Entrevista sobre Economía Participativa

Michael Albert entrevistado por Kate Redmond.

Concedí la siguiente entrevista durante el fin de semana en que se celebró, en Minneappolis, el Congreso de los Verdes. Me pareció relevante por su relación con cuestiones de actualidad, y un bienvenido descanso de tanto “acalorado debate”, por lo que ésta es mi aportación para este mes – Michael Albert.

albertKate Redmond: Estamos hoy en el estudio con Michael Albert, activista y autor de varios libros, entre ellos Mirando hacia adelante de South End Press y Economía Política de la Economía Participativa de la Princeton Univ. Press, y cofundador y editor de la revista Z. Bienvenido a la KFAI en Minneapolis.

Michael Albert: Muchas gracias por haberme invitado. En realidad soy coautor de los dos libros que has mencionado juntamente con Robin Hahnel, economista que enseña en la American University.

  • Dinos, ¿qué es la economía participativa?

Es una manera diferente de organizar una economía. En la actualidad, en los Estados Unidos tenemos una economía capitalista en la cual algunas personas son propietarias de empresas; los mercados regulan la distribución y si te fijas en la organización de los lugares de trabajo, encontrarás una jerarquía en la que  algunas personas realizan rutinariamente trabajo manual, otros realizan tareas más cualificadas, y unos pocos toman las decisiones. Ésta es la base de nuestro sistema económico —la propiedad privada de los centros de trabajo, los mercados y una organización jerárquica de esos lugares de trabajo—, un sistema que no me gusta.

No me gusta la propiedad privada porque conlleva que unos pocos sean propietarios y de esta manera controlen casi toda la riqueza y, en consecuencia, tengan un gran poder. En nuestra economía, los analistas olvidan al 90% de la población que no se encuentra en la cúspide del sistema económico, y aunque se trata de un enfoque sorprendente y desconcertante, desde su punto de vista es correcto hacerlo. El 10% de arriba, y de hecho un porcentaje aún menor, los que están en la cima, controlan la práctica totalidad de la economía. Eso no es equitativo, es injusto y antidemocrático, por lo que deberíamos ser capaces de hacerlo mejor.

No me gusta la división jerárquica del trabajo porque comporta que la mayoría de la gente tiene poco o nada que decir sobre su trabajo y que no exista igualdad de condiciones en el lugar de trabajo ni tampoco una justa  combinación de las tareas más satisfactorias con las que no lo son tanto. No existe ninguna razón ética ni tampoco una sólida argumentación de tipo económico por la cual algunas personas deban disfrutar de mejores circunstancias de trabajo y tener responsabilidades más satisfactorias y menos peligrosas o menos aburridas que otras, y, mucho menos, mayor poder de decisión. De nuevo, tendríamos que ser capaces de hacerlo mejor.

Y no me gusta el mercado porque fuerza a la gente a ocuparse de ellos mismos sin ninguna conciencia social. El mercado no funciona a no ser que las personas se preocupen sólo de ellas mismas. Cuando la gente gestiona sus negocios según esta filosofía, busca su provecho sin preocuparse de los efectos perniciosos que causan en la ecología, sin tener en cuenta las consecuencias negativas que pueda comportar a sus empleados el trabajo que realizan e incluso sin preocuparse de efectos nocivos en los consumidores.

Como trabajador y como consumidor individual, si sólo te preocupas de ti mismo ignoras el bienestar de las personas que producen lo que tú consumes o de las que consumen lo que tú produces o de quiénes viven junto a ti en tu propia comunidad. Eso significa que funcionas aislado e incluso tratando de mejorar a costa de los demás. Los mercados conllevan, además, muchos más problemas, ya que crean desigualdades, fomentan el desempleo, causan trastornos ecológicos, generan alienación, promueven distorsiones de la personalidad, etc. Una vez más, ¿por qué no tratamos de hacerlo mejor?

  • ¿Podemos decir que la economía participativa es un nuevo tipo de sistema basado en unas instituciones básicas diferentes?.

En la economía participativa, en lugar de la propiedad privada del capital, todo el mundo es propietario en pie de igualdad de los medios de producción. La población  simplemente comparte su propiedad, todos son propietarios en la misma proporción, y no generan rentas, bienestar o diferencias de poder. Lo bien que le vaya a una persona, cuántos ingresos recibe y cuántas cosas puede decir en la toma de decisiones se determinan por la asignación de recursos —y la manera como se maneja esta asignación en la economía participativa es muy diferente del sistema de mercados que conocemos en nuestra sociedad— y por la organización del lugar de trabajo.

