Landgrabbing. Cuando los inversores les roban las tierras a los campesinos

landgrabbing

Ilustración de Polyp (http://www.polyp.org.uk/)

Ref. documental
Original en alemán. Markus Balser: “Landgrabbing. Wenn Investoren Bauern das Land rauben“.
Publicado en Süddeutsche Zeitung, 2-3-2016.
URL: www.sueddeutsche.de/wirtschaft/entwicklungslaender-gier-nach-land-1.2886878
Traducción al español para blogdelviejotopo: Tucholskyfan Gabi.
Fuente de traducción: blogdelviejotopo.blogspot.com.es, 16-3-16.

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LANDGRABBING. Cuando los inversores les roban las tierras a los campesinos.

A gran escala, los inversores están adquiriendo tierras de cultivo en los países en vías de desarrollo. Numerosos campesinos a duras penas resisten al llamado “landgrabbing”, el acaparamiento de sus tierras.

Conforme a un estudio realizado por Oxfam, en los últimos 15 años se han vendido tierras de la superficie total correspondiente a Europa occidental.

Un artículo de Markus Balser en Süddeutsche Zeitung

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El abogado Nguiffo se acuerda perfectamente de la mano acaparadora de sus clientes. La neoyorquina empresa de inversión Herakles Farms tenía un plan gigantesco: edificar sobre unas 73.000 hectáreas de selva tropical al suroeste del Camerún una plantación de aceite de palma. Herakles ya había conseguido un contrato de arrendamiento por 99 años cuando el asunto se hizo público. Los perdedores: 50.000 campesinos locales, que en el fondo se habían considerado propietarios de las tierras.

Nguiffo y los campesinos optaron por la lucha. Presentaron una acción legal, se constituyeron en ONG (organización no gubernamental) y lo lograron: en 2003, el negocio quedó anulado reduciéndose la concesión a 20.000 hectáreas. Pero el abogado africano es consciente de que en su país el derecho es una cuestión temporal, por lo que sentencia: “El problema sigue existiendo”, por lo que Nguiffo continúa su campaña que persigue la reforma agraria de su país que mejor pueda proteger la subsistencia de sus paisanos ante semejantes injerencias.

El país más afectado es el Sudán del Sur donde ya se vendieron unos 4 millones de hectáreas.

El conflicto camerunés es un ejemplo clásico de la lucha entre David y Goliat ya desatada en muchos países. “En todo el mundo, se vienen agudizando los conflictos en torno a la posesión de las tierras”, advierte Oxfam en un nuevo estudio realizado junto con la ILC (Coalición Internacional para el Acceso a la Tierra) y la RRI (Iniciativa para los Derechos y Recursos) que el pasado miércoles ha sido publicado en Roma. En la actualidad se encuentran especialmente afectados, aparte de África, Brasil, Honduras, Perú y las Filipinas. El problema está creciendo, ya que los derechos de los usuarios y cultivadores locales de las tierras son muy débiles.

“Sólo una quinta parte de las tierras cultivadas por comunidades rurales e indígenas en los países en vías de desarrollo, se encuentra a salvo de la práctica del landgrabbing” concluye el referido documento. Los restantes 5.000 millones de hectáreas están en peligro.

Según los cálculos realizados por Oxfam, desde el 2001 se vendieron unos 230 millones de hectáreas de tierra, una superficie que alcanza la extensión de Europa occidental. El continente más afectado hasta la fecha ha sido África. Land-Matrix, un banco de datos que desde su fundación en 2001 viene almacenando información sobre la adquisición de tierras en todo el mundo, posiciona al Sudán del Sur como el primer país meta de los inversores, seguido por Papua-Nueva Guinea e Indonesia.

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La mayoría de los inversores proceden de los EEUU, seguidos de Malasia y los Emiratos Árabes. Según Land-Matrix, Arabia Saudí figura entre los 10 primeros en materia de inversión. Y China está alcanzando un prestigio cada vez más importante. Las razones y motivos de semejantes inversiones son de diversa índole. Los países con condiciones agrarias adversas y crecientes poblaciones, por ejemplo, quieren asegurarse de este modo cierta continuidad alimentaria. Y también en Europa, en Ucrania sin ir más lejos, los inversores ya están al acecho. Potentes inversores adquieren en el este de Europa enormes latifundios y especulan para obtener altos beneficios… que la Unión Europea les garantiza.

Otros están enfocando directamente las cifras de negocios. Que ahora las empresas inversoras también se interesen por las tierras, habrá que recibirlo como un nuevo fenómeno nacido a partir de la crisis financiera. Hasta hace unos pocos años, los mercados financieros despreciaban las tierras agrícolas, que rentaban muy poco. Pero desde la caída de las cotizaciones en bolsa, ante el creciente riesgo de los bonos de estado y el insignificante retorno de los títulos de renta fija, las tierras agrícolas vuelven a ser atractivas. Resulta cada vez más clara además la subida de los precios de alimentos y materias primas de origen agrario (“commodities) en función de la creciente población mundial.

Por tanto, no extraña que resulten atractivos esos negocios a largo plazo, si bien no para todos los implicados. “Para los habitantes de las tierras al sur de África, los grandes proyectos de inversión redundan en numerosos riesgos y muy pocas ventajas” se desprende de un estudio realizado por El Instituto para la Economía Mundial (IfW) de Kiel/Alemania. El hecho de que los inversores ganen mucho y que los campesinos locales pierdan aún más, aumenta la intensidad de los conflictos. “Desde 2002 resultaron muertos unos mil campesinos que habían defendido sus derechos sobre las tierras afectadas”, dice un estudio realizado por una de las organizaciones de ayuda internacional, “los conflictos a causa de estos derechos, desde 1990 con frecuencia vienen a ser el foco de nuevas guerras civiles”.

El mayor problema: La falta de estándares jurídicos.

Los expertos en la materia ven el mayor problema en la débil posición jurídica de los campesinos afectados. Por ello, exigen que se duplique y se garantice formalmente hasta el 2020 la cuota de los derechos correspondientes a las comunidades rurales indígenas. Esta semana lanzaron una llamada al mundo entero: “Los derechos sobre la tierra (land rights) no son sólo un derecho humano, sino un requisito previo indispensable para la lucha contra el hambre y la pobreza, la protección de los recursos naturales y la biodiversidad”, afirma Marita Wiggerthale, la experta en nutrición y agricultura de Oxfam en Berlín.

Pero a los críticos de esas inversiones en tierras agrícolas, también les consta que será una lucha muy dura, puesto que tanto estados como grandes grupos empresariales y empresas inversoras pretenden comprar precisamente en países que se encuentran mal gobernados. Ahí se esperan beneficios altos y garantizados. Las tres cuartas partes de los 60 países donde se practican esas compraventas de tierras, acusan un ranking jurídico especialmente malo. Widderthale lo expresa de este modo: “Donde las personas no tienen la posibilidad de reivindicar sus derechos, a los inversores les resulta muy fácil comprar o arrendar tierras a su antojo”.
Markus Balser
Trad. Tucholskyfan Gabi.
Blog del viejo topo

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