Trabajo digno

Sexto ensayo de la serie “Un movimiento por una economía participativa”

Por Michael Albert

trabajo-dignoEl tema de un trabajo digno tiene dos componentes principales:

1 – ¿Cómo sería una división justa de tareas para cada persona?

2 – ¿Cómo dividir las tareas para que nuestro trabajo fomente la auto-gestión?

Trabajo justo

Para que una división de las tareas sea justa se requiere que cada persona tenga una carga equilibrada de los buenos y los malos aspectos (de calidad de vida) en su trabajo o, si no es así, que se les remunere por ello. Es decir, ¿por qué debería tener una persona unas buenas condiciones de trabajo y otra tener unas horribles, a no ser que la segunda gane más para compensar esa carga?

Pero, de forma conveniente, esta parte del Trabajo Justo ya la cumple nuestra propuesta en ciernes porque la remuneración según el esfuerzo y el sacrificio, como propugnábamos en comentarios anteriores, ya compensa automáticamente cualquier disparidad en esos aspectos de calidad de vida. Es decir, si remuneramos según el esfuerzo y el sacrificio, cuando María hace un trabajo menos agradable y más exigente que Juan, María está dedicando más esfuerzo y sacrificio al trabajo y por lo tanto obtendrá un mejor sueldo. Así que ya tenemos “trabajo justo” gracias a nuestro acuerdo previo sobre remuneración justo. Pero, ¿es eso todo para tener un trabajo digno?

Trabajos igualmente capacitadores

También queremos que los participantes en la economía tengan una influencia sobre los resultados proporcional a cómo les afectan, según la auto-gestión. Supongamos que María se pasa el día limpiando y Juan se pasa el día haciendo tareas sociales y financieras que aumentan sus conocimientos y habilidades relacionadas con la toma de decisiones. Aunque María y Juan tengan los mismos votos en su lugar de trabajo e incluso si se les remunera justamente, después de meses trabajando en esos trabajos de tan diferentes características, María no tendrá ni la energía ni los conocimientos ni la práctica ni la confianza para desarrollar un papel comparable a Juan a la hora de influenciar decisiones.

Las reuniones de los consejos de trabajadores incluyen discusiones, charlas, debates y votaciones. Si Juan va a las reuniones con conocimientos profundos, con habilidades sociales, con confianza, con energía, todo ello debido al trabajo que realiza, y María va a las mismas reuniones con escasos conocimientos, habilidades, confianza y energía, debido a su trabajo, Juan tendrá mucha más influencia en las reuniones que María. De hecho, los pocos trabajadores que tengan esos trabajos altamente privilegiados dominarán las discusiones en virtud de su experiencia en el trabajo. Por eso, incluso una votación justa tenderá a escoger regularmente entre las propuestas que presenten los privilegiados y a escoger las propuestas que éstos apoyen. En el mejor de los casos María ratificará la voluntad de los pocos informados, capacitados, con ganas. En el peor, ella y todos los demás que tengan trabajos secundarios quedarán excluidos.

Por lo tanto, llegar a la Auto-Gestión requiere no sólo el derecho formal a participar en las decisiones, sino que todos disfruten de condiciones que preparen y fomenten su participación efectiva. Si una economía se divide en clases de forma que aquellos con trabajos capacitadores tomen las decisiones que otros obedecen, y éstos simplemente obedezcan las decisiones que toman los otros, no podrá haber auto-gestión. Esa es la razón por la que resaltamos el Trabajo Digno como un tema por sí mismo. Si queremos que los trabajadores participen de forma igualitaria en la toma de decisiones económicas, sus diferentes trabajos deben tener un impacto comparable en sus inclinaciones y competencia para la toma de decisiones. El viejo eslogan de que eres lo que comes puede tener o no sentido económicamente. Pero está claro que el nuevo eslogan de que te conviertes en lo que haces es básico en la economía.

Complejos de trabajo equilibrados

Nuestro tercer objetivo temático (después de la Remuneración Justa y la Auto-Gestión) es por lo tanto lo que llamamos Trabajo Digno y Complejos de Trabajo Equilibrados.

