Debate sobre visión anti-capitalista • 02

PPS logotipoLa visión de Project for a Participatory Society

Hola, mi nombre es Mark Evans. Vivo en Birmingham (Reino Unido), lugar en el que trabajo para el Servicio Nacional de Salud (SNS) como asistente médico en un pabellón de neurocirugía. Además de hacer mi trabajo como ayudante soy un miembro activo del sindicato. Estas actividades satisfacen dos de mis principales intereses – la neurología / psicología y la justicia social, a la cual veo relacionada en sus puntos generales a lo que es la naturaleza humana y la organización social. parecon-graficoEn los últimos dos o tres años me he involucrado también en ayudar a levantar una nueva iniciativa situada en el Reino Unido llamada PPS-UK (Project for a Participatory Society – www.ppsuk.org.uk). Esta iniciativa es parte de una creciente red internacional que, creo estar en lo correcto al decirlo, ha emergido como resultado de dos factores básicos. Un factor tiene que ver con la insatisfacción con las ideas existentes sobre la transformación social progresiva. El otro factor ha sido el desarrollo de nuevas visiones y estrategias que son resultado de una completa revaloración de la práctica y la teoría de izquierda. Este importante trabajo continúa hoy principalmente a través de ZCom (www.zcommunications.org) en donde cualquier persona interesada en las ideas progresistas puede participar a través de varias instalaciones, incluyendo una escuela en línea.

Crítica al Capitalismo

Mi interpretación de este debate es que discutiremos sobre “visión económica”. Decir esto es asumir que, en cierta medida, no estamos felices con el sistema económico existente. Personalmente diría que estoy en contra de cada rasgo institucional del capitalismo. Pero esta no es una posición nueva que me haya provocado la crisis económica actual. Al contrario, argüiría que para cualquier estándar humano el capitalismo está siempre en crisis. Basta pensar en toda la gente que muere innecesariamente de inanición todos los días, o en quienes no reciben medicamentos para enfermedades curables. Estos son ejemplos conocidos, pero hay muchas otras ilustraciones prácticamente desconocidas de la crisis que está hoy en curso. Por ejemplo, una investigación emprendida en los últimos veinte años muestra que incluso con las necesidades materiales satisfechas la desigualdad económica tiene un gran impacto en la salud de una sociedad. Mientras más grande sea la brecha de desigualdad, menos sana es la sociedad – y no estamos hablando solamente de ingresos aquí. Pareciera que los niveles de control y participación son lo que realmente importa y que estos tienen una influencia directa en nuestra salud y expectativas de vida. Así que, desde nuestra perspectiva, diría que el capitalismo está en un permanente estado de crisis y que la actual de la que todos oímos hablar diariamente en las noticias tiene más que ver con un sistema que fundamentalmente funciona en los intereses de las élites que se vuelve inestable. Poniendo a un lado esta limitada y egoísta definición de crisis, intentemos entender por qué el capitalismo está en un permanente estado de crisis antes de desarrollar o hablar acerca de una visión económica alternativa. Mi explicación básica derivaría de un simple análisis económico que puede ser entendido prácticamente por cualquier persona. Como ya he dicho, la economía capitalista funciona de acuerdo a los intereses de las élites. Las razones de esto son bastante obvias. Bajo el capitalismo, una minoría muy pequeña posee de manera privada instituciones económicas. Este grupo es comúnmente conocido como la clase capitalista. Además, la división jerárquica del trabajo permite una autoridad que toma las decisiones y que las labores que entregan poder sean monopolizadas por otro grupo privilegiado. Este es un grupo que no es normalmente visto al cual llamo la clase coordinadora. Este posicionamiento nos deja frente a la vasta mayoría, a la cual se le llama normalmente clase trabajadora y es la que lleva a cabo las órdenes que vienen de arriba y asume la mayoría de las labores más indeseables que frecuentemente aturden la mente. Lo que es más, la economía capitalista recompensa la propiedad, el privilegio y el poder institucionalizando un sistema de remuneración que mantiene la desigualdad y la explotación y dominación de clase. Siguiendo esta línea podremos ver que un sistema que está hecho de esta manera no funcionará en pos de los intereses del bien común. ¡Pero hay más noticias malas! Además de la producción llevándose a cabo al interior de instituciones privadas, con decisiones tomadas de forma autoritaria y una división jerárquica del trabajo, y niveles de consumo que son determinados por la riqueza y el poder, el capitalismo reparte su producción a través de mercados competitivos. Los mercados competitivos crean un ambiente económico estresante a través del cual todos se enfrentan en contra de todos. Para sobrevivir, los negocios están forzados a emplear estrategias y tácticas que no toman en cuenta el costo social real de sus actividades. En este ambiente competitivo, las corporaciones simplemente no pueden darse el lujo de darse cuenta de las consecuencias a nivel ambiental de sus acciones, o de los derechos de sus trabajadores, o de las necesidades básicas del público en general. A no ser que las relaciones públicas lo exijan, el sistema económico capitalista no puede y no se permite consideraciones serias de aquellos importantes asuntos. Desde este simple análisis podemos ver que el capitalismo institucionaliza la desigualdad económica y distorsiona sistemáticamente las prioridades de la economía. En el corto plazo, esto beneficia a una pequeña minoría pero a expensas de la vasta mayoría (y al final, en detrimento de todos) – de allí la permanente crisis económica.

Alternativa… la Economía Participativa

Pero, ¿cuál es la alternativa a la economía capitalista? ¿Cómo luciría una economía sustentable que funcionara en base al bien común? Más precisamente – ¿Cuál es la alternativa a la propiedad privada? ¿Cuál es la alternativa a la producción teniendo lugar al interior de la decisión jerárquica del trabajo y a través de las decisiones autoritarias? ¿Cuál es la alternativa al nivel de consumo determinado por una remuneración de acuerdo a la propiedad, el privilegio y el poder? ¿Cuál es la alternativa a los mercados competitivos como medio a través del que se reparten los bienes y servicios que producimos y consumimos? Creo que estas son las preguntas centrales a las que el anti-capitalismo debe tener respuesta. Quienes defendemos la economía participativa (EconPar) proponemos las siguientes respuestas a estas preguntas –

Propiedad Social

En una economía participativa la propiedad privada es reemplazada por consejos democráticos de trabajadores y consumidores. Aunque los defensores de la EconPar suelen hablar de la propiedad social como alternativa a la propiedad privada, es probablemente más adecuado decir que la propiedad en una economía participativa se convertiría en algo que no es problema para nadie.

Auto-gestión

Como hemos visto, las instituciones de la EconPar funcionan democráticamente. Pero el término “democracia” tal y como lo conocemos es un término usado para describir toda clase de sistemas, incluyendo algunos muy elitistas. Por este motivo, y para evitar confusiones, hablamos de “autogestión” como una forma específica de democracia económica. Para nosotros, autogestión significa que todos tienen algo que decir en la toma de una decisión, en proporción a cómo se vean afectados por los resultados de esta decisión. Así, por ejemplo, si el resultado de una decisión me afecta solo a mi, entonces tengo absoluta voz y voto en esa decisión –y todo el resto no tiene ni voz ni voto. Por otro lado, si el resultado de una decisión nos afecta de igual manera a mi y a un compañero de trabajo (y a nadie más), entonces ambos tenemos el mismo voto en dicha decisión, y así sucesivamente.

Lugares de Trabajo Balanceados

Como una alternativa a la división jerárquica del trabajo, gracias a la cual algunos trabajos son más deseables y dan más poder que otros, proponemos “Lugares de Trabajo Balanceados” (LTB). LTB son trabajos hechos a partir de una mezcla igualitaria de trabajos deseables / ‘empoderadores’ y de otros no tan deseables / ‘empoderadores’. En una economía participativa todos tienen un LTB. Son considerados una característica necesaria de la economía si se quiere que la autogestión funcione y se mantenga. Sigue habiendo espacio para la especialización, pero sin privilegios. Significa también que las habilidades y talentos suprimidos, perdidos bajo la división jerárquica del trabajo, pueden ser utilizados en una EconPar haciéndola más eficiente.

Planificación Participativa

En lugar de mercados competitivos, en una economía participativa los bienes y servicios son repartidos a través de un proceso llamado “planificación participativa”. Este proceso consiste en una serie de reuniones en las que los productores y consumidores proponen y revisan sus actividades económicas en cooperación con los otros a través de una “Mesa Coordinadora”4 hasta que se llegue a un plan eficiente y equitativo.

