Los Amigos de Durruti, los trotsquistas y los sucesos de Mayo 10 • Tribuna libre de L’Espagne Nouvelle

(Viene de “09 • La Agrupación ‘Los amigos de Durruti’ tras los hechos (continuación)“)

La cita siguiente de Camillo Beneri da la orientación de este periódico:

“El no 8 de Guerra di Classe saldrá cuando pueda. El Comité (CNT – FAI) ha actuado como en el caso de L’Espagne Nouvelle y no quiero insistir.

(Pensieri e Battaglie, París, 1938, p. 261-262)

O sea un grupo francés, con André Prudhommeaux, publicaba un periódico en lengua francesa en Barcelona y dado que criticaba las desviaciones de la CNT-FAI, le cortaron el papel. Ante esto, el grupo se fue á Nimes en Francia para continuar con el título de L’Espagne Nouvelle.

espagne-nouvelle

¿A favor o en contra de “Los Amigos de Durruti”

I  – en contra

En Barcelona, hacia el principio del año 1937 se formó en el seno de la CNT la agrupación llamada “Los Amigos de Durruti”. Se caracterizaba por una actitud de violenta oposición: oposición al gobierno, a los dirigentes de la CNT, a la militarización, a las dejaciones políticas, etc…

Las Juventudes Libertarias, indignadas de sentir la revolución en retroceso, coquetearon un momento con ellos. Pero el éxito de los mismos fue grande sobre todo con los milicianos extranjeros que regresaban del frente porque se negaban a la militarización. Muchos de ellos se adhirieron a esta nueva agrupación, sin pensarlo mucho, sólo por su oposición. (Y se puede decir que la mayor parte de los milicianos extranjeros detenidos en mayo-junio, tenían relaciones bien sea con los “Amigos de Durruti” bien con el POUM) Así se propagó en el extranjero la leyenda de los “Amigos de Durruti”, agrupación de anarquistas revolucionarios que se oponían a los anarquistas reformistas oficiales. Así nació la leyenda de una oposición dentro de la CNT Incluso algunos compañeros franceses, tan bien intencionados como mal informados —y que desgraciadamente se negaron con obstinación a escuchar la voz de los que les gritaban cuidado—, fueron hasta escribir que los “Amigos de Du-rruti” constituían “la verdadera CNT-FAL”.

Por brindar hoy L’Espagne Nouvelle una vasta tribuna libre en el seno del movimiento libertario, aprovecho la oportunidad para dar algunas informaciones sobre este respecto. Los dirigentes confederales tuvieron que ocuparse bastante rápido de los “Amigos de Durruti” y, públicamente, en los congresos, delante de varios de afiliados a los mismos, presentaron decisiones que estos no pudieron refutar. Los “Amigos de Durruti” usurpan este término: no tienen ningún derecho de servirse de Durruti ni de proclamarse sus amigos. “De sus tres líderes, uno era hasta hace poco catalanista; otro fue hasta 1934 un comunista conocido por sus ataques contra la CNT Solo el tercero conocía a Durruti, pero éste lo estimaba tan poco que prefirió mandarlo de delegado a Rusia para quitárselo de encima”. Pero Durruti murió guardando intacta su aureola de revolucionario. El prestigio de su nombre es muy grande. La nueva agrupación considera “astuto” valerse de aquel patrocinio. Lo de “astuto”, lo era sin lugar a dudas, pero tales “chanchullos” huelen demasiado a políticos para no ser la señal de cierto estado de espíritu. Además el espíritu del programa de los mismos les revela bajo su luz real. Dicho programa se publica en el titular de la cuarta página de cada número del periódico: “El Amigo del Pueblo”.

  1. Una junta revolucionaria.
  2. El poder económico a los sindicatos.
  3. Municipios libres.

Comunas libres, la economía para los sindicatos, estas son las ideas comunes de la anarquía; junta revolucionaria, en un momento en que se sufría el retroceso de la Revolución, esto tambien gustaba, muchos cayeron en la trampa. Y cayeron porque solo miraron los organismos de la revolución y no se plantearon esta cuestión esencial, ¿cómo van a ser las relaciones entre dichos organismos?.