Con vista a que la asignación de recursos y tareas sea participativa, la gente elabora un plan o proyecto que recoge las cosas que hay que hacer. Todo el mundo participa en este proceso. Todos decidimos qué queremos hacer o qué consumir, sea individualmente o dentro de nuestro grupo de trabajo y todo el mundo expresa su opinión. A partir de las propuestas hechas se inicia un proceso de discusión, en el cual el “toma y daca” del debate prosigue hasta que queda establecida una agenda completa. Todos participan en el debate en la medida en que se vean afectados por las decisiones que se están considerando, de manera que el sistema es participativo y autogestionado.

Asimismo, la manera de organizar el centro de trabajo en una economía participativa tampoco es la forma que nos es familiar bajo el capitalismo. En el capitalismo, las tareas que hay que realizar en el centro de trabajo se combinan en ocupaciones en las cuales cada actor conocerá diferentes facetas de un sólo tipo de tarea. Una persona se ocupa de una variedad de tareas relacionadas con el servicio de portería y es un portero. Otra persona contesta al teléfono y realiza otras tareas de secretaría y es una secretaria. Otro administra y es un gerente. Otra persona decide la política financiera, proyecta los beneficios,  etc. y es el director ejecutivo de la empresa. Cada ocupación tiene su lugar en el esquema jerárquico.

En economía participativa, por contra, combinamos las tareas en ocupaciones de manera que cada persona tenga una participación equilibrada en diferentes tipos de tareas. Algo parecido a ir escogiendo platos de un menú chino para completar nuestra comida. El modo capitalista es tomar sólo uno y llamarlo comida. A algunos les tocan buenos, a otros malos. El modo participativo consiste en servirse una comida equilibrada de una variedad de platos complementarios. Cada persona disfruta de una comida equilibrada y comparable con la de los demás.

En el lugar de trabajo, lo que creas es un trabajo y las cosas que escoges del menú son tareas. En el capitalismo, a cada trabajador se le asigna uno o, como mucho, unos pocos y muy similares tipos de tareas en cada nivel de autoridad, cualificación, grado de poder, etc. Por contra, en la versión participativa combinas en cada trabajo una selección diversa de tareas, de manera que todo el mundo obtenga una adecuada combinación de las tareas más satisfactorias y de las más pesadas. Es esencial hacerlo así; en primer lugar, porque es igualitario. Ya no hay razón para que algunas personas deban tomar riesgos y otros no, para que unos tengan que dar órdenes y otros sólo puedan recibirlas, para que algunos deban ser ricos y otros pobres.

También es esencial equilibrar las circunstancias en el lugar de trabajo para permitir la participación de todos en la toma de decisiones. En lugar de que algunos de nosotros seamos encasillados y mantenidos en una relativa ignorancia a causa de nuestro trabajo mientras otros están continuamente mejorando su pericia en la toma de decisiones y monopolizando información relevante, como sucede en el caso jerárquico, con participación y ocupaciones  equilibradas todos desarrollamos nuestro potencial para participar con preparación y destreza.

La diferencia entre el capitalismo y una economía participativa es la diferencia entre el tipo de economía que gasta inmensas sumas en construir misiles que se acumularán en un almacén pero dedica muy poco dinero a financiar un sistema sanitario de calidad para todos, y el tipo de economía que hace lo contrario.

Es la diferencia entre el tipo de economía que usa las escuelas para enseñar a la gente cómo acostumbrarse al tedio, de manera que estén preparados para obedecer a otras personas que han tenido una escolarización de élite, y el tipo de economía que enfatiza el desarrollo de la destreza y talento de las personas para que todos estén preparados para participar y contribuir de una manera equilibrada.

La diferencia entre que las élites tomen todas las decisiones o que todo el mundo tenga un papel justo y adecuado, entre que unas pocas personas tengan un poder y una riqueza inmensos mientras el resto a duras penas salgan adelante o ni tan siquiera eso o que todos tengan el mismo grado de participación.

  • Frente a un enfoque como el vuestro, que elimina la especialización, ¿no se sostendrá  que causaría un descenso de la eficiencia?

