Anarquismo americano – Noam Chomsky

Anarquismo americano: Noam Chomsky reafirma su filosofía política y su crítica al poder.

By Matthew Robare • November 22, 2013
Lunes por la noche en un auditorio del MIT (Instituto de Tecnología de Massachusetts) de colores apagados y sillas incómodas, un hombre enjuto y encorvado, de pelo plateado y con un feo jersey, dio una charla para un auditorio de casi 300 personas (la mayoría de ellos jóvenes, vestidos a la moda y con capacidad para asistir a una de las universidades privadas más prestigiosas del país) hechizadas alrededor de una hora y media. Ese hombre era Noam Chomsky y el tema era El Anarquismo.

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Chomsky ha tenido una carrera académica muy influyente en la lingüística, pero ha alcanzado el estatus de celebridad como filósofo político y activista; comenzando por su oposición a la guerra de Vietnam y seguidamente hasta hoy con acusaciones de imperialismo hacia la política exterior de Estados Unidos, y críticas al Capitalismo, y las derivas totalitarias, tanto de la izquierda como de la derecha.

Fue presentado por Nathan Schneider, el periodista que cubrió el movimiento Occupy para The Nation, Harper, y el Boston Review. Schneider describió cómo los activistas de Occupy tenían una especie de “amnesia” sobre el activismo de izquierdas, sabiendo muy poco de la historia y las prácticas de las anteriores generaciones de activistas ya que pocos de ellos tenían experiencia previa alguna. Chomsky, dijo Schneider, representa esa tradición olvidada. También señaló que el Anarquismo ha sido revivido como término para insultar, como hizo el senador líder de la mayoría demócrata de Nevada (Harry Reid) cuando se refirió al Tea Party como “anarquistas” o algunos republicanos que han hecho la misma acusación a los organizadores sindicales de Carolina del Norte.

El cuerpo principal de la charla de Chomsky consistió en un esquema y definición de la tradición intelectual anarquista, de la que dijo tenía siglos de antigüedad, aunque “sus planteamientos de discurso político son apenas certeros.” Y añadió: “eso es aún más cierto en el Anarquismo. Resiste cualquier caracterización”.

Las principales corrientes del pensamiento anarquista se derivaron de las ideas liberales clásicas que surgieron en la Ilustración y el Romanticismo. La idea central, dijo Chomsky, era que “las instituciones que limitan el desarrollo humano son ilegítimas a menos que puedan justificarse a sí mismas.” Los anarquistas buscan desafiar esas instituciones y desmantelar las que no pueden justificarse, mientras buscan la creación de nuevas instituciones desde cero, basándose en la cooperación y los beneficios para la comunidad. Esta tradición del socialismo libertario o el anarcosindicalismo sigue viva, afirmó Chomsky, a pesar de los desafíos y la represión.

Parafraseando al anarquista estadounidense-alemán Rudolf Rocker, Chomsky dijo que el anarquismo busca liberar la mano de obra de la explotación económica y de la tutela eclesiástica de la sociedad. Esto significa que los trabajadores luchan por su bienestar y dignidad “para el pan y las rosas” -como él mismo dijo- al tiempo que rechazan la convención de trabajar para otros a cambio de dinero, lo que describió como una especie de esclavitud. Sobre la otra oposición, la de la tutela eclesiástica, explicó que no necesariamente es una oposición a la religión organizada -alabó al Movimiento de Trabajadores Católicos Dorothy Day y al anarquismo cristiano del País Vasco-. Más bien Chomsky articula una oposición a la idea de que la sociedad debe ser regulada por un grupo de élite, ya sean tecnócratas liberales, clérigos religiosos, o ejecutivos de las empresas.

Chomsky también se refirió a algunos de los problemas que enfrenta el activismo anarquista, y señaló que, si bien los anarquistas están en contra del Estado, a menudo abogan por la coerción del Estado con el fin de proteger a las personas de “las bestias salvajes capitalistas”, como él las llamó. Sin embargo no ve esto como una contradicción, sino como una muestra de pragmatismo. “Las personas viven y sufren en este mundo, no en uno que imaginamos”, explica Chomsky. “Vale la pena recordar que los anarquistas condenan los estados que existen realmente, no visiones idealistas de gobiernos ‘de, por y para el pueblo.'”

Luego conectó la tradición socialista libertaria con las corrientes de pensamiento estadounidense citando al filósofo John Dewey, diciendo que “El poder hoy reside en el control de los medios de producción, el intercambio, la comunicación y el transporte… los trabajadores deben ser los dueños de sus destinos individuales.” Para Chomsky, “Dewey era tan estadounidense como el pastel de manzana.”

Comparó la crítica al poder de Dewey con los ideales de la tradición progresista liberal en los Estados Unidos, señalando que muchas de sus fuentes principales, entre ellos Walter Lippmann, Samuel Huntington, y Woodrow Wilson, opinaban mal de la mayoría de las personas a quienes consideraban peligrosas, ignorantes y que debían ser controladas. A pesar de la tendencia histórica de los grupos de élite de “guardianes eclesiásticos” (como los tecnócratas liberales o el Consejo de Guardianes iraní, a los que los comparó) persiguiendo el control de la sociedad, señaló que la resistencia continuaba. Terminó su discurso con una nota optimista, al señalar que las críticas anarquistas al poder son recurrentes (durante la Guerra Civil Inglesa había una “chusma” que parecían no querer ser gobernados ni por el rey ni por el Parlamento) y que el Anarquismo está como el viejo topo de Marx: siempre cerca de la superficie.

A lo largo de su charla Chomsky describió cómo se involucró con el Anarquismo. Su familia estuvo inmersa en los movimientos de izquierda en Filadelfia y Nueva York antes de la Segunda Guerra Mundial y pasó un tiempo en la Union Square de Nueva York, donde muchos izquierdistas se congregaron -incluyendo anarquistas catalanes que huían de las represalias de Franco-. También señaló que muchos miembros de la clase trabajadora de la época participaban en la alta cultura y estaban familiarizados con poemas afines como The Masque of Anarchy de Shelley, que conmemoraba la masacre Peterloo.

Fue éste un tema que volvió a la primera pregunta: el compromiso contemporáneo con las artes. Comparó dos películas de 1954, La ley del silencio y La sal de la tierra. La primera, que trataba sobre un trabajador enfrentado a un sindicato corrupto, tuvo un gran lanzamiento y estaba protagonizada por Marlon Brando. La segunda trataba sobre los trabajadores sindicalizados en huelga y fue prohibida en los Estados Unidos.

“Cuando la gente en el poder cree en algo firmemente, merece la pena investigarlo”, dijo Chomsky.

Por último, se le preguntó sobre el crecimiento de la vigilancia y la militarización de la policía.

“El fenómeno en sí no debería ser sorprendente -la escala es lo sorprendente- pero el fenómeno en sí es tan estadounidense como el pastel de manzana”, dijo Chomsky. “Puedes estar seguro que cualquier sistema de poder va a utilizar la tecnología en contra de su enemigo: la población. Los sistemas de poder buscan la dominación y el control a corto plazo, no la seguridad”.

Matthew M. Robare es un periodista independiente que reside en Boston y también escribe sobre urbanismo e historia.

Artículo original: American Anarchist

* Como siempre, disculpad la traducción. Se agradece cualquier traducción alternativa que queráis hacernos llegar. Salud.

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