Veamos: si los municipios libres aseguran la organización social de la comuna, si todo el poder político se da a los sindicatos, ¿qué papel puede ser el de la junta revolucionaria? ¿qué tiene que hacer? A no ser que su papel sea “dirigir” los sindicatos y los municipios “libres”. Y precisamente, a partir del no 4 de “El Amigo del Pueblo”, los “Amigos de Durruti” se declaran partidarios de la “sindicalización forzada”. Serán por tanto los sindicatos sin vitalidad, sin ideología, con gente reclutadas por la fuerza —¿y por quiénes?— los que van a tener en mano toda la economía: esto solo es admisible si hay un grupo superior para dirigirlos. Por consiguiente, de hecho, algunos hombres ejercerán su dictadura sobre la masa gracias a los sindicatos y a los municipios que controlarán. Esto es integralmente el programa bolchevique, no hay nada anarquista en ello.

Y claro, proclamándose siempre los dirigentes confederales —sólo es justicia reconocerlo— como enemigos de cualquier dictadura, los dictadores serían los mismos “Amigos de Durruti”, sin duda respaldados por el POUM al que se habían acercado mucho.

Un poco de pasión, demasiada impaciencia por ver triunfar la Revolución… y los “Amigos de Durruti” aparecieron desde lejos los que por cierto no eran.

Paul LAPEYRE

II – a favor, con reservas

Es muy posible que las esperanzas de mejoración fundadas por el movimiento anarquista internacional en los “Amigos de Durruti” estén exageradas. Una cosa es cierta: en mayo del 1937 se desencadenó en Cataluña una contrarrevolución armada que quería la destrucción de los sindicatos, los colectivos y los grupos anarquistas. A aquella agresión de la burguesía española y del imperialismo extranjero se opuso una defensiva de las organizaciones obreras, una defensa espontánea, incoordinada, inorganizada, que bastó para paralizar al adversario. Ahora bien, la única organización que se mostró, con razón o no, dispuesta a transformar la defensa en contraataque, a valorizar la victoria del proletariado y a presentar un programa que reflejaba las aspiraciones populares hacia un nuevo “19 de julio” fue, a mi parecer, la agrupación de los Amigos de Durruti.

No niego que Jaime Balius fue, hasta la revolución de octubre de 1934, un catalanista. Sólo compruebo que, cuando fue encarcelado por su participación en la redacción del número 1 de “El Amigo del Pueblo”, numerosos órganos de la CNT-FAI, comenzando por el diario confederal Superación de Sabadell, le dedicaron artículos que rendían homenaje a su entereza y a la rigidez de sus principios, y exigieron su liberación. No sé cuáles eran las relaciones personales de los “Amigos de Durruti” con Buenaventura Durruti, pero constato que había en la División y entre los compañeros inmediatos de Durruti muchos militantes que le daban la razón al manifiesto de los “Amigos” y estaban dispuestos a apoyar con la tercera Revolución española, dando en la retaguardia aquellos “escobazos” de que el mismo Durruti habló tantas veces.

Por fin, sin poner en duda el que los “Amigos” fueron una ínfima minoría, debo citar el hecho de que las organizaciones catalanas de la CNT, de la FAI y de las Juventudes Libertarias se opusieron a la exclusión de los mismos cuando la reclamó el comité nacional de la CNT. Entre Federica Montseny o García Oliver y los “Amigos de Durruti”, las simpatías de los obreros catalanes iban —con razón o no— a éstos y no a aquellos. Sobran las pruebas.

P. Lapeyre sabe que en mayo de 1937, los ministros de la CNT en el gobierno central hicieron de la Generalitat, en aquel entonces una fortaleza reaccionaria, su propio cuartel general y sólo se atrevieron a ir al comité regional o a las asambleas sindicales más tarde y con buena escolta (no me hace falta quienes la componían). Así, creo que es necesario, sin divinizar al mismo Durruti ni los “Amigos de Durruti”, reconocer que simbolizaron cada uno, en la historia de la Revolución española, un momento de la conciencia obrera en revuelta.

