Autonomía dentro de la solidaridad

Uno de los problemas dominantes en la izquierda es la fragmentación. Una de las fuerzas constantes de la izquierda es la diversidad. ¿Cómo podemos superar la primera sin arriesgarnos a perder la segunda?espiral-union

La gente no desarrolla automáticamente prioridades políticas centradas en una multitud de enfoques. Tenemos diferentes experiencias de la vida que nos hacen congeniar más con unos aspectos sociales de la vida que con otros. Sufrimos con algunos problemas más que con otros, consideramos determinadas opresiones más agresivas que otras, nos dedicamos a algunos programas más combativamente que a otros. Cuando no estamos conformes, a veces nos centramos en una determinada opresión más que en otras y en una “orientación” activista más que en otras. Desarrollamos movimientos de comunidades nacionales, raciales y culturales; mujeres, gays y lesbianas, trabajadores, y gente joven centrándonos en asuntos como la raza, el fanatismo religioso, el género, la sexualidad, la pobreza y el clasismo, la autoridad, la guerra y la paz, y la ecología.

El lado malo

El lado malo de esta multitud de enfoques es que ninguna de estas agendas puede ser llevada a cabo únicamente por aquellos que la ven como prioritaria. Un simple e inmenso sistema con muchas dimensiones impuestas mutuamente refuerza estas opresiones. Es tan jodidamente poderoso y está tan jodidamente bien situado —en el modo de comportamiento de las instituciones y de la gente— que no sucumbirá ante ataques parciales. Los esfuerzos separados debilitan la fuerza y compiten por la lealtad, la preferencia, los recursos, y el estatus.

El lado bueno

El lado bueno de esta multitud de enfoques es que cada esfuerzo por separado aprovecha mejor las intuiciones de aquellos que congenian más con las complicaciones en las que se centran que como lo haría cualquier orientación por sí sola subsumiendo todo lo demás. Intentar una única orientación subsume inevitablemente más de lo que es dinámico e influyente en cada área, escogiendo únicamente unos elementos centrales a los que dirigirse. O peor, podría aumentar los puntos de vistas que caracterizan a un área determinada, como el marxismo (o el feminismo radical o el anarquismo) eleva la economía (o el género o el estado) y “reduce” otros fenómenos durante el proceso.

Por tanto, criticamos la fragmentación que provocan estos esfuerzos centrados en un único aspecto por que debilitan el movimiento en conjunto, e incluso cada aspecto de éste, malgastando las energías, fomentando la competencia, etc. Pero a la vez, apreciamos este tipo de esfuerzos centrados en un aspecto por que elevan las verdaderas necesidades de aquellos que sienten cada tipo de opresión más directamente.

La fragmentación de la izquierda

Piensa en el movimiento por los Derechos Civiles, el movimiento feminista, el movimiento hippie, el movimiento obrero, y el movimiento en contra de la Guerra de Vietnam. O piensa en las más recientes manifestaciones de éstos, añadiéndoles el movimiento de gays y lesbianas, el movimiento ecologista, o incluso algunos sub-movimientos como el sector de los trabajadores desempleados, el sector religioso, el racial, o el vegetariano. La fuerza de la centralización y la debilidad de la fragmentación son evidentes.

Actualmente, todavía persiste la lucha entre concentración y fragmentación: The New Party , The Labor Party , The Green Movement (Partido Ecologista), las consideraciones de NOW (organización feminista) acerca de fundar un partido, y la Campaña por un Nuevo Mañana (“The Campaign for a New Tomorrow”), además de multitudinarios proyectos mediáticos, y una oleada sin fin de esfuerzos organizados para tratar problemas a nivel local, regional y nacional.

¿Por qué no están más unificados? ¿Por qué esta cantidad de partidos políticos, proyectos mediáticos u organizativos no se fusionan en único grupo que abarque partidos, medios de comunicación, proyectos activistas, o, incluso mejor, por qué no se fusionan con otro siguiendo estas líneas, en un gran movimiento? Sin duda es obvio el beneficio que esto conlleva, al incrementarse el número de miembros y el poder, y la economía de escala. Si cada partido, periódico, proyecto o movimiento es una pieza en potencia de un gran mosaico, ¿por qué estas piezas no se entrelazan para que consigamos un mosaico completo en vez de un embrollo de piezas sin más?