No eliminamos tanto la especialización como su exceso. Consideremos un hospital como ejemplo. Continuamos teniendo cirujanos. No nos deshacemos de la cirugía o de las habilidades específicas, del conocimiento y del talento necesarios para realizar este trabajo correctamente. Sólo proponemos que la gente que se dedica a la cirugía también haga otras cosas, de manera que compartan más responsabilidades en el conjunto del trabajo. Más importante aún, la ex-secretaria y cualquier otro trabajador del hospital también tendrán ocupaciones que combinen una variedad de tareas y responsabilidades en una justa proporción.

  • Pero si los cirujanos tienen que dedicar parte del tiempo a otras tareas aparte de la cirugía, por ejemplo limpiar parte del hospital, ¿no disminuirá el rendimiento?

Sí, si sólo tienes un número como el actual de gente preparada para la cirugía y les quitamos tiempo del que actualmente dedican a la cirugía. Pero supón que tenemos más cirujanos. Entonces ya no tenemos deficiencias en el aspecto de la cirugía. O, de la misma forma, supón que algunos de los cirujanos que tenemos hoy pasan parte del tiempo que en la actualidad dedican al golf haciendo trabajo no relacionado con la cirugía, de forma que tengan una proporción justa de diferentes tipos de tareas. De este modo, no tendremos escasez en el aspecto de la cirugía.

Lo que sucede en nuestra economía es que la mayoría de la gente no ha desarrollado su capacidad y habilidades. La mayoría de las personas no han desarrollado su talento. Lo que hacemos es, intencionadamente, no utilizar las habilidades de la mayoría de la gente. Para mantener a algunos en la cúspide, el capitalismo infrautiliza el talento de muchas otras personas e incluso aniquila totalmente su creatividad.

Lo que se pretende en la economía participativa es conseguir una organización más justa a la vez que se obtiene más productividad, evitando que para que sólo unos pocos puedan dominar se desperdicien las habilidades y potencialidades de la mayoría de la gente.

  • Pero, ¿cómo llegar a todo eso desde nuestra situación? Me parece que no podríamos estar más lejos de lo que estás sugiriendo.

No puedo proporcionarte un mapa de ese camino porque no existe. Un esbozo de receta básica es que la gente se reúna y desarrolle una comprensión de las raíces de los problemas que existen en la sociedad,  sin distraerse en cuestiones periféricas, que empiecen a organizar movimientos dedicados a conseguir reformas y cambios para afrontar estos problemas, tanto los referidos a sus remuneraciones como a un mayor control sobre sus trabajos, u otras mejoras, y que hagan cada vez más y más grandes esos movimientos hasta que finalmente empiecen a hacer demandas que sean más estructurales.

En este proceso pueden crear nuevas instituciones, por ejemplo asambleas en los centros de trabajo y comunidades, que empiecen a hacer el tipo de cosas de las que más adelante estas instituciones serán responsables en la economía participativa. Esta es la manera en la cual se ha producido el cambio a lo largo de la historia, sea en esta cuestión, la economía, o en cuestiones como la raza, la sexualidad, la ecología o lo que sea: se han conseguido reformas parciales, se han construido parcialmente  nuevas relaciones y finalmente se han redefinido estructuras básicas. Es muy difícil, especialmente al principio, pero una vez el proceso alcanza un cierto nivel de concienciación e implicación por parte de la gente y sus instituciones y organizaciones alcanzan una cierta escala, el progreso es ciertamente muy rápido.

  • Bajo el enfoque participativo, ¿se pagaría a todo el mundo lo mismo?

Sí. El trabajo que debemos hacer consiste en una mezcla de tareas que serán diferentes para cada persona, pero comparables en lo que respecta a la dedicación necesaria para llevarlas a cabo o el grado de responsabilidad requerido. Mi trabajo diario es como el tuyo y el nuestro es como el de cualquier otro, no en los detalles, pero sí si nos fijamos en el conjunto de exigencias y compensaciones. Visto así, ¿por qué hay que pagar más a una persona que a otra? La única manera de ganar un poco más que otro, o de lo que ganaste el año pasado, es trabajar horas de más.

Puedes trabajar tiempo extra, o puedes trabajar menos que la media de la sociedad y ganar menos. Pero un punto básico es que los ingresos estarán ligados al esfuerzo, el cual estará  medido por el tiempo que dedicas a un trabajo tan exigente como el de cualquier otro. Descontando la gente que trabaje un poco más o un poco menos, los ingresos de todos serían los mismos.

