Un programa para conseguir trabajo digno

Séptimo ensayo en la serie “Un movimiento por una economía participativa”

Por Michael Albert

trabajo_dignoQueremos dignificar el trabajo para hacer que todos los trabajos sean igualmente enriquecedores. ¿Pero cómo?

Subiendo el nivel de los de abajo

Muchos trabajos son intencionadamente atontadores precisamente para que los trabajadores no cojan confianza ni adquieran conocimientos que faciliten demandas sobre las condiciones o los salarios. Y lo mismo ocurre con el sistemático aislamiento entre unos trabajadores y otros para impedir que se relacionen e interactúen. Toda esta degradación favorece el control desde arriba.

Así pues, un camino inicial hacia el trabajo digno es mejorar las circunstancias, condiciones y opciones de aquellos que hacen los trabajos menos cualificados, más insatisfactorios. Podríamos exigir mejores condiciones, un ritmo de trabajo menos estresante, mejor ventilación, o cualquier otra mejora relevante, además de permisos y facilidades para la formación en vistas a obtener un trabajo mejor, por ejemplo.

Cada trabajo, y cada lugar de trabajo, tiene sus características propias, por supuesto, pero aún y así en una empresa con muchos trabajos aburridos y asquerosos quizá los trabajadores podrían intentar conseguir el derecho de intercambiarse tareas por mor de la variedad, para incrementar la interacción y socializar, y para usar libremente el tiempo libre para una participación creativa y para aprender, en vez de simplemente aguantar el aburrimiento.

Bajando el nivel de los de arriba

Para ir hacia complejos de trabajo equilibrados es necesario no sólo mejorar el nivel de los que están peor sino hacer que los que tienen un monopolio de tareas deseables y enriquecedoras tomen algunas responsabilidades desagradables. Imaginemos un despacho de abogados. Actualmente ya existe el interesante concepto de trabajo legal pro bono. O sea, se supone que los miembros de la firma donarán una cierta parte de sus energías a los necesitados como responsabilidad social. Las campañas por un trabajo digno pueden beneficiarse del hecho de que los que ostentan puestos de élite hagan tareas que de otra manera no habrían escogido hacer. Así, podemos exigir que aquellos que tengan trabajos agradables y con poder, reasignen parte de su tiempo a tareas que normalmente se consideran inferiores en sus lugares de trabajo, y permitir así que aquellos con trabajos menos afortunados tengan el tiempo para buscar mejores opciones.

Los abogados deberían pasar cierto tiempo haciendo las tareas de su secretaria, o de la gente que limpia el edificio, permitiendo a éstos obtener formación, etc. O las enfermeras, ordenanzas y celadores podrían exigir tiempo para formación, menos estrés, mejores condiciones y más facilidades sociales y los médicos y gestores de sus hospitales tener que compensar la diferencia haciendo su trabajo. ¿No os encontráis sonriendo sólo de pensar en ello?

Crear una nueva media

Intentar que las secretarias y celadores, las enfermeras y ordenanzas, o la gente que está en una cadena de producción o haciendo de camarero en restaurantes consiga mejores condiciones o un poco de tiempo extra para formación, y hacer que los que están jerárquicamente por encima suyo en sus trabajos hagan algunas de esas tareas para compensar la pérdida, está claro que sería muy bueno. Pero un enfoque aún mejor sería cambiar literalmente las tareas que debe hacer cada uno. Podríamos pedir, por ejemplo, que los empresarios den a los trabajadores en posiciones más bajas más tareas de procesamiento de información, más tareas que den confianza y permitan desarrollar habilidades de toma de decisiones, y más tareas de toma de decisiones en sí mismas, a la vez que reducimos la parte de esas tareas de los que están en posiciones administrativas y políticas más altas.

Entonces, enfermeras, celadores, trabajadores de fábricas, cocineros, camareras y camioneros analizan sus lugares de trabajo y exigen una reasignación de tareas y responsabilidades, de los trabajos de los que están jerárquicamente encima suyo a sus propias categorías de trabajo, y a la vez [exigen] que algunas de sus tareas desagradables se les reasignen a éstos. Como resultado, las características de los trabajos se hacen más humanas y enriquecedoras, y nos movemos hacia el equilibrio.

Las secretarias exigen responsabilidades más diversas y potenciadoras, que les den más tiempo en funciones intelectuales y relacionadas con las decisiones. Los camareros redefinen el trabajo de servir para ser más social e interactivo y menos servil. Exigen nuevas condiciones y nuevas relaciones sociales, así como más poder de decisión en sus restaurantes.

