Los Amigos de Durruti, los trotsquistas y los sucesos de Mayo 03 • El sentir de los anarquistas catalanes.

En estos artículos de Jaime Balius, publicados en «La Noche» los días 2, 12 y 23 de marzo de 1937 y de Francisco Pellicer, publicado en el mismo medio el 14 de abril, podemos hacernos una idea acerca de como sentían los anarquistas catalanes la traición de la que habían sido objeto por parte de la Generalitat.

Atención, trabajadores. ¡Ni un paso atrás!

AscasodurrutijoverLos sucesos que, de un tiempo a esta parte, vienen sucediéndose —y no queremos entrar en detalle— son lo suficientemente explícitos para que nos sintamos alarmados por el cariz de determinadas actuaciones. No ha de conceptuarse como algo singular el desplante que se manifiesta cotidianamente en contra de las esencias y de las conquistas de la revolución. La conducta de la pequeña burguesía, de los Cuerpos armados y de toda la masa amorfa que aguarda la primera ocasión para apuñalar a la Revolución, halla el camino trillado por nuestra culpa, a causa de las muchas concesiones que hacemos a nuestros propios enemigos.

Sabemos sobradamente que todavía pululan por nuestro suelo un gran número de emboscados y de defensores de situaciones antípodas que se han acomodado a la presente situación. Podríamos dar nombres y pruebas,pero la indiferencia y el sabotaje que muchas veces parte de los Centros oficiales no permite que se sanee la retaguardia.

La labor contrarrevolucionaria es facilitada por la poca consistencia de muchos revolucionarios. Nos hemos dado perfecta cuenta de un gran número de individuos que consideran que para ganar la guerra se ha de renunciar a la Revolución. Así se comprende este declive que desde el 19 de Julio se ha ido acentuando de una manera intensiva.

De acuerdo con esta poca fe en la victoria de la clase trabajadora, podemos leer un artículo del camarada Peiró, en el que se hacen una serie de sugerencias que al lector le han de producir un efecto deprimente. Y en el mismo terreno, hallamos colocados a un crecido porcentaje de militantes que consideran que para orillar el peligro de una intervención extranjera, hay que dejar en suspenso el ritmo de la Revolución.

Estamos en un momento muy parecido al que se vivió en Francia, en el curso de su revolución del siglo XVIII, cuando se pedía a grito pelado la suspensión de los clubes y en un instante similar al que vivió la URSS cuando se propugnó por la eliminación de los Soviets. En nuestra revolución se pide que desaparezcan los Comités y las Patrullas de Control. No cabe duda que nos hallamos en pleno oleaje contrarrevolucionario.

No hay que buscar parangones de carácter histórico. Los culpables somos nosotros mismos, que teniendo la Revolución en nuestras propias manos, nos asustamos ante la grandiosidad del momento y que por temor a la metralla de los buques extranjeros cedimos en bandeja la Revolución a los partidos que, indudablemente, habían de estrangularla. ¿No es cierto?. ¿Estuvimos a la altura de las circunstancias?. Ni por asomo.

Cada momento en la vida de los pueblos tiene sus características específicas. Si no se recoge debidamente, el resultado, en la plasmación de los hechos diarios, en el terreno político y social, es de efectos contraproducentes. En estos siete meses de guerra,  encontramos ejemplos a espuertas. Los anarquistas hemos llegado al límite de las concesiones. Si proseguimos cediendo posiciones, no cabe duda que dentro de poco seremos desbordados y la Revolución pasará a ser un recuerdo más. Por esta razón de peso es de desear que se inicie una nueva ruta.

No es justificable que para llevar a las masas al frente de batalla se quieran acallar los anhelos revolucionarios. Debería ser todo lo contrario. Afianzar todavía más la Revolución para que los trabajadores se lanzasen con brío inusitado a la conquista del nuevo mundo que en estos instantes de indecisión no pasa de ser una promesa. Recomendamos que se preste atención a la embestida contrarrevolucionaria. Ha llegado la hora de reaccionar. Salvemos la Revolución con nuestra propia vida, si es preciso, pero no demos ni un paso más atrás.

(Jaime Balius. “La Noche” 2-3-37).

Chicho Sánchez . Los Solidarios.

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Unas declaraciones de Largo Caballero. La contrarevolución en marcha.

