Los Amigos de Durruti, los trotsquistas y los sucesos de Mayo 09 • La Agrupación “Los Amigos de Durruti” tras los hechos (continuación).

(Viene de “08 • La Agrupación ‘Los amigos de Durruti’ tras los hechos“)

Nosotros, “agentes provocadores…

columnadurruti…e irresponsables”; propugnamos:

  1. Dirección de la vida social por los Sindicatos.
  2. Municipio Libre.
  3. El ejército y el orden público han de estar controlados por la clase trabajadora.
  4. Disolución de los Cuerpos Armados.
  5. Mantenimiento de los Comités de Defensa y de las Consejerías de Defensa.
  6. Las armas han de estar en poder del proletariado. Los fusiles son la garantía máxima de las conquistas revolucionarias. Nadie más que la clase trabajadora puede disponer de ellas.
  7. Abolición de las jerarquías.
  8. Batallones de fortificación integrados por los enemigos del proletariado.
  9. Sindicación forzosa.
  10. Bolsa de Trabajo. Cese de recomendaciones para conseguir trabajo.
  11. Carta de racionamiento.
  12. Trabajo obligatorio.
  13. En la retaguardia se ha de vivir para la guerra.
  14. Socialización de todos los medios de producción y cambio.
  15. Lucha a muerte contra el fascismo y sus encubridores.
  16. Depuración de la retaguardia.
  17. Creación de los Comités de vecinos.
  18. Implantación inmediata del salario familiar sin excepciones burocráticas.
  19. La Guerra y la revolución ha de alcanzar a todos por igual.
  20. Supresión del Parlamento burgués.
  21. Supresión de pasaportes.
  22. Movilización frente a la contrarrevolución.
  23. Desobediencia total a las medidas coactivas del Estado: tales como la aplicación de la censura, desarme de los trabajadores. incautación de las emisoras de radio por el Estado, etc.
  24. Oposición decidida a que los medios de producción sean Municipalizados, mientras la clase trabajadora no sea dueña absoluta del país.
  25. Retorno al sentido ampliamente revolucionario de nuestras organizaciones.
  26. Oposición total a la colaboración gubernamental por ser totalmente contraproducente para la emancipación del proletariado.
  27. Guerra a muerte a los especuladores, a los causantes del alza de las subsistencias.
  28. En pie de guerra contra todo armisticio.

En defensa propia. Necesito una aclaración.

La polémica suscitada por las jornadas de mayo ha dado pie a una disputa algo encrespada. En el diálogo hemos intervenido los Amigos de Durruti y los comités regionales de la CNT y de la FAI amén de la Federación Local de Sindicatos Unidos. Los camaradas responsables de Los Amigos de Durruti hemos dado un tono revolucionario a las discrepancias, rehuyendo el sentido personalista que por parte de algunos camaradas se le ha querido dar. En determinadas ocasiones casi se nos ha maltratado. No voy a hacerme eco de versiones infamantes. Pero sí que no puedo silenciar que en torno a mi persona se ha forjado una leyenda de marxismo que desearía que se rectificarse.

En Fragua Social, de Valencia, se ha afirmado que yo soy marxista. En otros voceros se ha recogido esta insinuación de Fragua Social y se ha sostenido que nuestra Agrupación era una amalgama de marxistas y otras raíces similares. En un pleno de grupos anarquistas tuve que mor-derme los labios para no contestar a un camarada que recordaba que yo procedía de un campo político. Y tambien me resigné a escuchar de labios de otro asis-tente al pleno, que yo era un despechado. Hace tiempo que desde Solidaridad Obrera se me dijo lo mismo. No hice caso. Más tarde, a propósito de la aparición de un semanario que dirigía E. Carbó al que ayudaba como redactor, se me trataba de la misma condición. Y en diversas ocasiones he tenido que ser motejado con el mismo epíteto.

Pregunto a los camaradas que tal insinuación han lanzado, ¿el por qué me llaman marxista? ¿Es por ventura que yo sea marxista, porque soy un enemigo acérrimo de los partidos políticos pequeños burgueses y de toda la gentuza que en nombre de la revolución se han lucrado y todavía se lucran a pesar de que se derrama la sangre a torrentes en los campos de batalla? ¿Se me llama marxista porque soy anticolaboracionista y porque comprendo que nuestra posición fortalece, tan sólo, a nuestros adversarios? ¿Se me llama marxista porque yo he tenido la franqueza de escribir y de llevar a la luz pública, lo que otros camaradas sólo se atreven a decir en las mesas de café? ¿Por qué se me achaca tal condición? ¿Es debido a que yo en mayo consideré que debía llevarse adelante el movimiento hasta la total anulación de la Generalitat? ¿Será por mi criterio de que la sangre no ha de derramarse estérilmente y que cuando se exige el sacrificio a la clase trabajadora ha de ser para beneficiarse, pero no para perder posiciones?. Necesito una aclaración.

