Un programa para conseguir la Autogestión

Quinto ensayo en la serie “Un movimiento por una economía participativa”

por Michael Albert

auto-gestionPartiendo de la base que la autogestión, es decir la influencia en la toma de decisiones en proporción a lo que le afectan a uno, es una demanda básica de un movimiento por una economía participativa, ¿por qué demandas debemos luchar hoy que nos ayuden a dirigirnos hacia la autogestión en el futuro?

1 – Podemos crear consejos de trabajadores y de consumidores

Servirá de poco que cada trabajador en su trabajo o cada consumidor en su pueblo o barrio tenga una opinión privada, aislada de sus compañeros o vecinos. Por contra, para tomar decisiones conjuntas y para buscar nuevas relaciones, los trabajadores y los consumidores deben reunirse para expresar sus opiniones, llegar a consensos colectivos y defender las opciones escogidas.

Los consejos democráticos son instituciones locales que usan los trabajadores y consumidores para conseguir objetivos colectivos. Como un primer paso para crear consejos de trabajadores y consumidores, un buen sitio para empezar es reunirse para discutir la propia idea del consejo. Siguiendo con la formalización de las reglas del consejo y con un acuerdo sobre un programa local que constituya una base para que trabajadores y consumidores busquen cambios para cualquier cosa, desde sueldos y condiciones laborales a presupuestos y inversiones, refinando esos objetivos en función de la experiencia en marcha.

2 – Podemos democratizar el acceso a la información

No puedes tomar buenas decisiones sin acceso a la información, de la que depende la toma de decisiones con conocimiento de causa. Si tienes derecho a votar pero no tienes información sobre las opciones que se presentan, el voto se convierte en una farsa. Para participar de forma inteligente, la gente necesita información sobre las decisiones que les afectan. Los esfuerzos para “abrir las puertas” en las empresas y en lo relativo a los presupuestos municipales, regionales o estatales fomentan la autogestión. Es más, también fomenta la autogestión exigir que la información esté disponible en formas fácilmente accesibles y comprensibles, y el derecho a acceder a ella durante el horario de trabajo y no en el de ocio.

3 – Podemos democratizar la toma de decisiones en los lugares de trabajo

La existencia de consejos con miembros bien informados abre la posibilidad a la lucha para conseguir mejoras en salarios, condiciones, precios, inversiones, en toda la vida económica. Pero, ¿por qué trabajadores y consumidores deben luchar por lo mismo cada vez? ¿Qué pasaría si ganaran el derecho de influir en las decisiones directamente, en vez de sólo después de una lucha larga y sacrificada?

Es bueno que los consejos de trabajadores (o los sindicatos) monten campañas para forzar a los que toman las decisiones a subir los sueldos y mejorar las condiciones. Y es igualmente bueno que los consejos o asociaciones de consumidores fuerzen a los gobiernos a cambiar sus prioridades presupuestarias o a imponer controles de contaminación. Pero también sería bueno que los consejos de trabajadores o de consumidores se reunieran, como parte de sus responsabilidades diarias normales, para subirse los salarios tranquilamente, o para mejorar las condiciones o alterar los presupuestos, en virtud de un poder real en la toma de decisiones, sin tener que luchar por ello.

En otras palabras, además de conseguir mejoras gracias a las luchas de los consejos y los sindicatos, democratizar la toma de decisiones requiere conseguir poder directo para los consejos en el mismo proceso de toma de decisiones. Esto puede ir desde el modesto objetivo de tener un representante del consejo o dos en las reuniones del gobierno o de la empresa para informar al resto, pasando por ganar derechos de voto en tales reuniones, hasta conseguir un poder superior al de cualquier otro sector del mundo empresarial o del gobierno en cuanto a las decisiones económicas.

Resumiendo, luchamos para mejorar las condiciones y reformas similares, claro, pero también luchamos por las reglas del juego, por la propia naturaleza de la partida.