No podemos disimular la sorpresa, que nos ha causado las declaraciones hechas por el Premier del Gobierno de Valencia a un repórter del periódico Le Temps. El texto del verbalismo presidencial que recoge el rotativo parisino es de un hondo sentido reformista. No llegamos a comprender como Largo Caballero ha cometido tal ligereza. Aquí no ha ocurrido nada, manifiesta Largo Caballero. Y asegura al repórter de la Villa de la Lumière que después de la enorme conflagración que estamos viviendo permanecerá en pie, con más o menos retoques, el armazón que apuntalaba la España anterior al 19 de Julio. A través de la conversación, señala que las actuales incautaciones han sido llevadas a cabo con el exclusivo objeto de poner en marcha los lugares de producción, que fueron abandonados por sus burgueses, pero que, más tarde, cuando concluya la sangría actual se restablecerá el statu-quo que precedió a las jornadas de julio.

Además, Largo Caballero habla de nacionalizar los servicios públicos como máxima aspiración y de entregar determinadas propiedades a organismos colectivos de trabajo. Pero en lo que se refiere a la federación de los grupos étnicos se mantiene en una posición estrictamente unitaria y alude tan solo a la autonomía de Cataluña y de Vasconia. Y, por lo que atañe al ejército, afirma que sólo existirá el del Estado Central. Las declaraciones de Largo Caballero son hechas horas antes de ponerse en vigencia el control de nuestras fronteras terrestres y marítimas. ¿Habrá hablado de esta manera para atraerse a la rubia Albión y a la Francia veleidosa?. No creemos que persiga tal objeto, más bien entendemos que nos hallamos ante una etapa de hondas transcendencias para la Revolución española. El peligro manifiesto de la contrarrevolución lo hemos constatado en muchas localidades de reducido volumen, en donde la burguesía ha hallado acogida en la UGT y con este broquel sindical se han crecido de tal manera que el ambiente de siete meses atrás se ha convertido en un algo parecido a épocas pretéritas. Al aludir a la UGT no quiero negar que en nuestros medios se hayan infiltrado individuos de la anterior situación, pero la diferencia consiste en la reacción que se produce en los cuadros de militantes revolucionarios de la CNT y de la FAI.

Un ligero análisis desde el 19 de julio hasta la hora actual, nos permitirá establecer que la Revolución ha ido de traspiés en traspiés. Del espíritu y de los anhelos de las primeras jornadas, no queda nada en pie. En cambio se está mascando la entronización de la contrarrevolución, en el sentido nato de la palabra. Largo Caballero ha sido sincero. ¡De la Revolución no va a quedar nada!. Nuestras presunciones se confirman. ¿Pero estas declaraciones no están relacionadas con la caída de Málaga, con la retahíla de derrotas sufridas y con el abandono en que se halla el frente de Aragón?. ¿Tratará el líder socialista de sentar un trampolín para que la opinión pública acepte de agrado un pastel amañado en los contornos del Lago Lemán?. ¿Es que se persigue ahogar la revolución para que Inglaterra, que compra piritas a Franco, se decida a elaborar una fórmula que sirva de componenda?. Es muy difícil adivinar el pensamiento de Largo Caballero y de sus adláteres, pero unas manifestaciones tan desalentadoras para los trabajadores que poseen un mínimun de dignidad de clase, no son las más a propósito para levantar en vilo al paria que tan generosamente derrama su sangre. Tales declaraciones, además de ser contrarrevolucionarias van a causar un gran perjuicio en las relaciones que vayan a establecerse entre las dos sindicales. No juzgamos que sean oportunas sin fijarnos en la contextura reaccionaria que las nutre. Hace muy pocos días que denunciábamos el oleaje creciente de las fuerzas que constituyen la entraña de la contrarrevolución. Faltaba, tan sólo, que se confirmasen nuestras presunciones y ha llegado la rúbrica oficial de la urdimbre contrarrevolucionaria que parte de los ministerios y pasando por diversas ramificaciones, llega a la calle con una variedad de matices que para nosotros no eran desconocidas.

Después de las manifestaciones de Largo Caballero ha llegado la hora de hablar sin tapujos. Un político que habla en estos términos no representa al proletariado, que si se parte el pecho en los campos de batalla es para conseguir algo más que lo que apunta el líder reformista. Su obligación es la de dimitir, si es que ha perdido la confianza en la Revolución, pues de lo contrario habrá que pensar en radicalizar nuestra Revolución, pasando por encima de una serie de obstáculos que están creando nuestros propios burócratas. La guerra se ha de ganar, pero con el acervo completo de la Revolución. Actuar de bomberos en la hora presente es de una responsabilidad enorme. Pero los que sentimos la Revolución sabremos defenderla. El Presidente del Consejo de Ministros debe presentar la dimisión, pues se ha manifestado en pugna con la clase trabajadora. Los parlanchines y los timoratos deben estar al margen de la hora actual.