Queda, claro, la cuestión del programa, más o menos “totalitario”, desarrollado ulteriormente en “El Amigo del Pueblo”. Aquí, habría que ver los textos, y de ser posible, publicar extensos extractos en traducción. Si fuera exacto que el sindicalismo obligatorio (y sobre todo el sindicalismo monopolizado por una sola organización) forma parte del programa de los “Amigos de Durruti” (cosa que no he podido averiguar hasta ahora), estos dejarían de ser anarquistas, como lo observa justamente el compañero P. La-peyre. Pero hay que fijarse en el sentido de las palabras en español, en el uso que tienen la practica del movimiento ibérico, tan distinto del nuestro.

En general, el término “sindicalización obligatoria” se aplica al hecho de que en el campesino individual, si se niega por una razón u otra a sumarse a un colectivo, debe sin embargo recurrir al sindicato agrícola de su localidad para las operaciones de compra y venta. Amo en su casa, el explotante individual no es libre de integrarse, al margen de la red económica de los sindicatos y de los colectivos, en una estructura de intermediarios acaparadores de índole capitalista. Es evidente que esta fórmula legal es criticable desde el punto de vista libertario, en el sentido de que una ley prohibe al campesino individual la libertad de hacerse explotar (o de explotar a otro) utilizando el mercado, prohibición que no debería venir más que de su propia conciencia ilustrada por el ejemplo y la experiencia.

Pero esta disposición no es en absoluto exclusiva de los “Amigos de Durruti”, ni tampoco además las otras de su programa. Este programa supone (exactamente como el pacto UGT – CNT de la alianza revolucionaria asturiana ya publicado en este periódico) la realización de un movimiento revolucionario proletario incluyendo varios sectores o tendencias asociadas. Estos sectores —aquí exclusivamente sindicales— nombran un Comité Ejecutivo de guerra civil, lo que los “Amigos de Durruti” llaman “junta Revolucionaria” o “Consejo Nacional de Defensa” (este término recuerda las propuestas hechas por la CNT para la coordinación no-gubernamental de las fuerzas antifascistas en agosto-septiembre de 1936). Evidentemente, la Alianza es aquí más estrecha, limitándose a los sindicados —manuales e intelectuales— que toman parte en la Revolución social.

Bakunin llamaba aquello “federación de las barricadas”. ¿Tiene el órgano director, “la junta”, el sentido dictatorial definido por Lapeyre?. Esta conclusión me parece un tanto aventurera. He aquí el texto integral del “programa” extractó del folleto “Hacia una nueva revolución

  • (&), p. 29 y 30, Cito mis textos y me inclinaré ante ellos, si los hay, o ante la prueba de que los que cito han sido desvirtuados
  • (&) Editado por la agrupación “Amigos de Durruti”, 50 céntimos (sin fecha ni imprenta, ni dirección), folleto de 32 páginas con portada ilustrada roja y negra representando milicianos y obreros.

I – Constitución de una Junta Revolucionaria o Consejo Nacional de Defensa. Este organismo se constituirá de la siguiente manera:

  • Los miembros de la Junta Revolucionaria se elegirán democráticamente en los organismos sindicales. Se tendrá en cuenta el número de camaradas desplazados al frente que forzosamente habrán de ser representados. La Junta no se inmiscuirá en los asuntos económicos que atañen exclusivamente a los sindicatos.
  • Las funciones de la Junta Revolucionaria son las siguientes:
  • a) Dirigir la guerra.
  • b) Velar por el orden revolucionario.
  • c) Asuntos internacionales.
  • d) Propaganda revolucionaria. Los cargos serán renovados periódicamente para evitar que nadie tenga apegó al mismo. Y las Asambleas sindicales ejercerán el control de las actividades de la junta.

II – Todo el poder económico a los sindicatos. Los sindicatos han demostrado desde julio su gran poder constructivo. Si no se les hubiese relegado al papel de segunda fila, hubieran dado un gran ren-dimiento. Serán las organizaciones sindicales quienes estructuren la economía proletaria. Teniendo en cuenta las modalidades de los sindicatos de Industria y las federaciones de Industria, podrá además crearse un Conjunto de Economía, con el objeto de coordinar mejor las actividades económicas. III – Municipio Libre. En la España que precede a las dinastías extranjeras se defendía con gran tesón las prerrogativas municipales. Esta descentralización permite evitar que se levante un nuevo armazón estatal. Y aquel esbozo de libertades que sucumbió en Villalar resurgirá en la nueva España que patrocina el proletariado. Y se resolverán los llamados problemas catalán, vasco…

Los Municipios se encargarán de las funciones sociales que se escapan de la órbita de los sindicatos. Y como vamos a estructurar una sociedad netamente de productores, serán los propios organismos sindicales quienes irán a nutrir los centros municipales. Y no habiendo disparidad de intereses no podrán existir antagonismos.