4 – Podemos aumentar el poder de los consumidores sobre la producción

Lo que produce una empresa y si usa o no una determinada tecnología no debería decidirlo únicamente la gente que trabaja en esa empresa, incluso aunque estén organizados en consejos de trabajadores. Por el contrario, tales decisiones también afectan a los consumidores de esa empresa y a los vecinos de ésta, y estos consumidores y vecinos también deberían tener algo que decir.

Incorporar en la toma de decisiones a todos los participantes de forma proporcional requiere que luchemos por medidas que aumenten el poder de aquellos que tienen menos influencia de la que deberían tener. Por ejemplo, es deseable la petición de tener comités vecinales de control respecto al impacto ecológico y otros, de las empresas, así como las peticiones de que las asociaciones de consumidores tengan influencia sobre las decisiones de las empresas sobre productos y precios. Estas peticiones pueden llevar a mejoras que beneficien a los que lo necesiten y también aumentar la concienciación, reforzar el compromiso y desarrollar mayor capacidad organizativa para conseguir aún más cosas en el futuro.

5 – Podemos democratizar los presupuestos sociales

Pensad en una ciudad que tiene que decidir su presupuesto de educación, sanidad, vivienda, una nueva clínica, la limpieza de las calles, lo que sea. ¿A quién le afecta? A todos los ciudadanos, por supuesto. ¿Quién toma las decisiones? Funcionarios de élite elegidos en las urnas presionados por grandes empresas locales y nacionales que intentan maximizar sus beneficios, claro.

Para dirigirnos hacia una mayor participación, las demandas progresistas sobre el tamaño o el objetivo de diferentes capítulos presupuestarios como el gasto militar nacional, los programas de bienestar social o la construcción de una nueva clínica local, son buenas. Pero las demandas que hacen públicos los presupuestos y que incorporan a los consejos de trabajadores y consumidores en el proceso de toma de decisión son excelentes.

De hecho, como con cada componente del programa de la economía participativa, la idea general es simple. Las luchas para conseguir mejores condiciones para grupos necesitados son claramente buenas. Después, si la retórica y el proceso de las campañas para conseguir tales demandas también aumentan la solidaridad, comprensión y organización hacia la economía participativa, eso es un avance importante. Y si finalmente las campañas consiguen no sólo mejores condiciones sino un nuevo marco en el cual es más posible conseguir nuevas mejoras, eso es perfecto.

6 – Podemos instaurar la autogestión en nuestros propios proyectos y movimientos

Suponed que tenemos un movimiento que defiende claramente y sin compromisos que los participantes deben tener una influencia en las decisiones económicas en la proporción en que éstas les afecten. Y suponed ahora que en sus propias operaciones, el mismo movimiento eleva a un patrocinador, o a la persona que consigue el dinero, o a alguien con mucha experiencia, a una posición de poder sobre un gran grupo de trabajadores o incluso sobre una gran masa de gente de base, quitándole a la mayor parte de participantes una influencia proporcional, o incluso quitándoles toda influencia, sobre las decisiones importantes del movimiento.

Esa no es una imagen agradable. Este movimiento no aprenderá ni se educará a partir de su propia experiencia en la autogestión puesto que no tendrá una experiencia de autogestionarse. No servirá como modelo para mostrar la eficacia de sus peticiones, y así legitimarlas, porque estará funcionando como las mismas instituciones a las que se opone. No tendrá una nueva forma de trabajar que incorpore lo que predica, sino que tendrá un funcionamiento anticuado que minará su credibilidad ante aquellos a los que se dirige. No favorecerá la incorporación ni el crecimiento de sus miembros, ni permitirá la expresión de sus mejores talentos ni su participación, sino que engendrará luchas internas y una pérdida de moral.

Por todas estas razones, una parte básica del programa de un movimiento por la economía participativa debe ser estructurarse de tal forma que incorpore cada vez más autogestión en sus propias operaciones. Los proyectos de un movimiento en que trabajen muchos pero dirigidos por unos cuantos y que no hagan nada por democratizarse serán malos vehículos para la búsqueda de la auto-gestión en la sociedad general en la que viven.

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