Es preciso que se me diga si es que se me considera como un camarada el por qué se me ha dicho marxista. No me refiero a la palabra de agente provocador porque sobre esto hay un compromiso firme de que ambas partes rectificarían los epítetos lanzados. Los Amigos de Durruti en el pasado número rectificamos el concepto de traición, en aras de la unidad anarquista y revolucionaria. Y ESPERAMOS QUE LOS COMITES rectificarán el concepto de agentes provocadores. Es de justicia.

Es para mí doloroso que en el momento actual que vivimos haya quien se atreva a llamarme marxista cuando yo podría refutar con argumentos incontrovertibles a quienes me enjuician con una expresión que está fuera de lugar. Yo que asisto a las asambleas de los sindicatos y que acudo a reuniones específicas, podría hablar de la pérdida de sentido de clase que he observado en diversas ocasiones. He oído decir que teníamos que hacer política —así, camaradas— en un sentido abstracto, y casi nadie ha protestado. Yo que me he horrorizado ante un sinfín de casos se me llama marxista porque me siento revolucionario, cien por cien. Es penoso hacerse la defensa propia. Pero mi pluma que ha defendido siempre con calor a la CNT y a la FAI, es justo y lógico que un día sirva para defender mi honradez y mi propia vida. Voy a recordar unos pasajes de mi acción. A la vuelta de mi exilio de tierras francesas en la época de Primo de Rivera combatí a la Generalitat en un instante que podían enchufarme y desde entonces que defiendo a la CNT y a la FAI A pesar de estar paralítico he pasado por la cárcel y he ido esposado en una conducción a Madrid por defender con cariño y tesón a nuestras organizaciones, y por combatir a quienes antes eran amigos míos. ¿No es suficiente esto?.

Siempre se me ha mirado con cierto recelo. Yo, camaradas, no he salido del taller ni de la fábrica. Procedo de familia burguesa. Era estudiante de medicina. Y a través de la sala de dirección, de los hospitales, de las cárceles y del destierro he ido superando mi procedencia hasta llegar a identificarme en absoluto con el proletariado. ¿Donde está mi marxismo? ¿Será por qué no he salido de una fábrica? ¿Qué culpa tengo yo que haya nacido en una mansión dorada?. En cambio puedo afirmar que mi vida ha sido presidida por una absoluta honradez y que no me he lucrado nunca de nada. En una palabra, que no soy un aprovechado como hay tantos. Ha llegado la hora de aclarar mi situación. No es bastante con decir que el asunto está zanjado. Es necesario que resplandezca la verdad. Por lo que a mí me atañe, me dirijo a todos los camaradas que desde la prensa hayan lanzado tal afirmación a que me digan el por qué yo soy marxista. No se trata de ventilar cuestiones personales. Es mi propia honradez la que está en litigio. Necesita una aclaración.

Por JAIME BALIUS (El Amigo del Pueblo n° 4 p. 3 22 – 6 – 37 [en el mismo no, p. 2 se anuncia la detención de Balius a causa de sus artículos])

Hacia una nueva revolución.

19 de julio. folleto publicado, sin autor ni fecha ni lugar (¿Balius, Barcelona, 1937?)

Se ha teorizado mucho en torno de julio. Los burgueses demócratas, y los marxistas, aseguran que la explosión popular de julio ha de catalogarse como un acto de legítima defensa que realizó el proletariado al verse acosado por su mayor enemigo. En torno de esta tesis se argumenta que no puede considerarse julio como una manifestación típicamente revolucionaria y de clase. La tesis de nuestros antípodas es falsa. Las revoluciones se producen en una fecha imprevista pero siempre están precedidas por un largo periodo de gestión. En abril se cerró un paréntesis y se abrió otro. Y este segundo paréntesis, lo encabezó precisamente, en abril, la clase trabajadora y todavía sigue en las avanzadillas de la Revolución. De no haberse lanzado el proletariado a la calle en julio, lo hubiese practicado fechas más tarde, pero no hubiese desistido de su noble empeño de redimirse del yugo burgués. La pequeña burguesía sustenta que en las jornadas de julio nos encontramos todos los sectores de la vida pública. Pero les hemos de recordar que si la CNT y la FAI no hubiesen acudido a los lugares de peligro se hubiera repetido la astracanada del octubre barcelonés.