Compáralo con un sistema en el cual el ejecutivo de una empresa no solo realiza menos tareas arriesgadas, aburridas o extenuantes y un mayor número de las que son intrínsecamente satisfactorias, sino que también gana 80 ó 100 o incluso 200 veces lo que sus empleados.  El capitalismo es robo, avaricia, exclusión. La economía participativa es equidad, solidaridad, participación.

  • Todo esto suena mucho a socialismo. ¿Es esto socialismo?

Depende de lo que entendamos por socialismo. Esta palabra ha sido aplicada durante décadas al sistema soviético, y la economía participativa no se le parece en nada. Describí el sistema bajo el que actualmente vivimos, el capitalismo, como basado en la propiedad privada del capital por parte de un pequeño grupo en la cima, en los mercados y en unos lugares de trabajo organizados jerárquicamente. En el sistema soviético no existía ese pequeño grupo de propietarios de los medios de producción. Su revolución se deshizo de eso y lo reemplazó por la propiedad estatal. Pero se trataba aún de una élite, por lo que el cambio fue de una élite, la clase capitalista, por otra, la burocracia estatal.

La revolución rusa también reemplazó el mercado por la planificación centralizada. Pero esto también es diferente de lo que yo quiero. Ese es un sistema en el cual un grupo particular de planificadores decide una agenda para la economía en su conjunto. Los planificadores centrales envían un conjunto de órdenes a todos los centros de trabajo. Todos los actores en la sociedad  responden a las órdenes diciendo si pueden cumplirlas. La información se devuelve al centro. Y son enviadas nuevas órdenes.

En la relación con el estrato superior sólo cabe la obediencia. Estamos hablando de un sistema jerárquico, muy autoritario. Al fin y al cabo, el centro de trabajo soviético estaba organizado como la Ford Motor Company o cualquier otro centro de trabajo de los EE.UU. Serían muy difíciles de distinguir, excepto por el nivel tecnológico. La estructura interna del lugar de trabajo soviético y del estadounidense eran muy parecidas en todos los demás aspectos. Está claro que no se trata del sistema que propongo.

Por supuesto, esto no es lo que supuestamente tenía que ser el socialismo. Existieron dos razones por las que el sistema soviético se llamó socialista. La élite soviética lo llamó socialismo para poder quedar legitimada por esta etiqueta. ¿Quién se podría rebelar contra el sistema si ya era el mejor concebible? La élite de los EE.UU. llamó socialismo al sistema soviético, por contra, para deslegitimar al socialismo con esta identificación. Si la Unión Soviética era socialista, ¿qué ciudadano sensato de los EE.UU. querría oponerse al capitalismo? Si socialismo significa el sistema soviético, aquello de lo que hemos estado hablando no tiene nada que ver con el socialismo.

Pero por otro lado, si socialismo significa que la gente controle sus propias vidas y la economía con equidad, diversidad, participación y autogestión, entonces puedes llamar socialista al sistema que propongo.

  • Hablemos un poco más de mercados. Tu quieres la abolición del mercado …

Exactamente. Soy un abolicionista por lo que respecta a mercados. Obviamente, no es  una postura muy popular en la actualidad, ya que existe la concepción generalizada que los mercados son de alguna manera la panacea para todo. Pero yo creo que se trata de un gran engaño.

Los mercados son, de hecho, una institución bastante sencilla. Por mercado no queremos decir simplemente el lugar donde vas y compras algo. Entendemos por mercado un sistema en el cual los productores ofrecen cosas, los consumidores las compran, hay precios que median entre ambas partes y se produce un equilibrio a causa de las presiones de la oferta y la demanda. Pero el mercado competitivo requiere que todo el mundo sea codicioso. Que todo el mundo se ocupe de sí mismo. Produce lo opuesto a la solidaridad y la empatía. Así realmente es cierto que “los buenos chicos” pierden.

Los mercados no sólo no premian el preocuparse de los demás: hacen imposible que la gente tenga en cuenta las condiciones de los demás. Cuando compramos un disco compacto no pensamos en la condición de los trabajadores que fabricaron el disco. No tenemos información que nos incline a hacerlo. Ni siquiera es una opción. Y lo mismo pasa en el sentido inverso. En el trabajo no pensamos en la gente que va a consumir el producto que estamos terminando. Tratamos de seguir adelante y lo mismo haces tú, y así todos sin preocuparnos por el impacto sobre los demás.