En cualquier economía, cada trabajo se compone de muchas tareas que, tomadas en su conjunto, dan un “índice de potenciación”. Este índice es mayor cuanto más potencien a la persona la suma de tareas que ésta hace, y menor cuanto menos la potencie. Los trabajos en las grandes empresas típicas combinan tareas bastante similares en ocupaciones como secretaria, chico de los recados, vigilante, director general, director financiero, operador, encargado, etc. La mayoría de la gente en esas corporaciones tienen trabajos con un bajo índice de potenciación. Unos pocos tienen trabajos con un índice muy alto.

Para conseguir complejos de trabajo equilibrados, propugnamos que en vez de eso repartamos las tareas en trabajos de forma que todo trabajo tenga un índice medio similar. En otras palabras, asignamos a cada trabajo no un conjunto homogéneo de tareas en un nivel determinado, sino una combinación de tareas con diversos valores cuyo efecto total sea la media de la sociedad. En vez de que Carla sea secretaria, Juan director de operaciones y Manolo limpie lavabos, tanto Carla como Juan como Manolo tendrán una variedad de tareas en su trabajo con diversos niveles de satisfacción, etc. El índice global de potenciación de la combinación de tareas de Carla, de las de Juan y de las de Manolo será, en la medida que lo sepamos hacer, el mismo.

En otras palabras, con complejos de trabajo equilibrados seguimos teniendo cada uno un trabajo en que disfrutamos de nuestras propias, incluso únicas, condiciones de trabajo. Sin embargo, a pesar de las diferencias en contenido específico con lo que otros hacen, nuestro trabajo y el de todos los demás potencia a cada uno de forma comparable.

Como resultado de los complejos de trabajo equilibrados, ya no hay un equipo directivo fijo, con tareas únicamente informativas y agradables. Ya no hay un conjunto de trabajos repetitivos cuyas condiciones son embrutecedoras. En realidad, ya no hay una jerarquía de trabajos en cuanto a los efectos de poder en cada uno. Abolimos todo esto combinando tareas en puestos de trabajo, equilibrando las tareas según sus efectos potenciadores. Así, cada trabajador hace una combinación de tareas, acomodadas lógicamente a las necesidades de las situaciones concretas de ese lugar de trabajo pero, desde luego, diseñadas para equilibrar los impactos en cuanto al poder en vez de monopolizar las circunstancias que más poder dan a unos pocos en la cima de la jerarquía de poder de ese lugar.

Muy bien, está claro que por su propia definición los complejos de trabajo equilibrados consiguen a la vez ser justos y poner las bases para llegar a la auto-gestión. Evita que dividamos a los trabajadores en una “clase coordinadora” con mucho poder y una clase trabajadora subordinada, desesperanzada, y en vez de eso da a todos los trabajadores un poder comparable en sus vidas económicas. No obstante, ¿hay problemas con este enfoque que lo hagan inviable? Por ejemplo, ¿puede hacerse el trabajo, y puede hacerse bien?

Opciones personales

A la gente con trabajos en general repetitivos le gustará la idea de los complejos de trabajo equilibrados, porque sus vidas mejorarían al conseguir su parte de trabajos satisfactorios de algún tipo. Contemplarán la idea del cambio de trabajos desequilibrados a equilibrados como la justa corrección de una situación injusta y degradante que han sufrido durante mucho tiempo.

Por otra parte, la gente que ocupa o aspira a ocupar los trabajos más cómodos y con más poder, como ejecutivos, médicos, abogados, intelectuales reconocidos, etc., a menudo verán esta propuesta como amenazadora porque después de equilibrar los complejos de trabajo, sus viejas ocupaciones ya no existirán en la misma forma. Por supuesto que algunas personas, en una economía con complejos de trabajo equilibrados, seguirán haciendo de médicos, de abogados, de directivos (de algún tipo), seguirán analizando, investigando, diseñando, etc., pero estas personas tendrán que hacer también su parte de tareas menos enriquecedoras para obtener un balance general como el de todos los demás. De esta manera, los trabajos de las personas que ahora están en posiciones de relativo poder perderán algunas de esas tareas que les dan poder e incorporarán su parte de trabajos menos enriquecedores o incluso aburridos o desagradables.