En Cataluña predominan los trabajadores que están organizados en la CNT. Los que niegan esta realidad es que desconocen o se empeñan en ignorar la historia de la CNT en el suelo catalán. La Revolución de julio fue una revolución impulsada por los trabajadores y por lo tanto de clase. La pequeña burguesía actuó de apéndice y nada más. Tanto en la calle como en teoría. Pero existen razones de tanto o más peso. El recuerdo de las conmociones de tipo político que capitaneó el capitalismo en los siglos XVII, XVIII y XIX se ha esfumado y desvanecidas, además, las ilusiones democráticas pequeño burguesas por los resultados habidos en los ensayos precedentes 1873. abril. Febrero en España no cabía otra revolución que la de tipo social que amaneció esplendorosa en julio. La experiencia de abril es definitiva. Bastaba para que no incurriésemos en nuevos errores. No nos referimos exclusivamente a la represión de que fuimos objeto. Nos ceñimos a la trayectoria disparada que patrocinaron los marxistas.

¿Cómo se comprende que en la revolución de julio se hayan repetido los desaciertos que hemos criticado centenares de veces? ¿Cómo es que en julio no se propugne por una revolución de clase? ¿Cómo es que las organizaciones obreras no asumieron la máxima responsabilidad del país? La inmensa mayoría de la población trabajadora estaba al lado de la CNT La organización mayoritaria, en Cataluña, era la CNT ¿Qué ocurrió para que la CNT no hiciese su Revolución que era del pueblo, la de la mayoría del proletariado?

Sucedió lo que fatalmente tenía que ocurrir. La CNT estaba huérfana de teoría revolucionaria. No teníamos un programa concreto. No sabíamos adonde íbamos. Mucho lirismo, pero en resumen de cuentas, no supimos que hacer con aquellas masas enormes de trabajadores, no supimos dar elasticidad a aquel oleaje popular que se volcaba en nuestras organizaciones y por no saber qué hacer entregamos la Revolución en bandeja a la burguesía y a los marxistas, que mantuvieron la farsa de antaño, y lo que es mucho peor, se ha dado margen para que la burguesía volviera a rehacerse y actuase en plan de vencedora.

No se supo valorizar la CNT No se quiso llevar adelante la Revolución con todas sus consecuencias. Se temieron las escuadras extranjeras alegando que los barcos de la escuadra inglesa enfilarían el puerto de Barcelona. ¿Es que se ha hecho alguna Revolución sin tener que afrontar innúmeras dificultades? ¿Es que hay alguna Revolución en el mundo de tipo avanzado que haya podido eludir la intervención extranjera? Partiendo del temor y dejándose influenciar por la pusilanimidad no se llega nunca a la cima. Solamente los audaces, los decididos, los hombres de corazón, pueden aventurarse a las grandes conquistas. Los temerosos no tienen derecho a dirigir las multitudes, ni a salir de casa. Cuando una organización se ha pasado toda la vida propugnando por la Revolución, tiene la obligación de hacerla cuando precisamente se presenta una coyuntura.

Y en julio había ocasión para ello. La CNT debía encaramarse en lo alto de la dirección del país, dando una solemne patada a todo lo arcaico, a todo lo vetusto, y de esta manera hubiésemos ganado la guerra y hubiéramos salvado la Revolución. Pero se procedió de una manera opuesta. Se colaboró con la burguesía en las esferas estatales en el preciso momento que el Estado se cuarteaba por los cuatro costados. Se robusteció a Companys y a su séquito. Se inyectó un balón de oxigeno a una burguesía anémica y atemorizada. Una de las causas que más directamente ha motivado la yugulación de la Revolución y el desplazamiento de la CNT es el haber actuado como sector minoritario a pesar de que en la calle disponíamos de la mayoría. En esta tesitura minoritaria, la CNT no ha podido hacer valer sus proyectos, viéndose constantemente saboteada y envuelta en las redes de la política turbia y falaz. Y en la Generalidad, y en el Municipio, disponía de menos votos que los otros sectores, siendo así que el número de afiliados de nuestras organizaciones era mucho superior.

