Los Amigos de Durruti, los trotsquistas y los sucesos de Mayo 01 •Prólogo

Prólogo de «La Idea»

Hace poco y a raíz de la publicación en este mismo espacio de una serie de artículos sobre el necesario cambio que debe afrontar el anarquismo en el nuevo paradigma en que estamos inmersos, os comentaba en mi muro de facebook la publicación de un par de documentos que sin duda nuevamente traerían la polémica en el seno del movimiento anarquista.

El primero de estos documentos a que hacía referencia es éste; a lo largo de varios días iremos publicando este libro por capítulos y espero que sirva de catarsis para, a partir de la interiorización de los errores pasados, preparar el momento en que esa 2ª Revolución española vea la luz y que como en aquel entonces pasó, no nos coja desprevenidos las dimensiones del acontecimiento.

Es necesario entretanto construir un nuevo movimiento capaz de aglutinar todas esas tendencias nacidas del anarquismo y a las que el artículo «El anarquismo, o el movimiento revolucionario del siglo XXI» hacía referencia.

El final del siglo XX resulta enmarcado, en lo que al movimiento activista respecta, por una gran atomización de grupos, grupos no alineados en estructura alguna del sistema, un movimiento desencantado de partidos y sindicatos, vehículos que el poder pone a disposición del ser humano para poder tenerlo enmarcado dentro de unos límites que restrinjan su capacidad de acción y a un tiempo facilite tenerlo controlado, pues sus bases no tienen posibilidad de marcar la línea a seguir, tan solo pueden desesperarse o dar su consentimiento. Son así mismo esas estructuras vehículos de promoción de aquellos con menos escrúpulos y que les posibilita ir ascendiendo a base de asentir y tener a un tiempo controladxs a todxs aquellxs que pretenden ejercer esa democracia que se supone conforma estas estructuras.

Ya sean los derechos civiles, el conocimiento libre, la igualdad de oportunidades, la educación, el acceso al trabajo, la salud, el medio ambiente, los derechos humanos, la inmigración, el comercio justo, la agricultura ecológica, el racismo, el feminismo, estos grupos están en permanente conflicto con el sistema, pues todo ello no son más que las diversas facetas que lo componen.

Existen opciones en la izquierda que pretenden aglutinar estos movimiento pretendiendo abanderar todas estas causas, sin embargo el siglo pasado demostró de manera contundente que ninguna de esas opciones era capaz de crear una salida al Sistema, ni el marxismo ni las «democracias» surgidas del estilo presuntamente reformista de partidos y sindicatos.

El anarquismo, mas que ninguna otra filosofía, es algo vivo y en continua evolución pues no contiene dogmas, ha ido construyéndose en el tiempo y es necesario seguir haciéndolo, dar un paso más en esa evolución y abrir las puertas hacia ese otro anarquismo con “a” minúscula que conforman todo ese otro tipo de grupos.

Pues ellos son nosotrxs como nosotrxs somos ellos. Reencontrémonos.

  • Iremos conectando el índice a las distintas entradas que conformarán esta serie de documentos a medida que éstas vayan siendo corregidas y se vayan (como siempre hacemos) incorporando los enlaces en el texto que a nuestro entender son imprescindibles para una más enriquecedora lectura del mismo.

Los Amigos de Durruti, los trotsquistas y los sucesos de Mayo

PRÓLOGO

“Los Amigos de Durruti” nacen en un momento muy determinado y por ello poseen unos caracteres específicos. Pero el nacimiento de este grupo encierra en sí toda una serie de cuestiones. Cuestiones que hoy día es preciso que los anarquistas y libertarios meditemos, analicemos y sobre todo sepamos aplicar cotidianamente.

Se ha hablado mucho de los perjuicios que ocasionó la entrada de la CNT, o mejor dicho, de los dirigentes de la confederación, en el gobierno de la Generalidad, primero, y en el de Valencia después. Pero siempre se ha olvidado, o por lo menos no se ha visto clara la actitud que adoptaron los que hoy se llaman base. Puesto que la actitud de los cuadros cenetistas demostró que ya en aquel entonces hasta en la propia organización anarcosindicalista, había diferencia entre el militante que trabajaba y luchaba en el frente o en la colectividad y los que ocupaban los puestos de los distintos comités regionales, de Federación de Industria y Sindicatos e incluso ministerios. Y siempre hay que hablar de base, aunque no nos guste el término, cuando en la misma organización existen diferentes niveles de control, debido al acaparamiento de información o cualquier otra circunstancia, entre los que ocupan algún cargo y los que no. Hubo un “importante sector de opinión (que) empezó a manifestar su protesta contra la conducta de los comités”, según palabras de José Peirats. Y es aquí donde está la verdadera importancia y utilidad que hoy día nos puede aportar el estudio de grupos como los de los Amigos de Durruti.