Esfuerzo y Sacrificio

Con la propiedad privada eliminada, acompañada de la toma de decisiones autoritaria y la división jerárquica del trabajo, no se podrá recompensar la propiedad, los privilegios y el poder. En vez de eso, los defensores de la EconPar proponemos recompensar el esfuerzo y el sacrificio como un criterio justo de remuneración. Con esto nos referimos a que si una persona trabaja más tiempo o más duro, o si una persona asume trabajos que son considerados generalmente como menos deseables, esa persona debiera tener derecho a una mayor remuneración. De manera individual estas características representan alternativas para cada gran característica institucional del capitalismo. Juntas representan un sistema económico alternativo al capitalismo. Ellas describen medios a través de los cuales la producción, el consumo y el abastecimiento pueden sistemáticamente situarse en los intereses por el bien común y ser tanto sustentables como eficientes. Además, institucionalizan un control igualitario de la vida económica, el cual siembra de manera sucesiva la cohesión social. Pienso que esto representa el tipo de visión a largo plazo que los movimientos anti-capitalistas necesitan imperantemente. Sin una visión como esta es altamente improbable que los anti-capitalistas sean capaces de organizar el movimiento popular efectivo que queremos y necesitamos.

libsimbolRespuesta de libcom.org (libertarian communist)

Primero, me gustaría decir que nosotros como grupo libcom adherimos totalmente a la idea de que el pensamiento radical requiere de un pensamiento crítico, y eso se aplica tanto a nuestras propias ideas y actividades como a las condiciones sociales en las que vivimos. Saludamos cualquier intento de revisar críticamente la teoría y práctica anti-capitalista, y nos emociona la oportunidad de discutir estas ideas con ustedes, pero si bien claramente hay mucho terreno común aquí en términos de a lo que nos oponemos y lo que proponemos en su lugar, hay también algunas diferencias importantes, quizá cruciales. Un comentario inicial que haría al leer su texto es que bajo la apariencia de un novedoso y loable deseo de aprender de los errores del socialismo del siglo XX, gran parte de las características fundamentales que exponen de su visión parecen ser una vieja repetición del fallido socialismo del siglo XIX. En mi respuesta, trataré uno a uno de los cinco principios con el fin de corroborar esta afirmación, de intentar explayarme en los problemas que representan y por supuesto de mostrar también las cosas en común que tenemos. Si bien este es un debate acerca de visiones, creo que los fines están hechos de medios, y que por lo tanto es imposible discutir sobre una sociedad futura aislándola de los medios para llegar a ella.

Propiedad Social

Cualquier diferencia en este punto sería puramente semántica. Suelo hablar de comunizar los medios de producción más que de socializarlos, pero tiene mucho que ver con la asociación común de socialización con nacionalización, mientras que el término comunización viene de un contexto teórico que ve este proceso como algo que sucede a la par de la revolución social, no como algo que puede suceder de forma gradual o algo que pueda ser logrado siguiendo un ‘periodo de transición’. Como dijiste, como sea que lo llamemos, el punto es que la propiedad deja de ser un tema.

Auto-gestión

Es cierto que democracia es un término ambiguo (un término que de hecho no frecuento por esta importante razón). Pero también lo es auto-gestión, y efectivamente la mayor parte de la terminología política. Creo que existe un peligro de tener un fetiche con la auto-gestión per sé, sin considerar la pregunta ‘¿… de qué?’ Si bien su visión claramente la contextualiza en una economía administrada socialmente, pienso que ustedes (como PPS) caen en esta trampa en relación a su práctica actual. Este fetichismo aparece claramente en las estrategias duales de ‘cooperativas de ahorro y crédito participativas para levantar negocios participativos’ y de ‘proyecto por un movimiento sindical participativo’. Los problemas son los siguientes. Históricamente el movimiento de sindicatos o cooperativas de crédito ha fallado no porque no haya sido suficientemente participativo, sino porque no puedes des-acumular a quienes acumulan. Aunque las cooperativas de trabajadores sirvan en la actualidad a ciertos propósitos (como las publicaciones de literatura radical de AK Press, la cual probablemente no habría sido impresa de otro modo), éstas no representan una estrategia para el cambio social porque para hacerlo deberían competir con las empresas capitalistas existentes. Para ser más competitivo debes mantener los costos bajos e incrementar la productividad, por lo que terminarías imponiendo ‘participativamente’ las exigencias del capital a ti mismo en lugar de que un jefe lo haga (y con la posibilidad de que exista resistencia a esto). Brighton, en donde vivo, es algo así como un refugio de cooperativas de trabajadores. Un amigo mío trabaja para una de ellas, una compañía de reciclaje, y las condiciones en ella en términos de sueldo y horas de trabajo son considerablemente peores que las del servicio municipal Cityclean. Ahora, Cityclean tiene una de las fuerzas militantes más grandes en la ciudad, con una historia de acciones salvajes incluyendo ocupaciones para defender sus condiciones tanto en contra de patrones privados (‘capitalistas’) como de estatales (‘coordinadoristas’). El capital es una relación entre clases, y cualquier estrategia que busque abolirla no puede evitar la confrontación y la lucha entre clases. Esto nos lleva a la cuestión de los sindicatos. El último siglo estuvo cargado de intentos fallidos por reformar los sindicatos, y nos vemos en la obligación de preguntar: incluso si de alguna forma se hiciera posible triunfar allí donde otros han fallado, ¿por qué sería esto un logro que valga la pena? A mi me parece que nuestro norte debiera estar en la lucha de clases real, no en una forma particular (el sindicato) que muchas veces esta toma. Hay razones importantes para esto. Primero, cualquier intento de reforma que amenace de manera seria el rol de los sindicatos como ‘agentes sociales’5 para la patronal requeriría una mayor militancia de parte de los miembros para forzarlo (recientemente, Unison6 llevó a cabo una verdadera caza de brujas contra aquellos miembros que defendían un voto negándose a los recortes salariales, contrario a la política oficial de neutralidad; ¡imagínense la respuesta de los burócratas a las demandas por su abolición!). Así que incluso si piensan que es una buena idea reformar los sindicatos, necesitarían enfocarse en construir la lucha de clases real. Segundo, la forma de los sindicatos se convierte rápidamente en una barrera para la extensión y el desarrollo de las luchas obreras. Los sindicatos están atados a una legislación restrictiva cuya esencia deja fuera del marco de la ley a toda acción efectiva. Los jefes deben ser informados acerca de las huelgas para permitirles tomar medidas que mitiguen dicha acción, mientras que la acción solidaria de otros es ilegal. Los piquetes son reducidos a un tamaño ineficaz, independientemente que las acciones salvajes por ser ilegales deben ser repudiadas, y así suma y sigue… Más allá, el sindicato actúa como una división entre diferentes grupos de trabajadores (los no afiliados/los afiliados a otros sindicatos) ya sea en un mismo o en diferentes lugares de trabajo, los cuales comparten los mismos intereses, actuando de esta manera como una barrera a la acción de clase en común. Gran parte del colectivo libcom son delegados sindicales del sector público y han experimentado estos problemas de primera mano, con los sindicatos haciendo las gestiones para realizar los recortes de sueldo a sus miembros a pesar del apoyo a las huelgas. En contraste al enfoque inclinado a reformar los sindicatos, reivindicamos el desarrollo de otras formas de lucha (que perfectamente pueden satisfacer también sus criterios participativos). En particular defendemos las asambleas de base de todos los trabajadores sin importar su membrecía, para que estas controlen la lucha y se relacionen con otras asambleas de otros sectores, y de igual manera dicho tipo de asambleas para coordinar sus actividades más allá de las divisiones por empleador, sector y sindicato pueden hacerlo a través de consejos de delegados electos y revocables. Éstas críticas se relacionan más con cómo una visión de la autogestión se refleja en la práctica contemporánea. Fuera de las críticas, la idea de que aquellos afectados por las decisiones deberían ser quienes las tomasen nos parece poco controversial, aunque la especificación de si se deja como una votación a mayoría simple, como consenso o un complejo sistema de determinar el peso de cada voto de forma proporcional nos parece que depende del contexto. Yo preferiría la práctica más sencilla (generalmente una votación de mayoría simple), pero esto es algo que debe ser decidido por los afectados, ¡por supuesto! Por ejemplo en el colectivo libcom, un grupo de diez personas, usamos la unanimidad menos dos, lo cual nos funciona bien.