Los mercados también minusvaloran cosas. Minusvaloran el valor de productos que tienen un impacto público positivo. Infravaloran bienes públicos como los parques, la educación o el sistema sanitario  público y el equilibrio ecológico.

Por contra, los mercados sobrevaloran cosas que tienen buenas consecuencias a nivel privado pero malos efectos públicos. Sobrevaloran un coche que contamina y perjudica lo público pero beneficia a la persona que individualmente lo compra. Con los mercados se consigue un desarrollo muy sesgado. Los mercados desvían la dirección de la economía hacia el énfasis en el individualismo estrecho y en reducir la sociabilidad.

Los mercados también fomentan una división de clase entre la gente que toma decisiones y la gente que no, y este hecho no es solamente injusto, sino que los conflictos que surgen entre gerentes y trabajadores, expertos y clientes limitan la productividad, limitación también causada por la infrautilización del talento de mucha gente.

Podría continuar, pero, en conjunto, los mercados llevan a la privatización, la desigualdad y al deterioro  ecológico, y lejos de la conciencia social, la equidad  y el equilibrio ecológico. Infrautilizan  capacidades y desperdician el talento. Sirven a ciertas élites muy bien y por tanto son defendidos por esas élites que nos dicen que los mercados son maravillosos. Pero es una tomadura de pelo.  Sólo tienes que echar una mirada a tu alrededor para verlo. Pero la masiva propaganda sobre mercados es abrumadora y la gente a veces sucumbe a ella.

  • ¿Qué pasaría si sacásemos el mercado de la esfera  política? Si aún existiera la competencia, a la cual los EE.UU. parecen tan enganchados  por su efecto motivador, pero la economía ya no estuviese dictada por unos mecanismos políticos diferentes de aquellos que realmente la manejan.

La mayoría de esos mecanismos son realmente económicos. El gobierno sin duda participa en la economía y puede hacer que los resultados sean peores o mejores pero las características básicas de las que he hablado se deben solamente a los atributos económicos que he enfatizado: propiedad privada del capital, existencia de mercados y organización jerárquica del lugar de trabajo.

Por un momento, consideremos la competencia en sí misma. Supón que estás organizando una carrera y que quieres motivar a los participantes para conseguir los mejores resultados. Una manera de organizar tu carrera, la manera que te propondría cualquier competidor convencido, es disponer de cierta cantidad de dinero para premios y dar la mayor parte del dinero al ganador, y un poco menos para el segundo y el tercero, y eso es todo. Entonces obtendrás los mejores tiempos.

Pero fíjate cómo funciona esto realmente. Imagina que una persona es realmente rápida y puede ganar la carrera con relativa facilidad. ¿Tendrá un incentivo para correr tan rápido como sea capaz? En absoluto. En lugar de esto, con gran coste, le has dado un incentivo para correr justo lo suficiente para ganar, pero nada más. ¿Y qué ocurre con la persona que va a llegar en cuarta, quinta, octava o vigésima posición? No tienen incentivo alguno. Cuando vean que no pueden ganar el dinero, por lo que hace al incentivo para la competitividad, también ellos llegarán andando a la línea de meta.

Supón ahora que decimos que vamos a compensar a todos de acuerdo con su esfuerzo previo. Si corres tanto como lo has hecho en el pasado, te daremos una cantidad estipulada. Si corres más, te daremos una cantidad mayor, con un aumento proporcional a la mejora. De esta manera, si trabajas más y tu esfuerzo es mayor, obtendrás más. No vamos a dar más a quien acabe primero sólo por ganar. Te vamos a dar más por hacerlo mejor de lo que lo has hecho anteriormente.

Si lo piensas, te darás cuenta que la velocidad promedio del conjunto de participantes en la carrera será mayor en este segundo caso que en el planteamiento usual. Cada participante tiene un incentivo para correr todo lo rápido que pueda, sin preocuparse de lo rápido que vaya algún otro. De hecho, la pura y simple competición no es tan eficiente después de todo. Es buena para los pocos que ganan, pero no lo es para la productividad media del grupo en su conjunto.