De cualquier forma, sea quien sea quien lo diga, la oposición al equilibrio de trabajos emplea la mayoría de las veces uno de los dos siguientes argumentos:

1 – El equilibrio limitaría mi libertad a hacer lo que me parezca, lo cual sería inmoral

2 – El equilibrio confinaría incluso a la gente con más talento a tareas poco valiosas y por tanto reduciría el producto social, en detrimento de todos.

Consideremos cada queja por separado para cerrar nuestra argumentación en favor de un trabajo digno.

Libertad

Es cierto que permitir que existan únicamente trabajos equilibrados, por definición, impedirá que nadie tenga un trabajo desequilibrado y por tanto impedirá que la persona de la queja número 1 pueda hacer sólo tareas enriquecedoras en su trabajo. No obstante, eso es cierto en el mismo sentido que es cierto que reformar la economía para no permitir la esclavitud impide que nadie tenga esclavos. Es decir, poseer un esclavo significa que el propietario de esclavos libremente expresa su deseo de poseer esclavos pero también significa que alguien es esclavo. Si prohibimos que alguien pueda ser esclavo, estamos prohibiendo a la vez que se permitan las aspiraciones de alguien de poseer esclavos. Igualmente, tener un trabajo que es más potenciador que al resto, es sólo posible gracias a que otros tienen un trabajo que es menos satisfactorio que la media. Si no permitimos que nadie deba sufrir un trabajo peor que la media, sí, entonces debemos también prohibir que alguien tenga un trabajo superior a la media.

Pero la libertad de actuar según las aspiraciones de cada uno es una cosa válida y maravillosa sólo en la medida en que todo el mundo pueda tener la misma libertad. Algunas aspiraciones (poseer esclavos, matar a un vecino, tener empleados “esclavizados” o tener un complejo de trabajo desequilibrado) chocan de forma intrínseca con los derechos de los demás a privilegios similares. En otras palabras, no es más inmoral imponer el equilibrio de trabajos en la sociedad para eliminar la jerarquía de clases de los que ordenan y los que obedecen, de lo que lo es abolir la esclavitud para eliminar una jerarquía de clases de los que poseen a unos y los que son poseídos por otros. Los derechos de todos a no ser esclavos chocan con los derechos del Sr. Plantación a poseer esclavos. Igualmente, los derechos de todos a tener condiciones adecuadas para conseguir la auto-gestión chocan con el derecho del Sr. Ejecutivo a monopolizar las circunstancias de poder en el trabajo.

Productividad

Bueno, ¿qué hay de la producción? Al intentar evitar una división de clase entre los que dan órdenes y los que las reciben, ¿estamos reduciendo también la productividad general, al infrautilizar las capacidades de algunos? Y si es así, ¿la pérdida de producción es tan grande como para desaconsejar los complejos de trabajo equilibrados?

Quiero aclarar primero que incluso si equilibrar los trabajos sacrificara algo de producción no me haría renunciar al trabajo digno como objetivo, puesto que veo la auto-gestión y la ausencia de clases como aspiraciones mucho más meritorias que la máxima producción. No obstante, resulta que aún y así podemos hacer nuestro pastel con dignidad, y también comernos una buena parte.

En primer lugar, las personas normales no trabajan generalmente muchísimas horas en tareas potenciadoras y también más productivas. Más bien lo que ocurre es que muchos de los que tienen un relativo monopolio sobre las tareas potenciadoras las hacen a menudo durante un tiempo limitado cada semana, pasando el resto del tiempo charlando, haciendo el vago, reuniéndose, dando órdenes o jugando al golf. La reasignación de sus responsabilidades de forma que estén equilibradas se puede hacer muchas veces sin cambiar para nada sus capacidades productivas. En vez de eso, sustituimos su excesivo tiempo de ocio o de dar órdenes por tareas más onerosas.