Lugares de Trabajo Balanceados

Este principio nos parece sensible. Nadie debiera estar asignado a una vida de trabajos sin importancia, y nadie tampoco debiera monopolizar los roles más divertidos/empoderadores de la sociedad. De este modo los lugares de trabajo balanceados reconocen la necesidad de transformar la forma de nuestra actividad productiva organizándola de manera igualitaria en torno a las necesidades humanas. Si hay un problema en este punto, ese es el peligro de tomar al trabajo como una actividad separada de la vida como nos ha sido dada, y simplemente buscar democratizarlo. El comunismo siempre ha buscado la abolición del trabajo, no simplemente su reorganización. ¡Por supuesto, esto no quiere decir la abolición de la actividad humana! Probablemente sean diferencias puramente semánticas, pero es necesario reconocer que la separación entre el trabajo y la vida es un producto de la sociedad capitalista, y que muchas labores que se vuelven aburridas, repetitivas y apagadas bajo el capitalismo son actividades potencialmente gratificantes en sí mismas una vez que son despojadas de las restricciones impuestas por la disciplina del mercado y las jerarquías de los lugares de trabajo. En consecuencia, la tarea no es solo re-organizar el trabajo de una manera más justa, sino abolirlo como una categoría separada de la actividad social. Por supuesto que no todas las tareas ‘de baja categoría’ podrán ser abolidas o automatizadas, y en esa línea nos hace sentido el tener una división igualitaria de las labores de la actividad productiva, lo cual parece ser la propuesta de los lugares de trabajo balanceados.

Planificación Participativa

Desafortunadamente el fetiche de la participación per sé aparece nuevamente. Creo que caen en la misma trampa centralista en la que caen los planificadores centrales, asumiendo que algo tan vasto, complejo y dinámico como el total de la producción social puede ser racionalmente planeado a un nivel macro. Si el plan es producto de unos pocos burócratas del comité central o si es producto de un proceso participativo de planificación que tome en consideración los deseos de 6 billones de personas es algo secundario. La razón por la que el capitalismo de mercado prosperó por sobre la planificación central es que los mercados son descentralizados, adaptables y flexibles, y que el orden a nivel macro es algo que emerge, no que se diseña. No es necesario repetir las críticas a los mercados, creo que ambos estamos en la misma página en tanto consideramos el hecho de que este orden emergente es uno que refleja el poder adquisitivo y no la necesidad humana, por lo que podemos ver países exportando semillas para el consumo del ganado mientras gente muere de hambre, etc. No obstante, hay una lección en términos de flexibilidad y orden emergente. Me parece que un plan anual único aunque abordado participativamente no es más flexible que los de los planificadores centrales, quizá hasta menos pues la participación masiva para corregirlo haría que tomara mucho más tiempo en dictarse. En contraposición sugeriría que la producción se orientara en una base ‘impulsadora’ según el consumo, produciendo en respuesta a lo que se consume de acuerdo a la producción máxima que permite la jornada laboral deseada, acordada socialmente. Si la demanda sobrepasa el suministro en un área, trabajadores extra y/o materias primas pueden ser pedidos de otras. Para lidiar con la escasez, los sectores prioritarios podrían ser delineados a través de varios medios participativos (como federaciones de consejos), y comités de delegados electos, rotativos y revocables podrían encargarse de los detalles más minuciosos. Así, por ejemplo, podrías esperar una mayor prioridad para las necesidades fisiológicas básicas, y una menor para los bienes de lujo, teniendo un amplio espectro de otros bienes situados entre medio. De esta manera, el plan social final podrá ser emergente y flexible, y estar sujeto a correcciones realizadas democráticamente que definan los bienes o sectores prioritarios.

Recompensar el Esfuerzo y Sacrificio

Después de la defensa de las cooperativas de crédito y producción/de los ‘negocios participativos’, esta es desafortunadamente la segunda repetición de las políticas del siglo XIX. Por allá por 1865, Karl Marx escribió de los sindicatos de su tiempo que “en lugar del conservador lema ‘¡Un sueldo diario justo por un justo día de trabajo!’ deberían escribir en sus estandartes el santo y seña revolucionario ‘¡Abolición del sistema asalariado!’”. Incluso si alguien pensara que Marx es arcaico, esa afirmación sería aún más cierta acerca de sus opositores conservadores. El comunismo se trata de reducir el esfuerzo y sacrificio, no de elevarlos a principios fundamentales como una especie de ética protestante secular. La remuneración por esfuerzo y sacrificio está basada en los mismos supuestos acerca de la conducta humana que la economía neoclásica (que conforme el precio alcance el 0, la demanda incrementaría exponencialmente), los cuales pueden ser probados como falsos (hay algunos estudios antropológicos interesantes para este efecto, así como la experiencia del día a día de que si el té y el café son gratis en el trabajo no estaríamos todos con sobredosis de cafeína, o que nos volveríamos hipocondriacos si hubiera atención gratuita de salud para todos, etc.). Los salarios aunque ‘justos’ son una forma de racionamiento, lo cual es en sí una respuesta a la escasez. Hay dos formas para combatir la escasez, las cuales naturalmente se complementan. Primero, la reorganización racionalizada de la producción para satisfacer las necesidades humanas elimina la despilfarradora producción de comodidades desechables e introduce una eficiencia casi imposible bajo las relaciones de mercado atomizadas (como la calefacción de un distrito versus calderas por casa, redes descentralizadas de producción de energía renovable, planificación urbana orientada más hacia la convivencia comunitaria y al tránsito de grandes masas de gente en lugar de a automóviles privados, etc.). Esto reduce la escasez. Sin embargo, no podemos contar con eliminarla, por lo que algunas formas de racionalización serán requeridas. La pregunta que aparece entonces es ¿por qué insistir en los salarios y racionalización ‘justa’ que fueron considerados conservadores hace siglo y medio? Probablemente estaríamos de acuerdo con que tener acceso a satisfacer las necesidades fisiológicas básicas es algo incondicional, y con que todos deberían tener acceso a comida suficiente, vivienda, salud, etc. No hay razón para que estas cosas sean escasas. Por ejemplo, ya hay capacidad productiva suficiente en el área de los alimentos para acabar con la hambruna del mundo entero, pero el hambre persiste por la falta de poder adquisitivo. Y si un tratamiento médico fuera escaso, tenemos la certeza de que no lo entregaríamos al mejor postor. La cuestión de la escasez aumenta vertiginosamente con más bienes de lujo e ‘intermedios’. Hay miles de formas de las que se puede manejar esta escasez, cada una con sus pros y contras. Podrías repartirlo simplemente por orden de llegada. Esto probablemente sería suficiente para la mayoría de los bienes, ya que la producción organizada en una base impulsadora aumentaría a expensas de bienes menos priorizados socialmente. Podrían repartir a todos por igual, pero esto crea un potencial para mercados negros en tanto las necesidades de la gente no son idénticas. Se podría tener una lotería para los artículos de lujo. Podrían incluso tener una forma de medir las necesidades, lo que podría incorporar esfuerzo. Así por ejemplo si el número de vuelos es restringido por decisión colectiva por motivos ecológicos, tener familiares en el extranjero o haber trabajado particularmente duro podría darte una mayor oportunidad para un vuelo. Por supuesto que cualquier persona que decida acerca de estos temas debería ser mandada, rotativa, elegida y reelecta si ha sido apropiadamente responsable. Incluso si se sintiera que con todas estas formas potenciales de manejar la escasez algún tipo de remuneración fuera requerida (con lo que estaría en desacuerdo), sería seguramente por un esfuerzo excesivo y aplicable solo para escasos ítems de lujo, no como un principio fundamental de la sociedad. El último punto es que sin un salario mediando el acceso al consumo, ¿por qué la gente pondría aunque fuera un poco de esfuerzo en producir? Diría que si la actividad productiva en común es tan poco atractiva que una porción significativa de la población se abstiene de ella, entonces no ha habido ninguna revolución en las relaciones sociales. Más allá de esto, abundan las formas orgánicas para desalentar a los flojos (desde el estigma social hasta la sanción formal) y recompensar a aquellos que dan un esfuerzo extra para el colectivo (como hacerles una cena, prepararles una fiesta o dándoles una segunda oportunidad de volar a Hawái). La visión que dibujan parece tener un punto de vista muy economicista de los seres humanos, con la actividad productiva vista como necesariamente algo sin atractivo, y con los incentivos monetarios como la única forma de hacer que la gente la lleve acabo o sancionando a aquellos que no la realizan. Esto simplemente subraya el hecho de que la abolición del trabajo (y de esta manera de la economía) como una esfera separada de la vida es una tarea primordial para cualquier proyecto revolucionario. He intentando ser conciso, pero al discutir la potencial organización social de la vida de billones hay mucho terreno que cubrir. Espero haber resaltado los puntos en los que nos encontramos de acuerdo y delineado en dónde yacen nuestras diferencias, y las implicancias de estas diferencias tanto para la sociedad que esperamos crear como los medios por los cuales esperamos crearla.