Y además, la calle la ganamos nosotros. ¿Por qué la cedimos tan tontamente? Por otra parte afirmamos que las revoluciones son totalitarias por más que haya quien afirme lo contrario. Lo que ocurre es que diversos aspectos de la Revolución se van plasmando paulatinamente pero con la garantía de que la clase que representa el nuevo orden de cosas es la que usufructúa la mayor responsabilidad. Y cuando se hacen las cosas a medias, se produce lo que estamos comentando, el desastre de julio. En julio se constituyó un comité de milicias antifascistas. No era un organismo de clase. En su seno se encontraban representadas las fracciones burguesas y contrarrevolucionarias. Parecía que enfrente de la Generalidad se había levantado el comité susodicho. Pero fue un aire de bufonada. Se constituyeron las patrullas de control. Eran hombres de las barricadas, de la calle. Se tomaron las fábricas, las empresas, los talleres, y se arrebató la presa al latifundismo. Se crearon comités de defensa de barriada, municipales, comités de abastos. Han transcurrido dieciséis meses. ¿Qué resta? Del espíritu de julio, un recuerdo. De los organismos de julio, un ayer. Pero queda en pie todo el tinglado político y pequeño burgués. En la Plaza de la República de la capital catalana persiste la maraña de unos sectores que sólo pretenden vivir a espaldas de la clase trabajadora.

3 de Mayo

Ha sido en el perímetro catalán en donde se ha esforzado mas la contrarrevolución en aplastar las esencias revolucionarias de julio. La Cataluña industrial, por su configuración económica, permitía concentrar grandes masas de trabajadores educados en un ambiente clasista, de fábrica, de taller. Esta idiosincrasia de los centros fabriles es de un alto sentido halagüeño para la consecución de las reinvindicaciones revolucionarias. La población laboriosa de Cataluña dio vida en julio a una nueva tónica social. Resurgió un proletariado indómito que poseía el adiestramiento de largos años de lucha en los cuadros confederales. La Revolución social en Cataluña podía ser un hecho.

Además, este proletariado revolucionario podía haber servido de contrapeso a un Madrid burocrático y reformista y a la influencia de una Vizcaya católica. Pero los acontecimientos tomaron otro giro. En Cataluña no se hizo la revolución. La pequeña burguesía que en las jornadas de julio se escondió en las trastiendas al percatarse de que el proletariado era nuevamente víctima de unos líderes sofistas se aprestó a dar la batalla. Lo chocante del caso es que al hablar de mesocracia nos hemos de referir a los marxistas que han arramblado con todos los tenderos y con los 120.000 votantes de la Lliga. El socialismo en Cataluña ha sido funesto. Han nutrido sus filas con una base adversa a la Revolución. Han capitaneado la contrarrevolución. Han dado vida a una UGT mediatizada por el G.E.P.C.I. Los líderes marxistas han entonado loas a la contrarrevolución. Y en torno del frente único han esculpido frases, eliminando primeramente al POUM y más tarde han intentado repetir la hazaña con la CNT. Las maniobras de la pequeña burguesía, aliada de los socialistas-comunistas, culminaron en los sucesos de mayo.

Distintas versiones han corrido acerca de mayo. Pero la verídica es que la contrarrevolución pretendía que la clase trabajadora saliera a la calle en un plan de indecisión para aplastarla. En parte, lograron sus propósitos por la estulticia de unos dirigentes que dieron la orden de alto el fuego y motejaron a los Amigos de Durruti de agentes provocadores cuando la calle estaba ganada y eliminado el enemigo. La contrarrevolución sentía un interés evidente de que el orden público pasase a depender del Gobierno de Valencia. Se logró, gracias a Largo Caballero y es de remarcar que en aquel entonces la CNT disponía de cuatro ministros en las esferas gubernamentales. También se ha señalado que la pequeña burguesía había tramado un plan de intervención extranjera con la excusa de unos disturbios. Se aseguró que las escuadras extranjeras dirigían su proa a Barcelona. Y hasta se ha hablado de divisiones motorizadas del ejército francés que estaban a punto de intervenir en los puestos fronterizos. Y a esto puede agregarse la labor conspiradora de determinados políticos que se encontraban en la capital francesa.

El ambiente estaba enrarecido. Se rasgaban los carnets de la CNT. Se desarmaba a los militantes de la CNT y de la FAI. Se producían continuados choques que no desembocan en sucesos de mayor gravedad por pura casualidad. Las provocaciones que hubimos de soportar los trabajadores fueron múltiples. Las bravatas de la mesocracia emergían a la superficie sin tapujos ni rodeos. La muerte de un militante socialista —de Roldán— fue aprovechada para celebrar una manifestación monstruo en la que tomó parte toda la chusma contrarrevolucionaria. Todas las anomalías eran achacadas a la CNT. De todos los desmanes se culpaba a los anarquistas. La escasez de los artículos alimenticios era atribuida a los comités de abastos.