(Jaime Balius La Noche 12-3-37).

UN PUEBLO EN ARMAS

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Es una hora de precisar. El Papel de Catalunya en la Revolución española.

No nos sorprende la actitud que han adoptado los partidos políticos que se cobijan al socaire del Frente Popular. Tampoco nos ha cogido desprevenidos el griterío ensordecedor de las agrupaciones que reclaman a grandes voces que la revolución ha de supeditarse, por entero a las necesidades inmediatas de la guerra. Este criterio apuntado todavía hallaría argumentos convincentes que podrían esgrimirse con bastante éxito, en una plaza sitiada como Madrid. Es, a todas luces notorio, que en el caso de la capital castellana se propugne, por encima de todo, por un statu-quo rígido de guerra y que se aplace para más adelante un cúmulo de facetas de una entraña netamente revolucionaria. Y las mismas razones podrían aducirse en una Andalucía o en otros puntos de la Península que se ven seriamente acosados por los fascistas. Pero el caso de Catalunya es muy distinto. Nuestro perímetro se halla completamente descongestionado de fuerzas enemigas. Nuestras milicias obreras han establecido nuestros bastiones mucho más allá de los lindes fronterizos. No existe, pues, un peligro inmediato de invasión como realmente ocurre en otras partes.

La coyuntura revolucionaria ha polarizado su centro de gravedad en tierras catalanas. Desde tiempos inmemoriales que los aldabonazos de Catalunya repercutían en España entera, y lo que hoy dice nuestra Demarcación geográfica es recogido al día siguiente a lo largo de la Península Ibérica. Si esta característica ha matizado la personalidad de Catalunya en la corriente de renovación hispánica, con mucha más razón ha de valorizarse el sentir de la hora actual de la zona de mayor potencialidad industrial y en donde convive un proletariado más perspicaz y despierto. La responsabilidad del proletariado catalán en la hora presente es de un volumen desmesurado. Ha de ser Catalunya quien marque la nueva estructuración económica, social y política que ha de surgir de este oleaje de sangre que encharca nuestro suelo.

Pero si nos cruzamos de brazos, ¿cómo vamos a influenciar las restantes demarcaciones que por imposiciones de la guerra no pueden entregarse a un período de realizaciones revolucionarias?. La fortuna que tuvo Catalunya de poder dominar la intentona militar a causa de su especial configuración económica y social, ha de aplicarse al trazado de la nueva sociedad. Nuestro deber es el de marcar la pauta que después del fragor guerrero seguirán, sin ningún género de duda, las zonas hermanas. No hemos de olvidar que la guerra, al imponer una severa disciplina y un montón de caracteres que son propios de la guerra, obstaculiza el avance revolucionario.

Pero hemos de tener la suficiente visión de supeditarnos a los imperativos bélicos en los lugares en donde la gravedad de la situación obliguen a ello. En cambio, en los sitios que permitan llevar adelante la Revolución, no se ha de dudar en implantar nuestras consignas. En el caso de la zona catalana aún se juntan detalles que impulsan a no ceder en nuestro papel de adalides de la Revolución. No podemos confiar en una Valencia que ha sido invadido por el Madrid burocrático, en donde forzosamente la Revolución habrá sufrido un rudo golpe, ni en otros puntos de Levante que por no poseer nuestra cohesión es del todo imposible que jueguen un rol de la importancia que ha de desempeñar la Catalunya confederal. La CNT y la FAl han de meditar mucho sobre este aspecto pues lo consideramos de vital importancia. No podemos confiar en los socialistas ni en su adláteres, ya que están comportándose paralelamente a los mencheviques rusos. La garantía de que la revolución no será una ficción radica en el proletariado catalán y en las organizaciones obreras que no están mediatizadas por los sectores reformistas y pequeños burgueses. No descuidemos la hora histórica que ha sonado para Catalunya. Sepamos estar a la altura de las circunstancias.

(Jaime Balius La Noche 23-3-37).