ppsimbolRespuesta de Project for a Participatory Society

Hola Joseph – gracias por tu respuesta a mi declaración inicial. Como ustedes, también creo que debemos ser tan críticos con nuestras propias organizaciones y tradiciones como lo somos con lo establecido, y que el dogmatismo no tiene nada que ver con la genuina cultura radical-progresista. Saludo también sus críticas a la economía participativa de la que soy defensor. Mucho de lo que escribieron en su réplica es sin embargo no una crítica a la visión de la economía participativa sino que se centra en propuestas estratégicas posteadas en el sitio web de PPS-UK. He decidido no contestar a esas partes de su respuesta por las siguientes razones. 1) No menciono esas propuestas en mi declaración inicial. 2) Esas propuestas son hechas por miembros y están allí para ser consideradas y discutidas, para mejorarlas, etc. Puede bien ser el caso de que muchos de los miembros de PPS-UK estén de acuerdo con muchas de sus críticas a estas propuestas. Soy de los que piensan que su explicación histórica de lo fallidos que han sido los movimientos de cooperativas y sindicatos tiene cierto peso y también me gusta cómo suenan las propuestas que dices que LibCom promueve, como las “asambleas de base”, las cuales veo compatibles con las estrategias de la EconPar. 3) Por muy interesantes que son sus críticas a estas propuestas, estamos aquí para debatir visión de economía post-capitalista – no de estrategia anti-capitalista. Esto me lleva a un punto que me gustaría resaltar antes de ir a responder sus comentarios sobre las características institucionales que definen el modelo de la EconPar.

Fines y Medios

Cuando dicen que “Si bien este es un debate acerca de visiones, creo que los fines están hechos de medios, y que por lo tanto es imposible discutir sobre una sociedad futura aislándola de los medios para llegar a ella” creo que probablemente han dado con una de las “diferencias importantes, quizá cruciales” que mencionan en su réplica a mi enunciado inicial. En cierto sentido concuerdo con que los fines (la visión) están hechos de medios (estrategia). No obstante, su enunciado parece sugerir que su visión emergerá de su estrategia. Esto, creo, explica porqué en su declaración inicial hablan tanto de la estrategia de LibCom y porqué pusieron las propuestas estratégicas del sitio de PPS-UK en una discusión de visión de economía participativa. Al contrario, yo diría que la visión debe formar la estrategia. Entonces sí, los fines están hechos de medios, pero una estrategia efectiva solo puede ser desarrollada si tenemos una buena idea de a lo que vamos. Sospecho que esta diferencia básica podría acercarnos a explicar muchas de las diferencias que ya han comenzado a mostrarse en este intercambio. Puede que sea el caso de que si podemos tratar este asunto en su nivel más fundamental, muchas de las diferencias que habían empezado a mostrarse desaparezcan. Pienso que tendría valor explorar esta diferencia con mayor detalle.

Punto de Vista Economicista

Dicen que la EconPar “parece tener un punto de vista muy economicista de los seres humanos”. Con la esperanza de tratar esta crítica necesitaré explicar muy rápidamente el proyecto general en el que estoy involucrado. Nuestro programa global en PPS-UK incluye esfuerzos en desarrollar visión y estrategia no solo en la esfera económica, sino también en la comunitaria, la del parentesco y la política. Más allá, el desarrollo de visión y estrategia al interior de estas cuatro esferas sociales toma lugar dentro de un marco teórico general llamado “holismo complementario”. Este marco fue conceptualizado como un intento de trascender al materialismo histórico (el cual pienso pone la economía al centro de todas las cosas, resultando toda clase de distorsiones del entendimiento, etc.) y es un esfuerzo consciente de tratar los tipos de problemas que surgen de una visión economicista y otros marcos monistas que mencionas. Por otra parte, el marco del holismo complementario no asume a ‘antes de los hechos’ el predominio de ninguna esfera social por sobre otra. Sospecho de hecho que ese “punto de vista economicista” que ves en la visión que delineo tiene que ver con el simple hecho de que estamos discutiendo acerca de visión económica, por lo que naturalmente estará el foco puesto en la economía. Lo mismo podría aplicarse si nos estuviéramos enfocando en la esfera comunitaria. Habría una parcialidad natural hacia los temas culturales, pero no se podría concluir de dicha discusión que promovemos una visión “culturalista” de los seres humanos – al menos no si se ubica al interior de un marco holista complementario.

Propiedad Social

Dicen que “Cualquier diferencia en este punto sería puramente semántica” y que “como sea que lo llamemos, el punto es que la propiedad deja de ser un tema”. Esto es esencialmente correcto. Sin embargo, muestran un punto muy importante al decir que ustedes que suelen “hablar de comunizar… más que de socializarlos”. Su razón tiene que ver con la negativa “asociación común” del término. Otra vez, estoy de acuerdo con ustedes, pero también siento que hay una igualmente mala (si no peor) asociación conectada al comunismo. Es cierto lo queramos o no. Ambos sabemos que usar términos que acarrean connotaciones negativas pueden hacer que la gente deje de escuchar nuestras ideas, incluso antes de comenzar a hablar de ellas. O si no hacen que no nos escuchen desde el principio podemos de igual forma terminar hablándoles acerca de cómo su comprensión del término está errada o distorsionada, lo cual significa que gastamos la mayor parte de nuestro limitado tiempo intentando deshacer años de propaganda. Un acercamiento alternativo a estos problemas puede ser para nosotros desarrollar nuevos términos que contengan lo que queremos decir, y quizá que lo hagan mejor, pero sin las asociaciones negativas. Así, como una alternativa a la propiedad privada, pero sin las connotaciones negativas de propiedad social / comunal, me gustaría que consideraran la noción de “administración social” como un término que logra esta función.

Auto-gestión

Dicen que “la idea de que aquellos afectados por las decisiones deberían ser quienes las tomasen nos parece poco controversial” y estoy de acuerdo. Pero no estoy hablando solo de que quienes sean afectados por las decisiones deberían tomarla – como, por ejemplo, con democracia directa.

Los defensores de la EconPar dicen que la gente debería tener voz y voto en una decisión en proporción al grado en que se ven afectados por las consecuencias de la decisión.

Sentimos que como principio de toma de decisiones es justo simplemente porque las personas que se ven más afectadas por una decisión debieran tener más que decir que aquellas a quienes les afecta menos. Esto significa que bajo ciertas condiciones grupos completos de gente no tendrían ni voz ni voto en una decisión mientras que en otras un individuo podría tener absoluta voz y voto. Por otra parte, con la democracia directa es típico para todos quienes son afectados por una decisión tener igual voz y voto independientemente de cuánto les afecten las consecuencias. Esto usualmente nos lleva a ver defensores de la democracia directa proponiendo ‘una persona, un voto’ en todos los temas –lo cual en mi opinión no es ni justo ni práctico. La noción de la EconPar de auto-gestión se contrasta también con el centralismo democrático por razones obvias –así que no creo que deba adentrarme en esto.

Lugares de Trabajo Balanceados

Parece que acá tenemos un acuerdo. Establecen correctamente “Por supuesto que no todas las tareas ‘poco importantes’ podrán ser abolidas o automatizadas, y en esa línea nos hace sentido el tener una división igualitaria de las labores de la actividad productiva, lo cual parece ser la propuesta de los lugares de trabajo balanceados”.