Bien, cada partido, proyecto, periódico y movimiento tiene poco tiempo para lo que ellos ven como un falso esfuerzo hacia la unidad que no fomenta su supervivencia diaria y que incluso desvía las energías que dedican a ello. O incluso más, cada preocupación que es prioritaria para la unidad sólo será una frase hueca sin más, o algo peor. Cada uno cree que su voz, sus dirigentes, y su visión, serán subsumidos en la esfera del mayor aliado, o invadidas por la energía del más pequeño. ¿Lamentan los mayores el problema de ser influenciados por otras tentativas de grupos más pequeños, con sus propios miembros y su fanática atención a elementos periféricos que desviarían su atención? Mientras tanto, los más pequeños se preguntan porqué deberían rebajar sus serias intenciones y arriesgarse a subordinarlas a los puntos de vistas menos radicales de los grupos mayores. Sin tener en cuenta el tamaño, cada uno siente que por qué debería reducir su prioridad sobre factores como la raza, las clases, el género, el sexo, la guerra, o la ecología, o su especial comprensión, compromiso y radicalismo, al unirse a grupos que enfatizan en sus agendas factores que consideramos menos prioritarios, o insuficientemente radicales, o demasiado extremos.

A la vista de todo esto, que permanece violentamente en cada día de cada año de mi vida desde que me comprometí políticamente aproximadamente en 1967 hasta ahora, me gustaría proponer un camino a seguir. Éste supone abogar por un nuevo tipo de unidad, por un nuevo tipo de estructura organizativa y sus relaciones, y llevar a cabo unos simples primeros pasos.

Un nuevo tipo de unidad

En el pasado, por “trabajar juntos” se entendía generalmente una coalición. Tomas las agendas y los compromisos de cada aliado potencial y buscas en ellos elementos o rasgos en común. Entonces generalmente se construye una coalición temporal basada en estos rasgos comunes. El proceso supone un mínimo compromiso mutuo. Cada parte trata de beneficiarse en el contexto de esta intersección temporal de algunas prioridades. Por supuesto, cada aliado intenta atraer a miembros de la otra parte, intenta conseguir su propio electorado, etc. Y si hay un modo de subsumir al aliado o de infiltrarlo, de manera que cuando se despeje el polvo sólo quede una organización, mayor por muy poco, todo habrá ido bien.

La actitud que propongo es diferente. Supón que trabajar juntos quiere decir fusionar las agendas en un marco mayor diseñado para conseguir esfuerzos colectivos y apoyo mutuo, mientras que a la vez se mantienen intactos los propios esfuerzos de cada uno. Utilizando un ejemplo del pasado, supón que el movimiento que se opuso a la Guerra de Vietnam, los hippies, el Movimiento por los Derechos Civiles, y el Movimiento Nacional por los Derechos Sociales, se hubiesen unido hace unas décadas. Lo hicieron siempre (y siempre fue así) por un acontecimiento o proyecto en particular elegido al ser común a todos, con todo lo demás de estos grupos quedando al margen, sin interactuar entre sí, sin apoyarse, y a veces incluso compitiendo.

¿Pero qué ocurriría si estos grupos en vez de intentar mantener su identidad se hubiesen unido en una estructura mayor que no fuese el mínimo común denominador de sus objetivos o intereses (la modesta cantidad en la que todos pueden estar de acuerdo), sino que fuese la mayor suma común de sus agendas, el conjunto de todas ellas combinadas, sin tener que suprimir ninguna? ¿Y qué hay si cada grupo prometiera su apoyo en todo lo que estuviera su alcance a todo lo que emprendieran los otros grupos… aceptando el liderazgo del otro cuando se estuviese en el área prioritaria para ese grupo? ¿Y qué ocurriría, por ejemplo, si esto significase que el movimiento contra la guerra prestase su apoyo al Movimiento por los Derechos Civiles, proporcionando voluntarios, compartiendo incluso recursos materiales, para una campaña iniciada por éstos, y viceversa?

Imagina que ocurre esto en la actualidad. Todavía subsiste cada proyecto, periódico o movimiento. Y todavía funcionan por sí mismos, autónomamente, con sus prioridades en su sitio, desarrollando sus propios puntos de vista y sus agendas. Pero, por encima de todo, también forman parte de una estructura superior, llámala SAM de momento (siglas en inglés de Solidarity for Autonomy Movement, “solidaridad para un movimiento por la autonomía”).

La agenda de SAM es la suma total de la agenda de sus afiliados. Su conciencia es la suma total de las conciencias de sus afiliados. Su junta o consejo representa a todos sus afiliados. Su presupuesto está basado tanto en la subida de los fondos directos, como en las contribuciones proporcionadas por sus afiliados. SAM proporciona apoyo de acuerdo con las necesidades de sus afiliados y sus posibilidades.