Ya sé que todo esto probablemente suene muy vago, pero creo que es lo adecuado en este estadio de la discusión. Hay pocas reglas generales, si es que hay alguna, sobre estos temas. El tema es que los trabajadores de una empresa usen sus consejos de trabajadores para redefinir sus trabajos y exigir demandas para reasignar los componentes de trabajo de una forma más justa que cuando estaban diseñados para deshumanizar, atomizar y atontar a la mayoría de trabajadores y elevar a sólo unos pocos.

Poniendo énfasis en el poder

El tema central del equilibrio en los trabajos es asegurar que, en cuanto a sus vidas económicas, todos los trabajadores están preparados de una forma parecida para participar en la toma de decisiones y tienen un acceso parecido a esa toma de decisiones. Así pues, las mejores y más importantes alteraciones que debemos buscar en el camino hacia un trabajo digno son aquellas que afectan al poder. Los trabajadores buscarán especialmente reformas que diseminen el acceso al conocimiento y la información, que aumenten la interacción social diaria, que fomenten la capacidad de tomar decisiones y por supuesto que obtengan mayor influencia directa en la toma de decisiones.

En vez de que sólo los médicos se involucren en las discusiones y decisiones sobre la política del hospital, esta “tarea” se reasigna entre médicos, enfermeras y ordenanzas. En vez de que los ejecutivos sean una categoría separada, y sean los únicos que posean la información relevante y la oportunidad de tomar decisiones en las fábricas, la redefinición distribuirá las responsabilidades y la información entre todos los trabajadores, reduciendo de esta forma las jerarquías de poder.

Dignificar nuestro propio trabajo

Las organizaciones y movimientos que quieran abogar por los complejos de trabajo equilibrados en la sociedad, deberán examinar sus propios complejos de trabajo internos también. Para empezar, ¿quién intentará conseguir asignaciones justas de trabajo en General Motors y luego dedicarse a hacer sólo tareas repetitivas en su movimiento o organización? ¿Y a quién impresionará tal movimiento si no practica lo que predica? “Decís que queréis complejos de trabajo equilibrados. Entonces, ¿por qué no los tenéis?”

Pensad en The Nation, Mother Jones, Greenpeace, The Institute for Policy Studies, NOW [organización feminista mayoritaria], el NAACP [organización de derechos civiles], sindicatos, movimientos pacifistas masivos, campañas locales por la vivienda, el New Party, o cualquier otra institución o movimiento progresista o de izquierdas en que queráis centraros. En cada caso podéis preguntar si tienen complejos de trabajo equilibrados o si siguen la división corporativa del trabajo típica de forma que unos pocos monopolicen las tareas enriquecedoras mientras otros sólo hacen tareas aburridas y de obediencia. Si existe esta situación, ¿ganan más dinero los que hacen los trabajos aburridos? ¿Aceptarán los “propietarios”, “directores generales” y “ejecutivos” del movimiento demandas de sus trabajadores para equilibrar las circunstancias del movimiento y conseguir mayor poder? ¿Reasignarán tareas de forma progresiva hacia complejos de trabajo equilibrados, incluyendo reducir sus propias prerrogativas de élite? Quizá en algunos casos la respuesta será sí, pero no siempre. No obstante, el tema central no es aplacar los temores de los que ahora administran las organizaciones. Es conseguir un movimiento que beneficie a sus miembros, que mejore lo que hace, que dé la bienvenida a la gente de clase trabajadora y que haga creíble sus demandas externas, todo ello mediante complejos de trabajo equilibrados en sus organizaciones.

De la misma forma que los negros, hispanos y mujeres en los movimientos y organizaciones han tenido la responsabilidad de empujar, presionar y hacer avanzar al movimiento en temas internos de relaciones de raza y género durante las últimas décadas, también los que ahora ocupan las posiciones más bajas de nuestras organizaciones tienen la responsabilidad de empujar, presionar y hacer avanzar al movimiento en temas de definición interna de clase. Las demandas y posiciones estratégicas comentadas para la sociedad en general también se aplican a nuestras propias instituciones, aunque podemos esperar que la lucha en nuestras instituciones será más rápida y se acabará antes, pudiendo así proporcionar una fundación sólida para mayores luchas subsiguientes fuera de nuestras instituciones.

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