Respecto a eso, pienso que pueden haber diferencias de opinión en cuanto a qué trabajos podrían ser abolidos en oposición a cuáles deberían ser re-organizados. Debo decir que encuentro muy difícil tomar enserio una visión económica post-capitalista que fija la “abolición del trabajo” como unos de sus objetivos principales. Sin embargo, lo que diría (y quizá es a lo que quieren ir) es que en una economía participativa los trabadores se sentirían de manera distinta respecto a sus empleos pues ya no estarían alienados de sus lugares de trabajo. Pero en una EconPar todos siguen teniendo un empleo –pero uno que está en parte formado por labores que no son muy deseables. Así que seguiría habiendo un sistema económico en el que el trabajo ocupa un lugar. La importante diferencia para quienes nos identificamos con la EconPar es que los LTBs superan las consecuencias anti-sociales de la división jerárquica del trabajo y hacen de la actividad económica algo más eficiente y más justo.

Planificación Participativa

En su respuesta a nuestra declaración inicial apuntaron correctamente que ambos somos abolicionistas del mercado. En lugar de mercados yo recomiendo la planificación participativa, la cual ustedes critican diciendo que “caen en la misma trampa centralista en la que caen los planificadores centrales, asumiendo que algo tan vasto, complejo y dinámico como el total de la producción social puede ser racionalmente planeado …”. Aquí, asumo todos los cargos de los que se me acusan. Pero, ya hecho eso haré dos afirmaciones cortas en mi defensa antes de comentar brevemente su alternativa a los mercados. Primero quiero ser muy claro en que aunque esté de acuerdo con los planificadores centrales en su convicción de que la actividad económica a gran escala puede ser planificada racionalmente, no estoy de acuerdo con sus medios para llegar a esa planificación. Diría que, si bien la planificación central es una alternativa a los mercados, resulta ser también un sistema económico dominado por una dirigencia profesional la cual es usualmente asociada a sistemas socialistas pero, en mi opinión, es más adecuado describirla como una economía coordinadora. Segundo, parece que sus razones para rechazar la planificación participativa como una alternativa a los mercados son la ineficiencia y falta de flexibilidad en general. Dicen que “un plan anual individual aunque abordado participativamente no es más flexible que los de los planificadores centrales, quizá hasta menos pues la participación masiva para corregirlo haría que tomara mucho más tiempo en dictarse”. Ahora, desde mi breve descripción en mi afirmación de apertura, creo entender por qué piensan que la planificación participativa es un proceso inflexible. No obstante, entenderlo de manera más completa revela un proceso mucho más sofisticado capaz de acomodarse a los cambios en los deseos y necesidades. Así, por ejemplo, si alguien quiere cambiar un artículo que fue presentado como parte del plan anual por uno diferente, entonces podemos asumir que alguno de este tipo de cambios será compensado por otros cambios hechos por otros miembros de ese consejo de consumidores. Podemos ver desde ya que hay cierto espacio para la flexibilidad, admitiendo sin embargo que esto permite nada más que una flexibilidad limitada. La verdadera pregunta es, ¿qué pasa cuando los cambios no pueden ser compensados por otros cambios? En este caso, las transformaciones pedidas desde los consejos de consumidores podrían ser llevados a la Mesa Coordinadora (MC) la cual a su vez podría llevar esta información a los consejos obreros, en los cuales pueden tomar lugar las renegociaciones entre las federaciones de obreros y consumidores pertinentes. Es en este punto que vemos que el proceso de planificación participativa tiene un gran potencial para la flexibilidad. Preveo que considerarías esta solución para tu percibida inflexibilidad en el proceso de planificación participativa como algo ineficiente. Un punto importante que me gustaría hacer es que esta renegociación involucra solamente a aquellos afectados por los cambios – el resto del plan anual sigue siendo el mismo. El punto es que cualquier cambio al plan anual no requiere la participación de todos. Otro punto en cuanto a lo que es eficiencia del proceso de planificación es que el plan anual no es tratado a través de una gran asamblea – que por razones obvias sería muy poco práctico. En vez de eso proponemos un proceso de planificación que involucre tres instituciones principales – consejos y federaciones de trabajadores, consejos y federaciones de consumidores, y las Mesas Coordinadoras. Un plan anual es tratado en una serie de reuniones co-operativas entre consumidores y trabajadores, que son facilitadas por la MC. Los participantes tienen un tiempo amplio para considerar sus propuestas, las cuales pueden ser formadas por planes de años anteriores e información actual sobre costos, etc. disponible a través de la MC. Este proceso toma lugar en niveles apropiados al interior de las federaciones, así que las necesidades y deseos de los numerosos grupos de gente dentro de la sociedad, desde individuos hasta una nación completa, pueden ser tomados en cuenta. Hay otros puntos más finos de los que podría estar hecho el proceso de planificación participativa, pero soy consciente de que he ahondado mucho, así que lo dejaré hasta acá por ahora, esperando que podamos continuar aclarando nuestras formas de entender conforme avancemos. Pero, antes de seguir, siento que debería responder a su alternativa a los mercados. “En contraposición” a lo que vieron como el rígido y torpe proceso de planificación participativa ustedes sugieren “que la producción se orientara en una base ‘impulsadora’ según el consumo…”. Debo decir que a primera mirada, dada su aparente oposición a la planificación racional, me sonó a un sistema de mercado guiado por la “mano invisible”. Pero siguen diciendo que “Si la demanda sobrepasa el suministro en un área, trabajadores extra y/o materias primas pueden ser pedidas de otras”, lo que sugiere un cierto proceso de planificación racional. Continúan haciendo un borrador de cómo podría trabajar este proceso, concluyendo que “el plan social final podrá ser emergente y flexible, y estar sujeto a correcciones realizadas democráticamente que definan los bienes o sectores prioritarios”. Ahora, aunque sigue siendo vago, esto suena un poco más cerca de lo que es el proceso de planificación participativa. Por tanto, espero aprender más acerca de cómo su sistema de abastecimiento en una economía post-capitalista podría funcionar realmente. Confío en que podamos al menos clarificar dónde están las similitudes y las diferencias dentro de nuestros sistemas.

Remunerar el Esfuerzo y el Sacrificio

Tengo que admitir que no entiendo mucho de lo que dicen en su respuesta al criterio de la EconPar para la remuneración. Me citan a Karl Marx diciendo “¡Abolición del sistema asalariado!”, sugiriendo entonces que cualquiera que no esté de acuerdo con esto es un “conservador”. No soy Marxologista, pero sospecho que cuando Marx llamó a la abolición del sistema asalariado se estaba refiriendo a un sistema a través del cual los trabajadores deben arrendarse a capitalistas como esclavos asalariados. Sí, en una EconPar remuneraríamos el esfuerzo y sacrificio, y si quieren llamar a esta recompensa “salario”, entonces está bien. Pero el punto importante acá es que en una economía participativa no habrá esclavos asalariados – un punto que sospecho que Karl Marx (al igual que Kropotkin, Bakunin, Rocker, etc.…) apreciaría. Así que en una economía participativa tendríamos un sistema de remuneración basado en el esfuerzo y sacrificio, pero como la EconPar es una economía sin clases no tendríamos esclavos asalariados. Esto quiere decir que si tú y yo tenemos el mismo trabajo en el mismo lugar de trabajo y yo trabajo más tiempo o más duro que tú, entonces tengo más derecho para consumir. Pienso que este es un criterio justo de remuneración y si defender tal criterio me hace un conservador entonces lo soy – aunque tengo que decir que no recuerdo a ningún conservador que defienda la remuneración por esfuerzo y sacrificio.

Aunque en un principio arguyen en pos de la abolición de los salarios, al final reconocen que “algunas formas de racionalización serán requeridas” una vez que las necesidades básicas sean satisfechas, y respecto a lo que ustedes llaman “bienes de lujo e intermedios”. Dicen que “Hay miles de formas de las que se puede manejar esta escasez”, dando ejemplos como “por orden de llegada”, “lotería” o “medir las necesidades”.