El día 3 de Mayo se produjo la explosión. El comisario de orden público Rodríguez Salas —con el visto bueno de Aguadé— irrumpe al frente de una sección de guardias de asalto en la Telefónica e intenta desarmar a los camaradas de la CNT a pesar de que en la Telefónica existía un control de las dos sindicales. La hazaña del provocador Rodríguez Salas —del P.S.C.C.— fue un toque de clarín. En pocas horas se levantaron barricadas en todas las calles de la ciudad de Barcelona. Empezó el crepitar de los fusiles, sonó el tableteo de las ametralladoras, retumbó en el espacio el estampido de los cañones y de las bombas. La lucha se decidió en pocas horas a favor del proletariado enrolado en la CNT que como en julio defendía sus prerrogativas arma al brazo. Ganamos la calle. Era nuestra. No había poder humano que nos la pudiese disputar. Las barriadas obreras cayeron inmediatamente en nuestro poder. Y poco a poco el reducto de los contrincantes quedó circunscrito a una parte del casco de la población —el centro urbano— que pronto se hubiese tomado de no haber ocurrido la defección de los comités de la CNT.

Nuestra Agrupación al percatarse de la indecisión que se había manifestado en el curso de la lucha y de la falta de dirección tanto callejera como orgánica, lanzó una octavilla y más tarde un manifiesto. Se nos tildó de agentes provocadores porque exigíamos el fusilamiento de los provocadores, la disolución de los cuerpos armados, la supresión de los partidos políticos que habían armado la provocación, amén de la constitución de una junta revolucionaria, de recabar la socialización de la economía y de reclamar todo el poder económico para los sindicatos. Nuestra opinión expuesta en aquellos instantes álgidos, a través de la octavilla y del manifiesto radicaba en que no se abandonasen las barricadas sin condiciones pues se iba a producir el primer caso en la historia de que un ejército victorioso cediese el terreno al contrincante. Se necesitaban garantías de que no seríamos perseguidos.

Pero los capitostes de la CNT aseguraban que los representantes de la organización en la Generalitat velarían por la clase trabajadora. No obstante, ocurrió la segunda parte de lo que había acaecido horas antes en Valencia. Se abandonaron las barricadas sin que se nos hiciera caso. A medida que fue serenándose el horizonte catalán se fueron conociendo los desmanes cometidos por los marxistas y por la fuerza pública. Teníamos razón. El camarada Berneri fue sacado de su domicilio y muerto a tiros en plena calle; treinta cama-adas aparecieron horriblemente mutilados en Sardañola; el camarada Martínez, de las Juventudes Libertarias, perdió su vida de una manera misteriosa en las garras de la Checa, y un crecido número de camaradas de la CNT y de la FAI fueron vilmente asesinados. Hemos de recordar que cl profesor Berneri era un culto camarada italiano de esta Italia antifascista que nutre las listas de deportación, los cementerios y los campos de concentración y a la par que sus camaradas antifascistas no podía permanecer en la Italia de Mussolini. Una intensa ola represiva siguió a estos asesinatos. Detenciones de camaradas por las jornadas de julio y de mayo; asaltos de sindicatos, de colectividades, de los locales de Amigos de Durruti, de las Juventudes libertarias, del POUM. Un suceso ha de remarcarse. La desaparición y muerte de Andrés Nin. Ha transcurrido más de medio año y el Gobierno todavía ha de aclarar el pretendido misterio que rodea el asesinato de Nin. ¿Se sabrá algún día quien ha matado a Nin?.

Después de mayo la contrarrevolución se sintió más fuerte que nunca. Las potencias extranjeras ayudaron a esta reacción mesocrática. A los pocos días se constituye el Gobierno Negrín que nació con dos objetivos: el aniquilamiento de la fracción revolucionaria del proletariado y la preparación de un abrazo de Vergara. Y en Cataluña se constituyó un gobierno de Secretarios de partidos políticos y de organizaciones sindicales hasta que Luis Companys arrojó de la Generalitat a los representantes de la CNT.

Los sucesos de mayo tienen unas características muy distintas a las de julio. En mayo el proletariado se batió con un espíritu netamente de clase. No había duda de que la clase trabajadora quería radicalizar la Revolución. Por más que la prensa reaccionaria trate de empañar la naturaleza de mayo pasará a la historia como un gesto rápido y oportuno del proletariado que sintiendo amenazada la Revolución salió a la calle a salvarla y a revalorizarla. En mayo estábamos a tiempo de salvar la Revolución. Quizás muchos se arrepientan en estos históricos momentos, de haber hecho cesar el fuego. Y sino que claven la vista en las cárceles abarrotadas de trabajadores. La Agrupación de Amigos de Durruti cumplió con su deber. Fuimos los únicos que estuvimos a la altura de las circunstancias. Supimos prever los resultados. Nunca podrá olvidarse mayo. Fue un aldabonazo más fuerte que ha propinado la clase trabajadora en los pórticos burgueses. Los historiadores, al hablar de las Jornadas de mayo tendrán que hacer justicia al proletariado catalán que sentó en aquellas jornadas los jalones de una nueva etapa que ha de ser proletaria, cien por cien.

