialista, tener una vida peor que un niño nacido en el seno de un país rico en recursos o que ha explotado colonialmente a otros durante décadas? La gente que nazca en diferentes partes del mundo no debería sufrir ni beneficiarse de los accidentes geográficos o de la historia pasada. Por lo tanto, una sociedad concreta con una economía participativa debería tratar con otras naciones en formas que redujeran las diferencias injustas en ingresos y circunstancias medias tan rápidamente como fuera posible sin provocar cambios tan drásticos que hicieran más mal que bien. Un paso mínimo pero importante es que en el comercio con otros países una economía participativa escogerá el precio que más beneficie a la parte más débil (el precio de mercado o el precio que le asigne la economía participativa en su sociedad). Aparte de eso podría ofrecer diversas formas de ayuda, etc.

En definitiva

Evidentemente la discusión anterior es limitada. Sin embargo, muchos lectores estarán de acuerdo en que una buena sociedad debería tener igualdad de circunstancias e ingresos entre hombres y mujeres, respeto hacia la diversidad de opciones sexuales y sociales, libertad para la existencia de comunidades culturales diversas sin discriminación, y en general, un respeto social por la diversidad, la participación política completa y la diseminación plena de la información y conocimientos necesarios para una auto-gestión participativa universal, respeto para el medio ambiente en cuanto afecta a la humanidad y también por sí mismo, y una progresiva igualación de riqueza y circunstancias internacionalmente. Pero me imagino que también muchos lectores estarán de acuerdo en que para responder a la pregunta de “¿vosotros qué queréis?” y para ayudar a tomar las decisiones sobre estrategias, necesitamos descripciones más detalladas y convincentes de valores e instituciones positivas en el terreno cultural, político, familiar, ecológico e internacional.

El objetivo limitado de este comentario, por tanto, es resaltar que si estas nuevas visiones de futuro tienen que ser compatibles con la economía participativa, no deben chocar con, e idealmente deberían ayudar a fomentar, las prioridades y normas económicas de ésta. De la misma forma, si la economía participativa debe ser compatible con estas nuevas visiones que queremos, sus implicaciones económicas no deben chocar con, e idealmente deberían ayudar a fomentar, las prioridades y normas sexuales, culturales, sociales, políticas, ecológicas e internacionales de éstas.

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