Tomando la última sugerencia primero, diría que si es una necesidad que estamos analizando no sería un bien intermedio o de lujo y por lo tanto en su futura economía ya se habrían hecho cargo presumiblemente. Respecto a sus otras dos sugerencias, me parece que en lugar de recompensar a la gente en base a un criterio justo (como el esfuerzo y el sacrificio) quieren recompensarlas por su suerte (lotería) o por su agresividad (por orden de llegada). De nuevo, si estar en oposición a un proceso de remuneración descaradamente injusto como ese me hace un conservador, entonces estoy feliz de ser llamado un conservador – aunque, por razones que ya di, no creo que ese argumento esté en pie. Eso es por ahora – Espero leer su respuesta.

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Respuesta de libcom.org (libertarian communist)

Mark, gracias por tu respuesta. Nuevamente parece haber una mezcla de puntos en los que estamos de acuerdo, diferencias políticas genuinas y simples malentendidos (los cuales pueden ser por una falta de claridad de mi parte). Obviamente me enfocaré en las diferencias y malentendidos, los cuales pueden dar la impresión de que tenemos menos en común de lo que de hecho tenemos. Probablemente sea valioso recapitular nuestros puntos de encuentro en cierto momento, precisamente para contextualizar las diferencias y evitar una percepción falsa. Sin embargo, por ahora para ayudar a aclarar intentaré tratar los puntos uno a uno en el mismo orden que tú lo hiciste.

Visión y estrategia, fines y medios

Es cierto que su declaración inicial no hacía referencia a las estrategias de PPS que están en su sitio. Sin embargo, la nítida separación de ‘visión’ y ‘estrategia’ es justamente una de las ‘diferencias importantes, quizá cruciales’ en este debate – como notaron correctamente. Mencioné las estrategias de PPS para señalar el riesgo de hacer un fetiche con la ‘participación’ y la ‘auto-gestión’ per se. Es decir, las mencioné para dar un ejemplo concreto que respaldara mis críticas a su visión, las cuales de otra forma hubieran parecido bastante abstractas probablemente. Me alegra que vean cierto mérito en estas críticas; son hechas constructivamente y en un deseo de contribuir a una práctica anti-capitalista efectiva. De hecho, si les atrae la idea de las asambleas de base como una forma de coordinar las luchas, me gustaría hacerles una invitación a compartir un trago (¡o tres!) y discutir estrategias para llevar a cabo esta visión, en tanto haya campo para la cooperación práctica. No obstante, cuando escriben “su enunciado parece sugerir que su visión emergerá de su estrategia” creo que malentienden a lo que me refiero con ‘el fin está hecho de medios’. Tenemos la visión de una sociedad sin clases, sin Estado y no mercantilizada, sin dinero, y sin la producción e intercambio de productos y el trabajo como actividades separadas, guiada bajo la máxima ‘de cada quien según su capacidad a cada quien según sus capacidades’. Creemos que solo ciertos medios pueden crear este fin, y dichos medios (‘estrategia’ en su lenguaje) forman de hecho parte de nuestra visión. Como esta es una discusión de nuestras respectivas ‘visiones para la economía del Reino Unido’ –sin una especificación de post-capitalismo – pensamos que esta visión más inmediata es una parte necesaria del debate (es más, tenemos estrategias para realizar nuestra más inmediata visión de asambleas de base, confirmando de esta manera que es una auténtica ‘visión’ de acuerdo a su terminología). Así que tenemos una visión en su sentido de la palabra – una visión que se extiende desde el presente hacia el futuro. Lo que pensamos es que probablemente lo que hace brotar los medios no es la visión, sino los detalles específicos de su implementación. Por ejemplo, los consejos formados para coordinar la lucha revolucionaria pueden también comenzar a coordinar y reorganizar la producción en tanto los lugares de trabajo son expropiados, así como acordar los procedimientos más adecuados para tomar las decisiones, por ejemplo. Podemos hacer sugerencias de cómo dicha sociedad puede funcionar, y de hecho lo estamos haciendo en el curso de este debate. Pero estas no son planos detallados a seguir, sino meras exposiciones de posibilidad. No creemos que aspirantes a ‘pensadores’ políticos como nosotros puedan anticipar todos los detalles de una futura sociedad – ninguna sociedad ha sido diseñada por adelantado (de hecho, el deseo de hacerlo es otra característica del socialismo del siglo XIX, y en particular de su variable utópica). La necesidad es la madre de toda invención, así que mientras podamos ofrecer una visión guía y algunas especulaciones sobre cómo podría funcionar, los detalles tendrán que ser elaborados por la auto-organización de millones de personas, cuyo genio colectivo excede por mucho al de cualquier individuo o grupo de intelectuales. Esto no es una huida – como dije, hacemos sugerencias sobre cómo una sociedad comunista libertaria podría ser organizada – sino una humildad bien formada.

Holismo y materialismo

Otro punto que hacen es yuxtaponer su ‘holismo complementario’ al ‘materialismo histórico’. Si con este se están refiriendo al dogmático marxismo de la segunda internacional, el cual es un determinismo económico crudo, entonces estamos de acuerdo en rechazarlo. Sin embargo, nuestro acercamiento es histórico en tanto buscamos sacar lecciones de las luchas e ideas del pasado. Y es también materialista, en el sentido de que vemos que todos los fenómenos consisten en interacciones materiales, incluyendo las ideas, cuya influencia en el mundo material es vista como un producto, o mejor dicho un aspecto de este. Filosóficamente hablando, el materialismo es una filosofía monista que ve solo la existencia del mundo material en un nivel ontológico (en oposición al dualismo mente-cuerpo, etc.). Sin embargo, parece que el monismo al que se refieren es el privilegio de una de las esferas de la acción humana por sobre las otras. Esto merece algo de discusión. Colocamos el deber del análisis de clases y de la acumulación como algo central para nuestra comprensión del capitalismo y de cómo abolirlo. Pero esto no es (usando sus palabras) una afirmación a priori ‘antes de los hechos’, sino una a posteriori; es una que surge de una investigación racional y crítica de los fenómenos sociales. Así, cuando intentamos entender la perpetuación de la hambruna y la desnutrición en un mundo con excedentes en calorías, no podemos sino observar el impacto de las políticas del crecimiento impulsado por exportaciones que hacen que países exporten semillas para alimentar ganado a mercados relativamente prósperos mientras la población de dichos países exportadores sufre de hambre. Cuando intentamos entender el curso inevitable del mundo hacia un catastrófico cambio climático a pesar del consenso científico en torno a las causas y a lo grave de las consecuencias, no podemos sino concluir que el imperativo de los capitalistas de ‘crecer o morir’ ignora todo lo demás, quizá incluso la vida humana en la tierra. Cuando fijamos la atención en cosas como la geografía humana y urbana, la urbanización y el esparcimiento global de barrios marginales por ejemplo no pueden ser entendidos sin ver los factores del desarrollo económico, que son la difusión de las relaciones sociales capitalistas en el campo, el convertir a campesinos en trabajadores sin tierra, muchos de los cuales se ven forzados a migrar a las ciudades para vivir a duras penas. Si se considera a la familia, el decaimiento del tradicional núcleo familiar patriarcal en las economías desarrolladas a través de las últimas cuatro décadas refleja un cambio desde una economía basada en el trabajo en fábrica de sostenes de familia masculinos a uno basado en una creciente fuerza de trabajo mixta y ocasional en el sector de los servicios. Las causas y efectos no pueden ser vistos inmediatamente; la correlación no es lo mismo que la causa, pero por ahora necesitamos notarla y tenerla en cuenta. Mariarosa Dalla Costa y Selma Jones escribieron un influyente panfleto acerca de cómo el rol de las amas de casa y la familia patriarcal están vinculadas a la disciplina de las fábricas, enmarcándolo sobre todo en su propia experiencia como amas de casa. [1] Ahora, ninguno de estos fenómenos puede ser reducido a un plano económico, y menos aún diríamos eso. Sino que subraya un punto de importancia que va más allá: el capital como sistema de clases es una relación social, no meramente una relación económica. Este determina a la sociedad, y discutir sobre el capital y las clases no es reducir la sociedad a la economía, sino más bien entender las formas en las que esta relación vampiresca y que absorbe la vida de los vivos viene a determinar la sociedad de acuerdo a sus intereses y en contra de los nuestros. Así, cuando hablamos de capitalismo y lucha de clases no estamos hablando solamente de las disputas económicas y laborales respectivamente, sino de la sociedad como un todo, y de las luchas que toman lugar en la sociedad entre los desposeídos y aquellos que representan los intereses del capital.