Los municipios se constituirán en federaciones locales, comarcales y peninsular. Los sindicatos y los Municipios establecerán relaciones en el área local, comarcal y nacional.”

Todo esto acaso no sea muy original ni precisó. Pero uno reconoce por cierto mucho mejor que en los discursos de ministros y ex ministros de la CNT, el cariz y los aspectos peculiares del anarcosindicalismo español. Uno quisiera saber qué otra regla de conducta propone un compañero tan autorizado como P. Lapeyre, para la reactivación de la Revolución social.

A. Prudommeaux (Ambos artículos en L’Espagne Nouvelle, 18-2-1938, año II no 38-39)

Película «Libertarias», español, subt. inglés.

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Tribuna Libre

¿Qué conviene pensar del grupo “Los Amigos de Durruti”

Algunas palabras más sobre una controversia.

La respuesta de Prudhommeaux a mi último artículo —respuesta cuyo contenido ya conocía antes de publicarse— me ha interesado mucho, y puesto que Prudhommeaux se declara en favor de los “Amigos de Durruti”, pero con salvedades, yo declaro también que estoy en contra, con reservas.

Esto no es un juego de palabras, ni una manera de reunir, por los títulos, dos puntos de vista diferentes. Ni ironías ni conciliación. Aclaro: estoy en contra de los “Amigos de Durruti” cuando se les sube a las nubes haciéndoles pasar por lo que no son. Pero pueden ocurrir circunstancias tales —esto es un movimiento de oposición organizada en el seno de la CNT— en que un movimiento semejante podrá tener su razón de ser y su utilidad. Por ejemplo si la guerra terminase felizmente y si, estabilizada la situación, los dirigentes de la CNT conservaran las ideas de colaboración, entonces yo aplaudiría un movimiento de oposición. Pero distamos mucho de tal eventualidad.

Los “Amigos de Durruti” marcaron un momento de la Revolución española: sí… el momento en que los más impacientes reaccionan de manera desordenada —y heroica— ante una revolución en retroceso. De julio a septiembre de 1936 se sitúa el punto culminante de la Revolución. A partir de septiembre, la burguesía se repone y organiza la contrarrevolución. Hacia marzo-abril de 1937, las fuerzas del nuevo Estado (ejército y policía) están reconstituidas, la contrarrevolución se afirma y pasa a la provocación. Fácil es imaginarse la indignación, la cólera y la impaciencia en que cayeron los que creían la Revolución ya asegurada.

En tal momento, los más revolucionarios, más inclinados a la indignación, reaccionaron mas fuertemente. Algunos intrigantes pudieron tambien ver en eso una oportunidad para jugarse un papel, y dada la ausencia de documentación, acepto creer que los “Amigos de Durruti” pertenecían al primer caso. Es natural que ello haya creado un movimiento violento, como es natural que los jóvenes libertarios, más ardientes (más revolucionarios para unos; menos acostumbrados a las responsabilidades según otros) hayan sido más llevados por esta corriente. Esta es la historia de los “Amigos de Durruti”. ¿Fue buena o mala su acción, bastante limitada finalmente?. Lo cierto es que toda la acción provocadora del partido comunista apuntaba a desencadenar una lucha callejera y al incitar a los exaltados en esta vía, los “Amigos de Durruti” hicieron el juego de la provocación. (El incidente de la telefónica de Barcelona había podido arreglarse pacíficamente: véase sobre el particular en el último número de Combat Syndicaliste cómo una operación parecida contra los espectáculos de Barcelona, fracasó.).