Pero, en segundo lugar, suponed que estoy equivocado. Supongamos que cada hora que alguien que ahora hace tareas importantes tenga que hacer tareas secundarias sea una hora que se pierde de su trabajo en el que tienen más talento. Como teme la persona de la queja número 2, eso conllevaría una pérdida de productividad de esa persona. Por ejemplo, si un cirujano que ahora trabajara todo el día haciendo operaciones (sin trabajo burocrático, sin perder el tiempo charlando, sin jugar a golf), de repente tiene que hacer su parte de trabajo menos potenciador como cambiar las camas, entonces evidentemente para hacer eso tendrá que hacer menos operaciones y por lo tanto generará menos producción valiosa.

Pero, ¿y la otra cara de la moneda? ¿Qué pasa con la enfermera que en este nuevo contexto está mejor formada y tiene más posibilidades de usar su talento? Es más, ¿qué pasa con toda la gente hasta ahora “atontada” por el sistema escolar y luego el aburrimiento en el trabajo, que hasta ahora han sido limitados a hacer sólo trabajos repetitivos pero que ahora pueden hacer trabajos dignos? ¿Qué hay de la creatividad, talento y habilidades que surgirían de la nada en la sociedad al hacer que el 70 o 80% de la población que ahora estarán preparados para utilizar completamente sus habilidades en vez de ser canalizados como hasta ahora hacia la obediencia ciega y el servilismo? ¿Alguien cree de verdad que la suma total del talento y energía creativos para la producción se reducirá al optar por un sistema económico que permita a cada participante ser tan productivo como pueda y que le dé los medios para hacerlo, pero que también exige que todos hagan su parte de trabajos menos satisfactorios además de la parte para la que sus talentos sean más adecuados?

Si las sociedades actuales divididas en clases fueran meritocracias perfectas, en el sentido que cada persona pudiera ser tan productiva como fuera posible y luego premiara a los que producen más con mejores condiciones y circunstancias de forma que cualquier intento de equilibrar las situaciones entre trabajadores fuera a reducir la productividad, seguiríamos estando a favor de los complejos de trabajo equilibrados. Nuestra guía debe ser no el tamaño de la producción en la economía sino conseguir satisfacer las necesidades y desarrollar las capacidades de forma justa a la vez que promovamos los valores a los que aspiramos, como auto-gestión, solidaridad, equidad y diversidad. Pero, por supuesto, en la realidad las sociedades con distribuciones jerárquicas de trabajos no se acercan ni tan sólo remotamente a ser perfectas meritocracias. Al contrario, en estas sociedades una elite educada, y con pedigrí, monopoliza las tareas más enriquecedoras y que dan más conocimientos, en parte debido a sus talentos pero en gran parte debido a ventajas circunstanciales y a su buena disposición para trepar por encima de los demás. Sin equilibrio en los trabajos, la mayoría de miembros de la economía son empujados a un servilismo relativo, no por falta de potencial sino por la socialización, la escuela y las circunstancias en los lugares de trabajo. Si se les diera la oportunidad de disfrutar de un complejo de trabajo equilibrado, participarían sin duda en el trabajo creativo y en la toma de decisiones, y los beneficios serían enormes.

La queja número dos también olvida tener en cuenta la cantidad de tiempo, talento y energía que se malgasta en mantener la exclusión explotadora de la mayoría de participantes y en coaccionarles para que obedezcan instrucciones en las que no creen. Si tenemos en cuenta la diferencia entre lugares de trabajo divididos en clases y lugares con trabajos dignos en cuanto al tiempo dedicado al control y supervisión, al tiempo perdido debido a luchas y confrontaciones, y las nuevas fuentes de talento que surgen al utilizar potenciales hasta entonces marginados, el cambio hacia complejos de trabajo equilibrados no sólo emerge como preferible moralmente y en cuanto a poner la base para la auto-gestión, sino también sobre la base de la productividad económica.

De hecho, el único debe de los complejos de trabajo equilibrados, al menos desde el punto de vista de los que disfrutan de un relativo monopolio sobre el trabajo creativo, es que elimina sus ventajas relativas. Pero ése es precisamente el objetivo de equilibrarlos, al menos cuando se mira desde abajo, y desde ahí es desde donde deberíamos estar mirando.

Ir al índice

Comentarios desde Facebook

1 Comment

Leave a Reply