¿Es productivo compensar enormemente a aquellos que están en la cima y prácticamente nada a los de abajo? Es cierto que puede existir una sociedad industrial productiva que funcione de esta manera. La tenemos a nuestro alrededor. Podemos decir que funciona, en ese sentido. Especialmente si estás dispuesto a usar el poder militar en el resto del mundo para arrebatarles las riquezas y para maquillar tus ineficiencias. Pero, ¿podríamos hacerlo mucho mejor? Sí. Sólo es que en mi propuesta para hacerlo mejor tiene que existir equidad, y las personas en la cima están mucho más preocupadas por impedir que exista equidad que por maximizar la productividad.

  • ¿En qué escala te estás fijando? ¿Cuál es la escala de la economía participativa?

Cualquier escala. La economía participativa puede existir en un pequeño país o en uno grande. Las economías participativas pueden mostrar, naturalmente, grandes diferencias dependiendo de la cultura, nivel de desarrollo, etc. Serían diferentes en lugares diferentes, pero pueden existir en cualquier escala … pero creo que quizás te refieras a cuál es la escala de las instituciones en la economía. Si desmontamos las grandes empresas y comunidades …

  • ¿Y son autosuficientes estas comunidades? Si se produce un intercambio que nos permita hablar de mercado …

Quizás pretendes sugerir que existe una cuarta alternativa al mercado, la planificación centralizada y la economía participativa. Podríamos desentendernos enteramente de la redistribución. Tener propiedad colectiva, sin  jerarquías y unas pequeñas comunidades autosuficientes donde exista una economía cara a cara, en las cuales no tienes que gente situada en un punto A produce cosas que se consumen muy lejos, en unos puntos B y C, etc., por lo que no necesitas un elaborado sistema de distribución  en absoluto. Sería una solución.

Pero una solución que descarta, creo yo, una gran parte del desarrollo inherente a las economías de escala. No creo que sea una buena economía una en la cual no tienes hospitales, ni ordenadores, en la cual no hay violoncelos, ni tampoco teléfonos.

Tampoco creo que sea buena una economía en la cual tienes este tipo de cosas pero necesitas 40.000 plantas para fabricar cada una —desde mondadientes a lápices o bicicletas o corazones artificiales–, de manera que cada comunidad pueda disponer de ellas sin tener que traerlas de muy lejos. Esta inmensa duplicación de esfuerzos y de centros de trabajo no es tampoco la manera ecológicamente más sabia para crear cosas. Crea también mucha desocupación y desperdicio de recursos.

De modo que mi respuesta concerniente a este tema es que la escala que eliges para las comunidades y el grado por el que apuestas por las pequeñas industrias frente a las grandes es una decisión social. Valoras las ventajas de la descentralización versus las ventajas de las economías de escala. Lo importante es que, en la economía participativa, ésta es una decisión que puedes tomar e implementar, conscientemente, tras un exhaustivo debate y dejando un margen para corregir cosas cuando sepamos más.

Pero tanto en el capitalismo como en el sistema soviético, existe una tendencia hacia la centralización y también hacia las unidades de gran escala mucho más allá del punto en el cual tienen sentido, sin preocuparse de sus consecuencias nocivas. Creo que la escala sería más pequeña y descentralizada en una economía participativa. Pero no tan pequeña o tan descentralizada que se produzca un gran desperdicio o pérdida de valiosas capacidades.

  • Adentrándonos más en los detalles, me gustaría saber si continuarían existiendo las compañías de seguros o  los medios de comunicación. ¿Qué papel jugarían los medios?

No hay compañías de seguros. De hecho, realmente no hay bancos. Tampoco sociedades de inversiones. No hay Wall Street. Muchas instituciones que nos son familiares no estarán, o, al menos, no existirán en una forma que se parezca en nada a la que tienen actualmente. No existe publicidad como la conocemos porque sólo se quiere dar a conocer a la gente cómo son realmente las cosas, no engañarles para que compren productos de mala calidad o que no necesitan realmente o de los cuales no sacarán ningún beneficio. No hay una sobreabundancia de productos en el sentido que conocemos ahora. Tampoco firmas de bienes raíces o empresas  bursátiles, sistemas de control y vigilancia, tal como los conocemos. Y obviamente no existe una producción militar en el sentido que la conocemos.

El ahorro relacionado con todo esto que se podría poner a disposición del interés social es inmenso. La razón por la cual estas cosas no existen es que no tienen ningún papel. No necesitas seguros cuando tus ingresos están garantizados, cuando la atención sanitaria está garantizada, cuando la vivienda está garantizada. No hay ninguna necesidad de bancos cuando no haces inversiones privadas y no hay ninguna razón para usar a los bancos para créditos hipotecarios y similares. La economía participativa no dispone de esas instituciones. Tampoco de estado del bienestar. Tampoco burocracias para gestionar el desempleo. Pero dispone de nuevas instituciones, asociadas con los procedimientos de asignación de recursos de los que hablamos antes.