¿Qué pasa con los conflictos? ¿Qué pasa si en SAM dos periódicos, o dos proyectos, o dos movimientos tienen diferentes puntos de vista sobre algún asunto? ¿Cómo se pueden mantener dos posiciones contradictorias dentro de una organización, dentro de SAM? Bien, mientras formar parte de SAM sea una elección consciente que ha de ser ratificada por los miembros existentes, estas concordancias básicas se mantienen y amplían, ¿por qué no? ¿Por qué es esto tan difícil? Esto quiere decir que siempre hay necesidad de una investigación paciente y una discusión y valoración de las diferencias, a tiempo, espera uno, para así hacer progresos para lograr más acuerdos. Pero hasta que se llegue a un acuerdo sobre un asunto controvertido, los puntos de vista opuestos estarán presentes en SAM, ambos serán respetados, etc., aunque si uno proviene de un miembro que se centra en ese área y el otro de un miembro que se centra en cualquier otra, el primero predominará en el programa de SAM.

No hay ningún punto que persiga todas las múltiples y complejas variantes y posibilidades de un acuerdo organizativo, o su definición o estructura, todo al mismo tiempo. La imagen básica es la de una organización con forma de paraguas que abarca e incluye, solidaria y respetuosamente, una inmensa variedad de compromisos progresistas y de izquierdas. SAM es la gran suma de estos miembros. Existe para mejorar la posición de cada miembro y del conjunto. Los afiliados, comprenden que tienen que ser menos puristas o más complacientes que en el pasado para apoyar de esta manera a algo más grande y por lo tanto más diverso que lo que ellos son, y a convivir con las diferencias. No se presume que uno u otro miembro posea todas las respuestas. Se presume que en SAM como conjunto, existirá un mecanismo para comprobar la validez de todas las respuestas que ahora tenemos y para buscar otras nuevas.

El primer aspecto a superar es quién está incluido – qué movimientos, proyectos, periódicos u organizaciones. No puede estar sólo uno, ni todos tampoco, evidentemente. Tendrán que existir unas normas y una estructura, los nuevos afiliados tendrán que encajar bien con aquellos que ya lo son. Han de tomárselo en serio, comprometerse, y cada nueva inclusión ha de ser aceptada por todos aquellos que ya estaban comprometidos, para así mantener los niveles de confianza y participación.

Primeros pasos

Supón que los representantes de the Greens (“los Verdes”), The New Party, The Labor Party, The Campaign for a New Tomorrow, y NOW, se uniesen con el objetivo de crear SAM. Ellos elaboran las normas estructurales – una clara comprensión de lo que implica la lealtad, qué derechos existen, cómo se distribuyen los recursos entre los miembros y el conjunto de proyectos, cómo se orientan las campañas y proyectos patrocinados por SAM, cómo han de actuar los miembros de SAM con respecto a otros miembros, etc.

Entonces ellos toman esta visión, en la cual están dispuestos a participar y a ayudar a formarse a otros grupos, proyectos y organizaciones constitutivos, que estén de acuerdo con cada uno de las cuatro iniciales. Quizás se dirijan a The Nation, o a Z. O quizás se dirijan a Greenpeace, o a IPS, etc. Lenta pero constantemente la creciente estructura podría tender la mano a periódicos, movimientos o proyectos organizados a nivel nacional, regional, o incluso local. ¿Se podría incluir cualquiera que se llamase a sí misma progresista? Lo dudo. Pero por supuesto se podría llegar a crear una gran y diversa formación, con un enorme impacto sobre la solidaridad y la capacidad para que los elementos progresistas y de izquierdas puedan centrar sus esfuerzos de una manera efectiva.

¿Es esto un sueño inalcanzable? No lo sé. Pero me parece que la idea principal es preservar la autonomía de cada miembro, ya sea fomentando la solidaridad entre sus consideraciones como la necesidad de la unidad y la diversidad. Me parece que sin algo como esto, algún tipo de foro/medio/mecanismo que pueda llevarnos a compartir ideas, puntos de vista, agendas, y a debatir y discutir honestamente las diferencias y objetivos de los programas colectivos, para compartir las intuiciones y combinar el apoyo humanitario, para un aumento y reparto de una asignación sensata de los recursos – para beneficiar y promover tanto la solidaridad y como la autonomía – no podremos seguir adelante. Con algo como esto, me parece a mí que habría una autentica razón para la esperanza.

El hecho es, que la gente de bien no lo está haciendo demasiado bien por ahora. Me parece que es hora de realizar un cambio… como dice un viejo refrán: hay poco que perder y mucho que ganar. O lo que tenemos, expandido a través de los EEUU en todas sus múltiples formas, es una base sobre lo cual podemos construir (como tiendo a creer) – en cuyo caso el intentar conseguir un modelo como el de SAM o algo similar parece un primer paso viable y necesario – o lo que tenemos no tiene mucho valor ni si quiera como punto desde el que partir, y tendremos que crear algo completamente nuevo de la nada, en cuyo caso, deberíamos averiguarlo lo antes posible.

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