Una crítica de los métodos sindicalistas • Alfredo Bonanno

Las limitaciones del anarcosindicalismo

Aquí tenemos una solución anarquista al sindicalismo, la solución que arraigaba en la Asociación Internacional de Trabajadores de acuerdo con los principios de Bakunin, pero que todavía tiene defectos que son intrínsecos a todas las organizaciones sindicales, sean sindicalistas revolucionarias, comunistas autoritarias o las reformistas de la socialdemocracia.

El anarcosindicalismo, si no es mantenido dentro de los límites de “medio”, como apuntaba apropiadamente Malatesta, corre el riesgo —como el sindicalismo, no el anarquismo— de evolucionar hacia el revisionismo (ver Suecia) o el autoritarismo (ver España). Pero permítasenos intentar clarificar este problema antes de que caigamos en malas interpretaciones.

Documental «Autonomía Obrera»

Excelente documental donde los protagonistas de las violentas luchas obreras de los ’70 en España, analizan con perspectiva los fallos y aciertos del movimiento obrero en aquella época; estupendo análisis que hoy debemos saber aprovechar.

Las limitaciones del anarcosindicalismo (cont.)

El anarcosindicalismo sabe perfectamente bien que la Revolución sólo puede ser llevada a cabo por las masas trabajadoras organizadas en sus estructuras económicas para preparar la sociedad del futuro. Esto puede ocurrir sólo si estas organizaciones están separadas de los partidos políticos, de hecho “si no son solamente aparlamentarias, sino principalmente antiparlamentarias” (Lehning).

“Quien esté, tanto contra el capitalismo privado como contra el capitalismo de Estado, debe oponerse a estos con otro tipo de realidad social y otro tipo de organización económica. Y esto sólo puede hacerse por los productores agrupados juntos en sus organizaciones en el taller, la industria, etc.. Tienen que organizarse de modo tal que posean los medios de producción y organicen toda la vida económica sobre una base asociativa.” (Lehning)

Pero estas organizaciones de los productores deben estar en manos de los productores mismos y organizadas de modo que sus acciones, que han elegido y determinado ellos mismos, no puedan ser impedidas. Si observamos atentamente, veremos que esto no puede ocurrir en el sindicalismo, incluso en el anarcosindicalismo. No puede ocurrir en las llamadas “degeneraciones” del tipo sueco o —dentro de ciertos límites— el español. No puede ocurrir porque no son los obreros mismos quienes deciden cuales son sus intereses objetivos, sino la dirección sindical, quienes, como vemos, existen y tienen la capacidad de seleccionar objetivos e intereses, incluso en el anarcosindicalismo.

No debemos olvidar que el sindicalismo es un organismo de los productores, por lo tanto, de un alto índice económico; pero es también un organismo dirigido por hombres que están altamente politizados, incluso si sólo a un nivel personal. En el caso de una organización anarcosindicalista, estos hombres podrían ser anarquistas, de modo que rehusarían sus derechos como “dirigentes” sindicales. Muy bien, en ese caso la organización se dividiría o moriría para reaparecer en una serie de iniciativas dirigidas por la base sin que haya necesariamente ninguna línea centralizada a parte de sus comunes intereses económicos y revolucionarios. Pero, en ese caso, ya no estaríamos dentro del concepto del anarcosindicalismo.

Éste último prevé la existencia de la estructura independientemente de la perspectiva económica. Tiene su mira en defender los intereses de los trabajadores (económicos y no económicos), pero sobre todo existe y es más importante cuanto más grande es y cuantos más miembros tiene.

Lo mismo debería decirse de los hombres y mujeres que trabajan dentro de la estructura anarcosindicalista. Sus ideas no provienen de los intereses económicos e históricamente determinados de los miembros, o del conjunto de la clase obrera, sino que existen por derecho propio y son, en cierto sentido, muy extensas. Van tan lejos como para perfilar una visión completa del mundo (un mundo anarquista o libertario), que influenciará necesariamente la elección del trabajo a realizar en cuestiones particulares o las alternativas políticas o económicas en no poca medida.

Permítasenos imaginar que se está discutiendo el problema de la ocupación de una fábrica. El interés inmediato de los trabajadores -al menos en un marco como el que estamos viviendo en Italia hoy- es la continuación de sus salarios, un interés limitado que de ningún modo pone en cuestión la ética del trabajo. Los camaradas sindicalistas podrían tener sus propias ideas muy precisas sobre lo que significaría la autogestión de la fábrica dentro de la perspectiva de la administración capitalista. Es decir, podría ser que ellos quisieran “demostrar” algo más, algo de quizás mayor valor político que la mera continuación de los salarios para un restringido número de personas; pero algo que todavía no va nunca “más allá” de ciertos intereses objetivos y contingentes en nuestra opinión. Por supuesto, esto podría contribuir a expandir el movimiento como un todo; pero no debería convertirse en una coartada para pasar de contrabando las decisiones de la Dirección más allá de la trémula frontera de los intereses de los trabajadores.

En resumen, teniendo en cuenta que sólo un restringido número de camaradas tienen las ideas claras sobre problemas que van más allá del área inmediata del sector económico (que frecuentemente requiere análisis laboriosos), y teniendo en cuenta que estos camaradas (con la mejor fe como anarquistas e individuos) no pueden más que luchar por el triunfo de sus ideas, nosotros encontramos cierto que cuando esto ocurre dentro de una estructura sindical ello abre inevitablemente el camino al compromiso o al autoritarismo.

En el caso en que no existe ninguna estructura, donde los camaradas más preparados hablan en nombre de un grupo de productores con intereses precisos, y con medios para lograrlos mediante acciones coordinadas, apoyadas por la intervención de camaradas del exterior, cualquier cosa puede ocurrir. El discurso puede extenderse sin medida, hacerse social y político y trazar una visión total del mundo igualmente. Aquí ninguno hablará en el nombre de una organización que tendría que vivir y defenderse como tal.

Leer la obra completa en el “Círculo Internacional de Comunistas Antibolcheviques“.

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