El momento actual

Una mirada escrutadora desde la atalaya magnifica que son más de ocho meses de lucha es conveniente y necesaria. ¿Estamos satisfechos de los resultados obtenidos en favor de la causa emancipadora del pueblo?. No. No lo estamos, aunque justifiquemos como queramos el que no hayamos avanzado más en el camino de nuestra emancipación. Podíamos y debíamos avanzar más, y a estas alturas, ningún partido político ni ningún aspirante a dictador, se atrevería a preguntar insolentemente: “¿Cuantos afiliados tiene la CNT en Cataluña?”. Hemos sido excesivamente condescendientes, y excesivamente pusilánimes, en no habernos apoderado del poder en Cataluña para de esta forma pesar sobre el boicot que ejerce el Gobierno de Valencia sobre la CNT y la FAI en Cataluña y de rechazo en Aragón, ya que hablar de la región catalana, es hablar del frente aragonés. Pusilánimes porque nos amedrentó la amenaza de una intervención extranjera. Podíamos y debíamos haber tomado el poder, y estoy convencidísimo que la Revolución hubiera seguido otro curso, y la guerra igualmente.

La intervención extranjera ya sabemos que ha sido exactamente igual al temor que nos poseía por el mes de julio. En aquel entonces, nadie circulaba por Cataluña sin el aval de la CNT. Todo era nuestro, absolutamente todo. Companys decía que mandáramos, que dijéramos que había que hacer, que él estaba dispuesto a refrendar políticamente frente a España y el extranjero nuestra obra revolucionaria. ¿Qué queda, señor Companys, de aquellos propósitos suyos?. Nada. Se quiso ganar tiempo al tiempo, para que se rehicieran las fuerzas político-conservadoras de la democracia burguesa y el centralismo socialista, marca Moscú.

Y después de que el tiempo tenía que ser el mejor ayudante de la clase media y la burocracia, contra la CNT y la FAI, nuestros deslices durante los meses de colaboración antifascista hicieron el resto, para llegar a la grave situación actual. ¿Cuántas han sido las fallas que hemos tenido durante el lapso de tiempo mencionado?. ¡Tantas que sería interminable enumerarlas!. En el terreno de Abastos dejamos campar por sus respetos a todos los logreros y agiotistas de la región, en vez de habernos incautado, como medida de guerra, de toda la industria de la alimentación de las principales comarcas y ciudades de Cataluña, para no llegar al caos actual en este problema.

Hoy no se puede comer con un sueldo mediano en Cataluña. Sin embargo, los hoteles y restaurantes de lujo rebosan de manjares. Esto es un insulto al hambre del pueblo y sobre todo a los familiares de los milicianos que luchan. Los cafés de lujo, repletos de vagos, eternamente sentados en las mesas, en vez de coger un fusil ó un azadón en el campo. La burocracia a la orden del día, en todos los centros oficiales, en los cuales reina el desbarajuste y la incapacidad más palmaria. La mendicidad y la prostitución en plena vía pública. Una industria de guerra en mantillas. El campo nos odia, porque solo nos hemos preocupado de vivir bien en las ciudades, y sobre todo en esta pútrida Barcelona, repleta de aburguesados comités de control, que cogen el coche incluso para sus quehaceres particulares. ¿Esto es la revolución?. Para esto no hacía falta pasar tanta calamidad antes del 19 de Julio, y perder tantas vidas dicho día y después.

Pero basta de lamentaciones y análisis retrospectivos, ya que lo que interesa es el hoy y el mañana. Debemos coger Abastos, de grado o por fuerza; debemos suprimir los hoteles y cafés; los dancing y la prostitución. Establecer el jornal familiar. Que los capitales de cada industria sean propiedad del Sindicato respectivo. Municipalizar la vivienda. El jornal familiar ha de alcanzar a todo el mundo. Intervenir, como medida de guerra, todo el grande y pequeño comercio de la alimentación, para restablecer el orden en la retaguardia, aunque el que no esté conforme con esta medida y lleve el carnet que lleve grite cuanto quiera. Aumentar la jornada de trabajo, y rebajar los sueldos de los paniaguados, para que todo el mundo coma. Y el que no encuentre acomodo en la ciudad en un trabajo útil que coja el tren, que en el campo hace falta gente para que los compañeros campesinos no trabajen tantas horas. Esta es la obra que precisa realizar contra todos los políticos hipócritas que pretenden aplastar a la CNT y a la FAI.

(Francisco Pellicer. “La Noche” 14-4-1937)

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