No basta con tomar una actitud positiva o negativa ante su actuación, hay que ir más lejos. Hay que dejar de lado rencillas personales, demagogias. Hay que ir al fondo y el fondo de la protesta contra la conducta de los comités, es que cuando se protesta se hace contra algo con lo que no se está de acuerdo. Y si tenemos alguna confianza en los militantes de una organización algún valor hemos de darle a esa protesta. Y en caso de que no queramos darle ninguna contestación de valor es que hay dos intereses distintos en esa organización, los de los comités o los de la base.

Pero no debemos quedarnos en el análisis de lo que supusieron “Los Amigos de Durruti” en 1939 con la derrota. Hay que venir más cerca, que en este caso es ir al fondo de los que nos interesa. No basta con lamentarse; los comités claudicaron ante las fuerzas estatales que buscaban frenar las luchas. Hay que saber por qué claudicaron y dar respuesta para que esos males que aquejaron alguna vez a la organización no se vuelvan a repetir y si continúan presentes atajarlos. El movimiento libertario español no debe entrar en polémica con los socialistas autoritarios, sean del signo que sean, sobre con cuantos kilos de sangre se contribuyó para ayudar al nacimiento de la democracia que actualmente padecemos bajo la vigilante mirada de la “monarquía institucional”. Hoy es día de actuación, de hacer organización. Hay que aprovechar la democracia formal burguesa para organizarse y ser más fuertes. Porque basándose en principios diferentes lo que da fuerza tanto al capitalismo como al socialismo autoritario es la organización.

Pero el fin no justifica los medios. La organización que construyamos los libertarios ha de ser prefigurativa de la sociedad que queremos: sin estado, sin intermediarios y solidaria. Y para que esto ocurra alguna vez hay que ir sentando las bases ahora.

Es preciso reconocer errores, no sólo pasados sino presentes. Todavía hoy estamos a tiempo. Todavía hoy podemos reconstruir críticamente el pasado de la CNT para comprender unos errores y con esta comprensión corregidos.

No hay que pararse en 1939. Hay que ir más adelante. ¿Qué representó el exilio para el movimiento libertario español?. Las nuevas generaciones de anarquistas que acudimos a la CNT nos encontramos no solo con la deformación de la historia oficial o la autoritaria, sino que además dentro de la propia organización no se ha iniciado un debate abierto sin tapujos. profundo sobre el pasado de ella y que no debe ser confundido con la historia de las batallitas. Debe ser la clarificación de todo aquello que nos preocupa y queremos poner en práctica. No hay que alardear de ignorancia y “pasar” del pasado. Este nos influye y nos influirá más cuando menos comprensivo seamos con él. ¿Quién entiende la política de pasillos y de “toma” de cargos que hoy día sacude la organización por parte de tendencias de las que oímos hablar en los pasillos de los sindicatos?. Es muy triste al militante que acude a la CNT encontrarse con la organización convertida en campo de batalla político, en donde las “acusaciones” de marxista, trosquista, ácrata, sindicalero alcanzan significados solo realmente comprensible para aquellos que los lanzan y que muchas veces encierran un sectarismo del que hasta ahora creíamos exclusivo a los autoritarios.

Y esto provoca reacciones en la militancia. Reacciones y esto es lo grave, que pueden ser manipuladas políticamente por tal o cual tendencia. Y esto es lamentable en una organización que se llama anarco-sindicalista.

Hay que exigir una total clarificación dentro de la CNT de los problemas que nos acucian. Acción sindical, Acción directa, federalismo, autogestión, etc… pero sin política. Y un paso para evitar ésta es exigir la clarificación del pasado más reciente y lejano. Y aquí es donde debemos enmarcar el estudio del significado de “Los Amigos de Durruti”.

Es cierto que hay que ver sus opiniones con visión critica. Pero esto no debe hacernos perder el fondo de la cuestión. Los grupos de este tipo surgen dentro de una organización cuando ésta empieza a entrar en crisis. Y hoy día la CNT, en palabras de un militante vasco está enferma.

Todos los militantes anarquistas, centristas o no, deben conocer el fondo de la cuestión que enfrentó a parte de la militancia con los comités. Hay que ser consecuentes con nuestros principios y no caer en el principal error que un anarquista puede cometer “creer que el fin justifica los medios”.

Por ello para hacer una organización apolítica, en el sentido burgués de la palabra, hay que empezar por no hacer de esta organización un campo de batalla política, aunque esta sea con el loable fin de no hacerla. Toda política es sectaria y sectarios son aquellos que jugando al más puro parlamentarismo en nombre de puros principios, se apoyan en votaciones o las provocan. Hay que discutir, discutir, discutir. De la discusión sale la luz y no de las votaciones. Acusamos a los autoritarios de manipular las asambleas y nosotros mismos manipulamos las nuestras.

Hay que clarificar en los sindicatos. Establecer más relación entre distintos sindicatos para empezar a crear una verdadera solidaridad.

Sirvan estas líneas para que la CNT sea un ejemplo de organización libertaria.

Salud y Anarquía Guti

  • 28 diciembre 2004
  • Frank MINTZ y Miguel PECIÑA
  • Madrid, Campo Abierto Ediciones, 1978, 107 pp.

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