Propiedad social, y jerga cargada

Señalan que comunismo es un término cargado de muchas connotaciones negativas. Esto es muy cierto, y el porqué nos definimos como comunistas libertarios es porque a pesar de eso el comunismo ha hecho referencia siempre a una sociedad libre y sin Estado (incluso para alguien tan lejano a nuestras políticas como Lenin, aunque una vez que estuvo a la cabeza del Estado abandonó en cierta forma este objetivo). Por lo general intentamos evitar del todo la jerga política cargada en los medios de expresión que producimos para el exterior (como la sección noticiosa de nuestro sitio web, o el boletín en debate ‘Tea Break’ en el que hemos estamos trabajando [2]). En debates como este, en los cuales ambos participantes y lectores tendrán algún grado de interés político previo – y tenemos una amplia oportunidad de explicar a lo que nos referimos en un inglés sencillo –usaremos de mejor gana aquellos términos e intentaremos darles algún sentido. Es decir, acuñar nuevos términos puede funcionar también, pero si bien no tienen un sentido adverso, tienen que también crearle un sentido positivo desde cero. Así, aunque ‘administración social’ podría ser un término útil en el contexto adecuado, no hay garantía de que su significado permanezca sin contaminar. Si tenemos éxito de cualquier forma, nuestros enemigos tienen poderosos medios masivos de comunicación a su disposición y poco interés en representar nuestras ideas justa y adecuadamente, así que cualquier palabra usada por un poderoso movimiento de trabajadores por muy ‘pura’ que sea en su comienzo tendrá su significado distorsionado en algún punto. Dicha distorsión es un gaje del oficio del cambio social. Como ejemplo, Murray Bookchin una vez comenzó a usar la palabra ‘comunalismo’ para describir su visión del comunismo administrado local y federadamente. Por desgracia este término también resulta ser algo esencial del proyecto Nuevo Trabajo (New Labour Project), con el que describen una situación en la que los fondos municipales son divididos entre ‘líderes comunitarios’ nacionales o religiosos en competencia. De hecho ese uso es anterior a Bookchin, y parece muy posible que uno de los tres principales partidos políticos o algún tanque de ideas7 se refiera a la ‘administración social’ para describir, por ejemplo, que el gobierno local se libre de los servicios de caridad (una búsqueda rápida en google sugiere que la frase ya tiene un lugar en el léxico de los tanques de ideas). Tienen razón al señalar los problemas de la jerga cargada, y no solemos ir por allí alegremente declarándonos como comunistas por esa razón – al menos no sin explayarnos -, prefiriendo en vez de eso enfocarnos en las cosas concretas que defendemos (auto-organización, acción directa, solidaridad, el control de las luchas por parte de las masas a través de asambleas de base, etc.…). Estas proposiciones concretas son más difíciles de malentender o tergiversar, aunque tampoco son inmunes al proceso descrito.

Auto-gestión

Pienso que nuestras diferencias aquí son precisamente porque ustedes tienen una visión específica de una especie de democracia directa ‘pesada según la implicancia’, mientras nosotros tomamos una visión más pluralista de que hay muchas formas de tomar decisiones democráticamente, y la que es mejor en un contexto puede no ser la mejor en otro. El problema con lo que están sugiriendo es cómo se podría determinar exactamente cuán implicada está la gente en una decisión y cómo pesar los votos de acuerdo a ello. ¡Esta no es una tarea trivial, por decir lo menos! Basta considerar, ¿qué quiere decir realmente ‘implicado’, objetivamente? ¿Está alguien que se opone fuertemente al consumo de alcohol más implicado en la decisión de abrir un bar que el futuro personal y clientes que podrían de cualquier modo servir o consumir tragos en cualquier otro lugar? ¿Y qué hay sobre las consecuencias imprevistas en las que alguien a quien se le niega el voto se convierte en una persona enormemente implicada? Incluso si la ‘implicancia’ pueda ser cuantificada (lo cual no es una tarea menor), el problema continúa siendo que pesar los votos de manera adecuada no es algo sin importancia, y que involucra una censura de votos explícita. Esto podría fácilmente socavar la solidaridad si la gente siente que se les ha negado un voto justo – lo que es casi seguro que pasará, es imposible complacer a todos. Al menos con la democracia directa de ‘una persona, un voto’ hay una sensación entre las minorías de que todos tuvieron oportunidad de dar su opinión y de que podrían bien estar en la mayoría la próxima vez. Pero sí, esto sería problemático si una decisión realmente afecta solo a una pequeña franja de un consejo, por ejemplo. Por ello es que tenemos cautela de ser demasiado prescriptivos. Habrá personas de las que no estén tan afectadas por ciertas decisiones que tenderán a mantenerse al margen de las discusiones y votaciones de cualquier forma, precisamente porque no les afectarán los resultados. De ser ese el caso, la democracia directa de ‘una persona, un voto’ podría bastar la mayoría del tiempo como una forma auto-regulante de pesar de acuerdo a la implicancia. De no serlo, más mecanismos formales serán necesarios. La idea de pesar de acuerdo a la implicancia podría ser una posibilidad, pero los desconsiderados inconvenientes apuntados más arriba deben ser tomados en consideración. Nuestra preferencia es por los mecanismos factibles más simples, más que prescribir sistemas de votos ‘pesados’ increíblemente complejos como opción por defecto.

Lugares de trabajo balanceados

Creo que consensuamos en el principio de que no habrá división jerárquica del trabajo y que cualquier trabajo de poca categoría necesario para la sociedad será distribuido de forma igualitaria. Tenemos ciertos problemas con las formas específicas que defienden para lograr esto – tasa de esfuerzo/empoderamiento por persona, etc., los cuales creemos corrosivos de la solidaridad, y que no toman en cuenta el hecho de que una persona puede disfrutar realmente de una tarea considerada generalmente ‘de baja categoría’ mientras otros pueden despreciar alguna considerada empoderadora. De cualquier forma, como principio básico parece haber ciertamente un acuerdo. Me refiero al asunto de la ‘abolición del trabajo’ más de lleno abajo, en la discusión de ‘remunerar el esfuerzo y sacrificio’. No es necesario decir que si estamos hablando de visiones últimas de una sociedad futura, ¡pensamos que cualquier visión que no proponga la abolición del trabajo no es en lo absoluto ambiciosa! (No malentiendan que estamos diciendo que todos estarán sentados todo el día tocando guitarras y cantando kumbaya, esto debería ser leído en conjunto con la explicación más completa que hay más adelante).

Planificación participativa – ¿empujar o tirar?

Queremos que haya una planificación social y racional de la producción, pero no creemos que esto pueda dar resultado a nivel de metas anuales. Es problemático incluso a nivel de una sola fábrica, y mucho más en cuanto a la producción global total. Producir en base a metas es lo que se conoce como ‘producción empujada’, en la cual se elabora un plan y se ‘empuja’ esta producción a reservas, sea o no consumida. Esto además tendría el problema de que habría un incentivo para que las mejoras productivas se mantengan en las empresas para que las metas puedan ser alcanzadas – y ganados los ingresos – más fácilmente. La lógica del intercambio, aunque justa, acarrea consigo esta especie de tendencia atomizadora que opera contra la solidaridad. Este punto es desarrollado más adelante en relación a la remuneración. Por otro lado, proponemos una ‘producción tirada’, lo que quiere decir que la producción es en respuesta al consumo; como las reservas son consumidas, se dan órdenes de producir para reponerlas, ‘jalando’ los bienes a la cadena de distribución. Nuestra crítica a la planificación central no es simplemente que excluye a la mayoría de incluirse en el plan (aunque esta crítica es correcta, por mucho que no sea la que estamos haciendo ahora), sino que todo el concepto de planear racionalmente metas para algo tan dinámico como una sociedad de billones de personas es algo esencialmente defectuoso, tanto práctica como epistemológicamente. En consecuencia, vemos la planificación social y racional tomando lugar en determinar los productos/servicios y sectores prioritarios, desde lo esencial hasta lo lujoso. Los volúmenes exactos de producción son luego determinados localmente en respuesta al consumo, con la distribución de los recursos determinada por la prioridad relativa de las industrias, bienes y servicios en cuestión. De este modo, el orden macro en términos del volumen real de producción es algo emergente y no diseñado, aunque emerja de acuerdo a las prioridades del plan decidido socialmente (no como el orden emergente de los mercados, que simplemente refleja el poder adquisitivo y que produce lo que es rentable, no lo que se necesita; tampoco como el orden emergente de la evolución biológica, que refleja nada más que la idoneidad reproductiva). Los medios por lo cuales creemos que este proceso de planificación social debiera ocurrir son similares a los suyos, lo que significa estructuras tipo consejos con reuniones o delegados de consejo mandados, rotativos y reelectos que se encarguen de la distribución de los recursos de acuerdo a las prioridades del plan social. Seguramente hay otras formas en las que esto podría ser hecho incorporando tecnología (como que todos fueran capaces de acceder a una base de datos para actualizar sus preferencias personales, actualizando de manera automática el plan social). Sin embargo, dicha base de datos a gran escala sería algo sin precedentes, y en cualquier caso probablemente es más beneficiosa una discusión cara a cara en consejos más que opciones individuales y atomizadas. Tenemos la mente abierta a mejores medios, pero una estructura tipo consejo parece ser un buen punto de partida.