Naturalmente, los medios aún existen. Los medios son comunicación y son crucialmente importantes en cualquier sociedad. Un problema actual importante en nuestra propia sociedad es el tipo de medios que tenemos. Los medios los controlan, como a cualquier otra institución económica, relativamente unos pocos, personas que tienen ciertos intereses y que se aseguran que los medios —con la excepción  de emisoras de radio como ésta, por supuesto— sirvan a esos intereses. Emisoras de radio como esta son, en consecuencia, muy importantes. Las radios comunitarias son muy importantes. La prensa escrita alternativa es muy importante. Es muy difícil que estas iniciativas crezcan considerablemente, en una sociedad como la nuestra, pero aún así son un logro importante.

En una buena sociedad, los medios de comunicación son importantes porque no puede haber democracia, participación y autogestión si no dispones de información. No tiene sentido tener derecho a tomar una decisión sobre algo si no tienes la información que necesitas.

Como ejemplo de esta tesis, supón que por primera vez en mucho tiempo se van a celebrar unas elecciones en un país centroamericano tras un largo período de conflictos en los cuales los Estados Unidos están envueltos. Si miras más allá de las noticias en la prensa y televisión convencionales, descubrirás que antes de esas incipientes “elecciones libres”, los Estados Unidos y sus regímenes clientes locales destruyen los sindicatos locales de trabajadores, desbaratan los grupos religiosos de esas comunidades, clausuran las emisoras de radio y los periódicos independientes y eliminan las formas en que la gente se reúne para definir una posición y compartir ideas sobre sus proyectos.

Entonces se realizan las elecciones para elegir entre los candidatos que Washington considera aceptables. Como en las elecciones en EE.UU., no se produce ninguna discusión real sobre programas o problemas, sino la lucha por un despacho entre dos personas intercambiables. Una vez que te has deshecho de la posibilidad de un debate público serio y real, con ideas y posibilidades, puedes tener unas elecciones libres, porque no hay nada en juego. En la economía participativa, como la participación y la libertad se toman en serio, por supuesto que existirán medios de comunicación en muchos niveles y escalas pero todos, sin embargo, dirigidos de acuerdo con las normas equitativas, equilibradas y participativas de la economía en su conjunto.

Una de mis preocupaciones siempre ha sido facilitar el acceso a estas ideas a aquellas personas que más las necesitan. La gente que lucha por sobrevivir día a día  y que son los que tienen menos que perder y más a  ganar con un cambio de sistema.

  • ¿Cómo lo haces para llegar a la gente con un estilo popular, como aquí en la Congreso de los Verdes, en el cual vas a hablar, o en los medios de comunicación?

Como lo estás viendo hoy, viniendo a un programa de radio como este y tratando de conseguir que estas ideas sean comprendidas. Sin embargo, es bastante complicado. Nunca hay tiempo suficiente para realmente hacer justicia a las maneras de pensar y organizarse alternativas en un sólo programa o incluso en una conferencia. Tampoco sé si soy tan claro como podría ser. Es particularmente difícil hacer llegar información a los que luchan por seguir adelante porque no lo puedes hacer a través de la revista Time. Tampoco a través de la NBC.

En lugar de esto tratamos de desarrollar nuestros propios medios y nuestra capacidad de llegar a más gente. Lo estamos haciendo en Z. También tratamos de expandirnos hacia otras formas de llegar a la gente. Tú lo estás haciendo en una radio comunitaria. Otras publicaciones como Dollars and Sense, In These Times, Monthly Review, Radical America, the Progressive, lo hacen en el medio impreso, etc. Naturalmente, una prensa libre no es particularmente relevante si las únicas personas que tienen acceso a ella y tienen control sobre sus contenidos son los ricos. Se trata entonces de una prensa rica. O de una prensa para los ricos. Debemos tratar de superar este problema como parte del proceso de desarrollo de movimientos y conseguir cambios.

Os dejo con un vídeo en el que podéis escuchar a Michael Albert, eso si en inglés, aunque se le entiende muy bien. Si algunx de vosotrxs puede, no estaría mal traducirlo y añadirle los subtítulos.

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