Nuestra posición

Es un momento de concretar. Vamos a hacerlo con arreglo a cada uno de los problemas que plantea la situación presente.

Ante el problema de la guerra somos partidarios de que el ejército esté absolutamente controlado por la clase trabajadora. No nos merecen la menor confianza los oficiales procedentes del régimen capitalista. Se han producido numerosas deserciones y la mayoría de los desastres que hemos encajado es debido a traiciones evidentes de los mandos.

Y por lo que atañe al ejército, propugnamos por un ejército revolucionario y dirigido exclusivamente por los trabajadores; y en el caso de emplear algún oficial ha de estar bajo un control riguroso. Reclamamos la dirección de la guerra para los trabajadores. Tenemos motivos suficientes para ello. Las derrotas de Toledo, de Talavera, la pérdida del Norte y la de Málaga, denota una falta de competencia y de honradez en las esferas gubernamentales por las siguientes razones.

El Norte de España se podía salvar adquiriendo el stock de material bélico que para hacer frente al enemigo se requería. Y para eso habían medios. Las reservas de oro del Banco de España permitían abarrotar el suelo español de armamento. ¿Por qué no se hizo? Había tiempo para ello. No ha de olvidarse que el control de no intervención no empezó a contar hasta el cabo de unos meses de haber estallado la conflagración española.

La dirección en los asuntos bélicos ha sido un desastre. La actuación de Largo Caballero es funesta. Es el responsable de que el frente de Aragón no haya dado el rendimiento apetecido. Su oposición a que se armase el sector aragonés ha impedido que Aragón se salvase de las garras del fascismo, y al mismo tiempo que se pudiera descongestionar los frentes de Madrid y del Norte. Y fue Largo Caballero quien manifestó que dar armas al frente aragonés era tanto como entregarlas a la CNT.

Somos enemigos de la colaboración con los sectores burgueses. No creemos que se pueda abandonar el sentido de clase. Los trabajadores revolucionarios no han de desempeñar cargos oficiales ni han de aposentarse en los ministerios. Se puede colaborar mientras dure la gue-rra en los campos de batalla, en las trincheras, en los parapetos, y produciendo en la retaguardia. Nuestro lugar está en los sindicatos, en los lugares de trabajo, manteniendo el espíritu de rebeldía que aflorará en la primera ocasión que se presente. Es es-te el contacto que hemos de mantener.

No ha de participarse en las combinaciones que urden los políticos burgueses de consumo con las cancillerías extranjeras. Es tanto como fortalecer a nuestros adversarios y apretar más el dogal capitalista. No más carteras. No más ministerios. Volvamos a los sindicatos y al pie de los útiles de trabajo.

Propugnamos la unidad del proletariado. Pero entiéndase bien, esta unidad ha de realizarse entre trabajadores y no con burócratas o con enchufistas. En el instante actual es factible una inteligencia de la CNT con la fracción revolucionaria de la UG.T Y no creemos realizable una entente con la UGT de Cataluña ni con los prietistas.

La socialización de la economía es indispensable para el triunfo de la guerra y para el encauzamiento de la revolución. No puede perseverar la desligazón actual. Ni puede conceptuarse beneficioso que los distintos centros de producción no marchen de una manera coordinada. Pero han de ser los trabajadores quienes lo realicen.

El problema religioso ni debe removerse. El pueblo ya dijo su última palabra. No obstante parece que se tiende a abrir de nuevo los templos. La puesta en vigor de la libertad de cultos y las misas celebradas, nos da pábulo para suponer que los gobernantes se olvidan de las grandes jornadas incendiarias.

La distribución de los productos ha de racionarse de una manera absoluta. No puede tolerarse que los trabajadores no puedan comer mientras que los acau-dalados hallan comida en los restaurantes controlados por la propia clase trabajadora. Se ha de socializar la distribución, junto con un racionamiento riguroso.

La burocracia ha de desaparecer. Los miles de burócratas que han llegado a Barcelona revela una de las mayores plagas que sufrimos. En lugar del burócrata ha de haber un trabajador. Y como burócrata entendemos el holgazán, el individuo de café. Supresión absoluta de la burocracia.