Remunerar el esfuerzo y sacrificio

Escriben que “si tú y yo tenemos el mismo trabajo en el mismo lugar de trabajo y yo trabajo más tiempo o más duro que tú, entonces tengo más derecho para consumir. Pienso que este es un criterio justo de remuneración y si defender tal criterio me hace un conservador entonces lo soy – aunque tengo que decir que no recuerdo a ningún conservador que defienda la remuneración por esfuerzo y sacrificio.” No podría sentirme de acuerdo, por ejemplo… “Los Conservadores entienden que – tan importante como promover la igualdad – lo es la justicia en mayor medida. Significa asegurar reglas justas, remunerar el trabajo duro y asegurar igualdad de oportunidades para todos.” [3] La ideología de la meritocracia es fundamentalmente conservadora y va en contra de la práctica de la solidaridad. Hace esto último individualizando a la gente y poniéndolos en contra en una competencia ‘justa’. Todos tienen lo que merecen, cada hombre para sí mismo. Dicen que realmente no entienden nuestras críticas – gracias por ser honestos acerca de eso en lugar de argumentar sobre propuestas cruzadas. Esto puede que refleje una falta de claridad de mi parte, o simplemente falta de familiaridad con las ideas del comunismo libertario. Quizá sea un poco de ambas. Intentaré aclarar ahora. El primer problema es que ‘esfuerzo y sacrificio’ no son medidas válidas para recompensar las diferentes habilidades de las personas – las mujeres probablemente puedan quedar embarazadas, hay gente discapacitada (cerca de 10 millones en el Reino Unido), gente enferma o temporalmente herida, etc. Sin mencionar cosas normales como que algunos sean más fuertes, más altos, rápidos con los números, etc. La EconPar intenta tratar esto con tasas de esfuerzo por persona, todos llenando formas de algún tipo acerca de sus compañeros de trabajo, evaluando qué tanto esfuerzo ha puesto la gente a pesar de sus talentos o incapacidades naturales. Aparte de este hecho, esto crearía una atmósfera de recelo más que de solidaridad, introduciría problemas más profundos por sí mismo. Por ejemplo, ¿cómo se puede distinguir entre un flojo talentoso y un poco iluminado pero muy trabajador? La gente podría también ganar más por menos trabajo diciendo que son disléxicos por ejemplo, o que sufren disfasia. Pero, ¿cómo sabrías si es verdad? ¿Darías a todos exámenes sicológicos y médicos obligatorios? ¿Pruebas psicométricas? La remuneración por esfuerzo y sacrificio construye incentivos para mentir y hacer trampas, en tanto los individuos pueden mejorar sus condiciones de vida tanto por medios incorrectos como por medios justos. Las potenciales soluciones a esto (pruebas obligatorias, etc.) solo crean otra capa de innecesarias tareas tecnocráticas más preocupadas de monitorear a los trabajadores que de satisfacer las necesidades humanas. Pero hay además un problema más profundo. Diría que la fijación de la EconPar con las medidas (de esfuerzo, sacrificio, aptitudes, incapacidades…) es en sí un producto de la sociedad capitalista; esto es, una sociedad dominada por el valor, por el impulso de minimizar el tiempo de trabajo socialmente necesario (es decir, modernizar constantemente, automatizar, imponer una división de las labores que reduce la actividad productiva a trabajo repetitivo, etc.). Para esas cosas que más disfrutamos en la vida –las amistades, el amor, jugar –el concepto de medida es absurdo e incluso obsceno. ¿Quién pensaría en medir a sus amigos, a sus amantes o aquellos con los que ha peloteado en el parque en una escala del uno al diez? ¿A quién le gustaría ser medido? A los economistas, quizá, pero ese concepto se nos ocurre como un absurdo porque la fijación con las medidas viene del mundo del trabajo, en el cual el tiempo es dinero. En lugar de generalizar el trabajo, la labor asalariada y las medidas ‘justas’ a lo largo de toda la sociedad, buscamos el movimiento opuesto; una generalización de la actividad humana como satisfactoria en sí misma, negando la necesidad de incentivos o sanciones de un sistema de salarios. (Asumir algo como que las recompensas y las sanciones son aspectos necesarios, o mejor dicho, fundacionales de una sociedad futura es a lo que me refiero con ‘un punto de vista muy economicista de los seres humanos’. Parece suponer un Homo economicus, no un pueblo capaz de producir colectivamente para satisfacer sus necesidades sin incentivos salariales, ¡y, más aún, disfrutándolo!). Esta generalización de la actividad más allá de las medidas es a lo que me refiero con abolición del trabajo y de la economía como esferas separadas de la vida social. Nuestra visión última es eliminar el trabajo como una categoría separada de la actividad humana, haciendo de la actividad productiva algo satisfactorio en sí mismo. Así, por ejemplo, podríamos usar la tecnología no solo para aumentar la productividad sino para reducir el esfuerzo, la jornada laboral, etc., mientras la producción podría ser un asunto más social y que directa y transparentemente sirva a las necesidades sociales. La abolición del trabajo, y no su democratización, es la meta. Además, una sociedad que hace de la recompensa del esfuerzo y sacrificio uno de sus principios fundacionales no provee ningún incentivo para reducir el esfuerzo y el sacrificio. Tal y como hoy, los trabajadores harían bien al mantener las labores –reservándose las innovaciones con tal de maximizar sus premios (mientras que reducirían su pago si revelan que han descubierto una forma de hacer las mismas tareas con menos esfuerzo). Por ejemplo, si hice X tareas y me dio Y crédito para vivir, no querría ver mi estándar de vida caer meramente porque yo (u otro) inventó una nueva forma de hacer esa tarea más fácilmente. Al contrario, bajo el comunismo libertario veríamos la reducción del esfuerzo y el sacrificio a la par de la sostenibilidad ecológica como las fuerzas motores del desarrollo (esto es, manifestaciones concretas de ‘necesidad’ en la máxima ‘de cada quien según su habilidad…’). Hace un siglo el sociólogo Max Weber aseveró que la ética trabajadora protestante del esfuerzo y el sacrificio representaba ‘el espíritu del capitalismo’. Podemos ver este espíritu reflejado en la ideología meritócrata de la mayoría de los políticos de la corriente dominante (como los conservadores citados más arriba), y en el mito fundador del capitalismo Americano, el sueño de la oportunidad de pasar de mendigo a millonario. Desafortunadamente, este espíritu parece también animar a la EconPar. Busca la emancipación del espíritu del capitalismo respecto a los límites impuestos por la sociedad capitalista: trabajo asalariado generalizado y para todos, pero en donde el esfuerzo y el sacrificio serán justamente recompensados de un modo imposible bajo el capitalismo como lo conocemos. El sueño americano para la generación post-Seattle. [1] Mariarosa Dalla Costa y Selma James, ‘The Power of Women and the Subversion of the Community’ – http://libcom.org/library/power-women-subversion-community-della-costa-selma-james [2] Sección noticias: www.libcom.org/news – Tea Break: http://libcom.org/tags/tea-break [3] ‘An Unfair Britain’, Partido Conservador (2008), http://www.conservatives.com/~/media/Files/Downloadable%20Files/Unfair%20Britain.ashx?dl=tr

  • translated by Martín Álvarez

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