Lo cierto una vez más, es que la reacción que se abatió sobre España y que duró de mayo a septiembre, tuvo por causa el levantamiento de mayo en Barcelona (o más exactamente la propaganda hecha por el partido comunista sobre aquellos acontecimientos). Ahora bien, ¿no vendrá esto de que —como lo pretenden justamente los “Amigos de Durruti”— no se fue en la dirección que ellos proponían, de que no se fue a fondo a la revuelta, superando la provocación con el vigor de la respuesta… convirtiendo el 3 de mayo en otro 19 de julio? Aquí la respuesta es menos segura, porque no se discuten ya hechos, sino hipotéticas posibilidades. Con todo, varias cosas son ciertas. Companys estaba dispuesto, para sofocar la revuelta a llamar las columnas de la UGT —incluso ya había lanzado una llamada en tal sentido—. Por tanto estaba listo a abrir en el frente de Aragón una brecha de cincuenta kilómetros. Por otra parte, para salir al paso de estas columnas, se habría debido llamar a las de la CNT, es decir agrandar la brecha en 100 o 150 kilómetros. ¿Acaso Franco habría cometido la tontería de dejar su ejército inmóvil sin aprovechar la ocasión?.

Otra cosa: ¿puede una revolución triunfar sólo en Barcelona?. ¡Claro que no! Y ni Levante ni Andalucía, ni sobre todo Madrid, se mostraron dispuestos a respaldar una Revolución catalana. Por fin, si a pesar de todo esto la Revolución hubiera triunfado en mayo, sólo habría desembocado a un rápido triunfo de Franco. Sería posible pensar, en efecto, que Francia o Inglaterra que se niegan a ayudar la España republicana, hubieran ayudado la España libertaria? Ahora bien, actualmente, la industria española saca todas sus materias primas del extranjero. No se debe olvidar, en efecto, que las principales minas están en mano de los nacionalistas. Privados de armas —lo mismo rusas que francesas—, privados de materias primas propias para fabricarlas, ¿qué habrían hecho los libertarios españoles?.

Se puede echar de menos, por cierto, que García Oliver y Federica Montseny no tengan una actitud más digna —y yo lo hubiera preferido; pero ello no quita que la razón está del lado suyo— la razón dura, fría, poco exaltante, pero la razón a pesar de todo.

Para mí este es mi pensamiento sobre los “Amigos de Durruti”. Fueron los últimos románticos en una revolución que ya había superado en agosto del 36 el estadio del romanticismo.

En cuanto al programa, las precisiones aportadas por Prudhommeaux no me han convencido. Primero porque al folleto que le sirve le falta algo esencial: la fecha. Y todo el mundo comprenderá la importancia de eso: ¿se publicó el folleto en abril del 37, al mismo tiempo que el programa, para aclararlo y corregir lo que los slogans, forzosamente estilizados, podían tener de demasiado brutal? ¿o es recién salido y hecho para “sazonar la salsa”, ante ciertas críticas?

Además, aquellas líneas no calman todas las inquietudes. La Junta revolucionaria se presenta como un órgano de los sindicatos, una comisión especial, en suma del comité nacional, ya que se nombra como éste. No se entiende bien la necesidad de crear un movimiento como los “Amigos de Durruti”, si sólo es para llegar a una pequeña modificación de orden interno en la CNT Y el problema que planteé, hace quince días, queda en pie: ¿Cual será el papel de la junta revolucionaria? O será un órgano interior del sindicato, o sea pues una comisión más, útil sin duda por otra parte desde un punto de vista descentralizador, pero desproporcionada con el ruido que se hizo en torno a esta agrupación: o tendrá poderes excepcionales sobre los mismos sindicatos, y el programa entonces no tiene nada de anarquista.

En cuanto a la última pregunta: lo que propongo para reactivar la marcha de la Revolución española, confieso, de momento, mi ignorancia. ¿Y esto no es nuevo?. Yo he dicho siempre que no veía lo que había que hacer —y por eso me abstenía de cualquier crítica a la C.N.T—, excepto para los primeros acontecimientos, julio-agosto 36, porque aquello ya es historia. Y he dicho siempre que los anarquistas franceses no tenían el derecho de criticar los anarquistas españoles, porque no eran capaces de señalarles lo que había que hacer desde el enfoque revolucionario.