Los sueldos fabulosos han de desaparecer inmediatamente. Es un escarnio que los milicianos cobren diez pesetas diarias y en cambio existen sueldos cuantiosos que los cobran los burócratas. Azaña y Companys perciben los sueldos de antaño.

Nosotros queremos que se implante el salario familiar. Y que se acabe de una vez esta irritante desigualdad. La justicia ha de ejercerla el pueblo. No puede consentirse la desviación surgida en este terreno.

De los primeros tribunales de clase se ha caído en unos organismos integrados por los magistrados de carrera. Y volvemos a estar como antes. Y ahora se suprimirán los jurados. La Justicia proletaria solamente pertenece a los trabajadores.

El agro español se ha de encauzar en un sentido socializador. El saboteo de las colectividades ha entorpecido enormemente la vida de nuestro suelo y ha favorecido la especulación. El intercambio de la ciudad con el campo acercará los campesinos a la clase proletaria. Y se vencerá esta mentalidad del trabajador del campo que está habituado a cultivar un coto determinado.

Los problemas culturales, como cualquier otro aspecto referente a cualquier actividad del país, sea de carácter social, cultural o económico, incumbe de una manera cerrada a los trabajadores que son quienes han forjado la nueva situación.

El orden revolucionario lo ejercerán los obreros. Exigimos la disolución de los cuerpos uniformados que no son ninguna garantía para la revolución. Los sindicatos han de avalar a los encargados de velar por el nuevo orden que queremos implantar.

Por lo que atañe a la política internacional no aceptaremos ningún armisticio. Y por lo que refiere a la propaganda de nuestra Revolución entendemos que ha de efectuarse en los medios de producción del extranjero y no en las cancillerías y mucho menos en los cabarets.

A los trabajadores extranjeros se les ha de hablar en un lenguaje revolucionario. Hasta ahora se ha empleado un léxico democrático. Se ha de inculcar a las organizaciones obreras, de todo el mundo, que es necesario que se muevan; que saboteen los productos fascistas; que se nieguen a embarcar materias primas o material bélico para los asesinos del pueblo español. Y que se manifiesten en la calle, que exijan de sus gobiernos respectivos que se dé un trato de justi-cia a la causa que estamos defendiendo que es la cau-sadel proletariado mundial.

Documental “Ni peones, ni patrones” de Hanneke Willemse, Jan Groen y Leen van den Berg.

Nuestro programa

Las revoluciones no pueden ganarse si están ausentes de unas directrices y de objetivos inmediatos. En la revolución de julio hemos podido constatar esta falta. La CNT a pesar de tener la fuerza no supo cincelar la gesta que con un carácter de espontaneidad se manifestó en la calle. Los mismos dirigentes se encontraron sorprendidos ante unos acontecimientos que para ellos había de catalogarse como algo imprevisto.

No se supo que camino seguir. Faltó una teoría. Habíamos pasado una serie de años moviéndonos en torno de abstracciones. ¿Qué hacer? se preguntarían los dirigentes de aquella hora. Y se dejaron perder la Revolución.

En estos instantes supremos no hay que vacilar. Pero hay que saber adonde se va. Y este vacío lo queremos llenar nosotros, pues entendemos que no se puede repetir lo que ocurrió en julio y en mayo.

En nuestro programa introducimos una ligera variante dentro del anarquismo. La constitución de una junta revolucionaria. La Revolución a nuestro entender necesita de organismos que velen por ella y que repriman, en un sentido orgánico a los sectores adversos que las circunstancias actuales nos han demostrado que no se resignan a desaparecer si no se les aplasta.

Puede que haya camaradas anarquistas que sientan ciertos escrúpulos ideológicos pero la lección sufrida es bastante para que nos andemos con rodeos. Si queremos que en una próxima Revolución no ocurra exactamente lo mismo que en la actual se ha de proceder con la máxima energía con quienes no están identificados con la clase trabajadora.

Hecho este ligero preámbulo vamos a trazar nuestros puntos programáticos.

I.-Constitución de una Junta revolucionaria o Consejo Nacional de defensa.

Este organismo se constituirá de la siguiente manera: Los miembros de la Junta Revolucionaria se elegirán democráticamente en los organismos sindicales. Se tendrá en cuenta el número de camaradas desplazados al frente que forzosamente habrán de tener representación. La junta no se inmiscuirá en los asuntos económicos que atañen exclusivamente a los sindicatos.

Las funciones de la junta revolucionaria son las siguientes:

  • a) Dirigir la guerra.
  • b) Velar por el orden revolucionario.
  • c) Asuntos internacionales.
  • d) Propaganda revolucionaria.