Claro que en ciertas circunstancias, algunos supieron decir lo que no había que hacer. Pero decir lo que no hay que hacer, sin indicar en contrapartida la vía que seguir, es sólo decir lo que no habría que hacer (subentendiendo: si se pudiera hacer de otro modo, si las circunstancias no nos obligasen).

Debo precisar que hay en España tres bloques: Franco, las fuerzas estatales (republicanos, socialistas, comunistas), la Revolución (y en junio existía aún una cuarta fuerza, a la vez estatal y revolucionaria, el POUM). Con la primera fuerza, la CNT está en lucha abierta lucha a muerte. Con la segunda, es a la par aliada y rival. Los anarquistas franceses han considerado constantemente esta rivalidad como la cuestión primordial, incluso la única, y todas las soluciones que han dado al problema español indican cómo la CNT puede adelantarse a las fuerzas estatales, sin tener en cuenta el fascismo. Un método, no obstante, que daría una victoria sobre el Estado español, y quince días después la victoria de Franco, es a mi parecer un método malo. Igualmente malo sería el método de sacrificar la Revolución a la guerra. Y nadie ha indicado cómo podía a la vez vencer el fascismo y asegurar la Revolución.

El único camino que queda, entonces, es el de los compromisos. Necesitamos a los otros y ellos nos necesitan: hagamos concesiones recíprocas. Y corresponde a los que les repugna este camino señalar otro. El pleno económico de Valencia tomó resueltamente esta vía: la vía de la sabiduría, con las cualidades y flaquezas que supone la palabra. Trató de organizar la economía colectivizada, de modo que “aguantara” de cara a la economía capitalista. Esto no tiene nada de exaltante: no tiene la poesía épica de un 19 de julio. Hasta se puede hablar de retroceso estratégico —lo que quizá es cierto en algunos aspectos—, pero eso no quita que dicho método conserva todas las posibilidades de la Revolución y que da a los revolucionarios medios mayores de Revolución. Ambas cosas no se pueden descartar.

La última derrota de Teruel no nos hace —desgraciadamente— cambiar de parecer. Dos cosas conviven en España: la guerra y la Revolución. Adelantar más la Revolución, es debilitar el potencial de guerra —y ante el nuevo fracaso— ¿se está tan seguro de la victoria como para debilitar este potencial?.

Ah! si como lo cree —o aparenta creerlo— Trotsky, es la falta de entusiasmo la que había motivado la derrota, un renacer Revolucionario, recrearía el entusiasmo, aseguraría al contrario la victoria. Pero no es así el caso. No faltaba el entusiasmo, y fue cuidadosamente calentado, justamente por una propaganda revolucionaria. La tenacidad, la fe dieron la magnífica victoria de diciembre. Y luego… cambiaron las circunstancias… y la tenacidad se estrelló contra los tanques y las bombas de los aviones.

¿Entonces? ¿Qué hay que hacer para reactivar la Revolución española? Y cuando los dirigentes de la CNT responden: “Primero hay que ganar la guerra”. ¿Qué pueden contestar los detractores?

Cualquier Revolución tiene sus flujos y reflujos. La Revolución francesa tuvo 1791; la Revolución rusa su julio 1917. Ello no impidió ni el 93 ni el 17 de octubre. Tengo confianza en el renacer de la Revolución española, sí. Desearía que lo hiciera enseguida, pero veo con dificultad esta posibilidad mientras la fuerza del fascismo quede tan amenazadora. Guardo pese a todo mi confianza en que el 93 español no aguardará cuatro años, tras el 19 de julio.

Paul Lapeyre

ACLARACIONES

paraguas-mitin-cnt-37I. Un terreno común se establece entre P.L y A.P. Ninguna organización es buena y revolucionaria en lo absoluto. Ninguna organización lleva “siempre la razón”. Sobrevalorando, idealizando los “Amigos de Durruti” es como se les presta un mal servicio., lo mismo que idealizando la FAI o la CNT, porque el contraste entre ideal y realidad no deja de aparecer un día y decepciona tan gravemente los adoradores, que éstos se convierten en enemigos encarniza-dos. O (lo que es peor) la adoración supera el sentido de las realidades, y el dios caído recibe en el fondo de la cloaca en la que se va hundiendo, los homenajes fanáticos de sus embarrados partidarios.