Los cargos serán renovados periódicamente para evitar que nadie tenga apego al mismo. Y las Asambleas sindicales ejercerán el control de las actividades de la junta.

II.- Todo el poder económico a los sindicatos.

  • Los sindicatos han demostrado desde julio su gran poder constructivo. Si no se les hubiese relegado a un papel de segunda fila, hubieran dado un gran rendimiento. Serán las organizaciones sindicales quienes estructuren la economía proletaria.
  • Teniendo en cuenta las modalidades de los sindicatos de Industria y las federaciones de Industria, podrá además crearse un Consejo de Economía con el objeto de coordinar mejor las actividades económicas.

III.-Municipio Libre.

  • En la España que precede a las dinastías extranjeras se defendía con gran tesón las prerrogativas municipales. Esta descentralización permite evitar que se levante un nuevo armazón estatal. Y aquel esbozo de libertades que sucumbió en Villalar resurgirá en la nueva España que patrocina el proletariado. Y se resolverán los llamados problemas catalán, vasco…
  • Los Municipios se encargarán de las funciones sociales que se escapan de la órbita de los sindicatos. Y como vamos a estructurar una sociedad netamente de productores serán los propios organismos sindicales quienes irán a nutrir los centros municipales. Y no habiendo disparidad de intereses no podrán existir antagonismos.
  • Los municipios se constituirán en federaciones locales, comarcales y peninsular. Los sindicatos y los Municipios establecerán relaciones en el área local, comarcal y nacional.

Hacia una nueva Revolución

El descenso de la revolución de julio ha sido rápido. Ninguna de las revoluciones que se consideran como el arquetipo de las conmociones sociales sufrió un declive tan vertiginoso. No puede teorizarse en torno de la sucesión escalonada de hechos porque la revolución ya no existe. Es forzoso abrir nuevamente brecha en la cantera inagotable de la España proletaria. Hay que volver a empezar. Las revoluciones se repiten en nuestro país con mucha frecuencia. Algunas veces se intentan sin ambiente y sin posibilidades de triunfo. El momento sicológico e insurreccional se ha de saber escoger. De la elección acertada depende el éxito. No es fácil hacer profecías. ¿Quién es capaz de adivinar cuando será posible un nuevo julio o bien un nuevo mayo?. No obstante presumimos que en España volverán a producirse acontecimientos.

Si la guerra sigue en un terreno desfavorable, se habrá de echar por la borda a todos los políticos que están buscando la manera de pactar una tregua y un abrazo. Buena prueba de ello es el sabotaje a la guerra, a las industrias de guerra y el maremágnum de abastos, amén de la carestía de los artículos alimenticios que patrocinan los gobernantes para crear un ambiente favorable a sus planes de yugulación.

Puede ocurrir que se pacte un abrazo. Será una ocasión para oponerse a ello con las armas.

Y en el caso de que se gane la guerra, a la vuelta de los camaradas del frente se reavivarán los problemas que en la actualidad tienen de sí una agudeza enorme. ¿Cómo se resolverán? ¿Cómo se convertirá la industria de guerra en una industria de paz? ¿Se dará trabajo a los combatientes? ¿Se atenderán a todas las víctimas? ¿Se resignará la oficialidad a renunciar sus prebendas? ¿Se podrán reconquistar los mercados?

Los tres momentos que hemos descrito matizan distintas posiciones. No podemos predecir cual de ellas prevalecerá. No obstante, el problema radica en preparar un nuevo levantamiento para que el proletariado asuma de una manera neta la responsabilidad del país. No se nos puede motejar de nerviosos. El momento actual no tiene nada de revolucionario. La contrarrevolución se siente con arrestos para cometer toda clase de desmanes.

Las cárceles están repletas de trabajadores. Las prerrogativas del proletariado están en franco declive. A los obreros revolucionarios se nos da un trato de inferioridad. El lenguaje de los burócratas con uniforme o sin él, es intolerable. Y no repitamos lo de los asaltos a los sindicatos. No queda otro camino que el de la Revolución. Vayamos a su preparación. Y en el fragor de una nueva gesta nos volveremos a encontrar en la calle los camaradas que hoy batallan en los frentes, los camaradas que yacen tras rejas y los camaradas que en la hora actual aun no han perdido la esperanza de una Revolución que rinda justicia a la clase trabajadora.

¡A la consecución de una nueva Revolución que dé satisfacción completa a los trabajadores de la ciudad y del campo!

¡A la consecución de una sociedad anarquista que dé satisfacción a las aspiraciones humanas!

¡Adelante, camaradas!

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