No se trata de defender una organización en lo absoluto, sino de serle útil en la práctica, alentándola, dándola, si es posible, bastante impulso para salir de un mal paso, cuando lo da, y esta tarea sólo puede resultar de un inmenso esfuerzo colectivo. Lo más duro de la obra será, a nuestro parecer, desempeñado por las JJ.LL. y los militantes fogueados de la base de los sindicatos.

II. Una fuerza proletaria como la CNT y sus dos millones de miembros, cuando está en una situación tal como la de la tragedia española, no puede desde luego, abstenerse en un dominio cualquiera de la vi-da social. No le basta por tanto saber lo que hay que hacer (prescripciones siempre válidas que forman la herencia principal del anarquismo tradicional), sino sobre todo lo que hay que hacer, habida cuenta de todos los riesgos y de todas las fuerzas en presencia.

Es justamente en esto que falla la argumentación de P.L. cuando a la fórmula “Revolución primero” (lo que supone una actitud de espera, de abstención, de pura negatividad frente a los problemas de la guerra) opone la fórmula “Guerra primero”, lo que no es menos negativo, y que lo es incluso más, remitiendo a mañana la resolución de los problemas de acción social, que no pueden nunca ser diferidos y que dominan todos los problemas, hasta el problema militar.

Lo que pedimos a la CNT y lo que le piden los dos millones de trabajadores que le han dado su confianza, es tener en cuenta todos los factores y dar a todos los problemas una solución de acción (y no de abstención o de espera) que esté conforme con la índole de la CNT, sus métodos, su finalidad, su voluntad, su estructura —o sea el empleo más eficaz y más total de las fuerzas de que se dispone—.

III. La falta de soluciones válidas de cara a los problemas actuales es precisamente lo que caracteriza el conjunto de partidos políticos de la derecha y de la izquierda y de las fuerzas sociales españolas agrupados fuera de la CNT Esto apareció bastante netamente el 19 de julio, la CNT podía empezar una especie de diálogo con el resto del país, y hablar alto y claro para confrontar su programa con la ausencia de programa de los otros elementos, en lugar de renunciar a su programa para adoptar soluciones extrañas a su espíritu y a la realidad, dictadas del exterior. Es verdad que las medidas de orden político, militar o financiero tomadas por la CNT valen más que ninguna solución en absoluto y una actitud puramente negativa. Como tales, por otra parte, se beneficiaron del acuerdo explícito o tácito de la organización misma; fueron “ratificadas por la base”. Ello no quita que dichas soluciones no pertenecen a la ideología anarquista ni al organismo confederal y fueron importadas de fuera. Las medidas adoptadas y tomadas por la CNT fueron propuestas o impuestas por los círculos republicanos y por los comunistas rusos, en el dominio gubernamental como en el dominio militar.

Quizá sea preferible gobernar y militarizar por sí mismo antes que dejar otro hacerlo, pero el gobierno y la militarización son dos dominios en que las fuerzas específicas del anarquismo y las del pueblo trabajador en general resultan menguadas, paralizadas, inutilizadas, tanto contra la burguesía antifascista como contra el enemigo exterior. En cuanto a la esfera de la organización económica, se nos hará creer difícilmente que lo mejor para la CNT era seguir las sugerencias de Juan Fábregas y copiar para uso de la España antifascista el ejemplo financiero de Schacht en la Alemania fascista. Es sin embargo lo que se está haciendo, al parecer. Y la alegría que sentimos de constatar que la CNT logra obrar con sus propios medios y consolidar su influencia dista mucho de ser entera: quisiéramos que esta influencia se empleara no en birlar el programa de las fuerzas adversas, sino en hacerles aplicar nuestro programa. Cuando la UGT hacía colectivismo anarquista, a imitación de la CNT y con la fuerza de las circunstancias, el éxito era mayor para nuestro movimiento que hoy cuando la CNT hace socialismo de Estado.

A.P. (L’ Espagne Nouvelle 18 – 3 – 1938, no 42-43)

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