Eco-localismo: una crítica constructiva

por Robin Hahnel.  13 de noviembre de 2013 Ir al original en inglés

Tras el colapso del Comunismo, el debate sobre las alternativas al Capitalismo se dividió en tres campos: defensores del Socialismo de Mercado, defensores de la Planificación Democrática y partidarios de la Economía Comunitaria. Pocos anticapitalistas, ya sea a favor del Socialismo de Mercado, de la Planificación Democrática o de la Economía Comunitaria, se engañan a sí mismos acerca de que hay no más que una pequeña minoría en cualquier economía avanzada que esté lista para reemplazar al Capitalismo en este momento. La mayoría de nosotros entendemos muy bien cuán fuerte es la hegemonía capitalista en la actualidad. Además, el Socialismo de Mercado, la Planificación Democrática y la Economía Comunitaria son visiones de una economía totalmente democrática, y sus partidarios entienden que eso significa que hasta que una gran mayoría apoye su visión de un futuro más deseable, no puede llegar a buen término. Por lo que los defensores de las tres visiones alternativas entienden que -con la excepción de unos pocos países donde porciones importantes de la población pueden ahora o pronto, apoyar el abandono del Capitalismo- la lucha para eventualmente reemplazarlo debe, previsiblemente, concentrarse en luchar para reformarlo y construir experimentos de cooperación equitativa en su seno.

La importancia de la visión económica

A pesar de las importantes diferencias de opinión sobre la mejor manera de organizar una alternativa deseable al Capitalismo, los defensores del Socialismo de Mercado, la Planificación Democrática y la Economía Comunitaria deben ser, y generalmente son, aliados firmes tanto en la mayoría de las luchas de reforma para combatir los efectos negativos del Capitalismo de Libre Mercado como en la mayoría de los proyectos que promueven una cooperación equitativa sobre la competencia y la codicia. Pero si reemplazar el Capitalismo no está en el horizonte cercano en la mayor parte del mundo, ¿por qué dedicar tiempo y energía ahora a debatir los pros y los contras de las diferentes visiones poscapitalistas, especialmente si esto recuerda sus diferencias a las personas que necesitan trabajar juntas?

Algunos anticapitalistas abogan por denunciar al Capitalismo como la fuente raíz de muchos de los problemas actuales, pero cuando se les pregunta qué tipo de economía debería reemplazarle, responden en términos deliberadamente vagos y generales: “una economía justa y democrática” o “una economía que no desperdicie y destruya el medio ambiente”. Hay razones comprensibles para preocuparse por las trampas del pensamiento visionario, pero rechazar la discusión y el debate sobre cómo podemos organizar mejor nuestras actividades económicas para lograr la justicia económica, la democracia económica y la sostenibilidad ambiental es contraproducente, sobre todo ahora, cuando la destrucción causada por el Capitalismo, tanto a la naturaleza como a la humanidad, es cada vez más evidente e imposible de ignorar.

Algunos dudan en explicar cómo debe funcionar una economía poscapitalista por temor a desanimar a la gente. Les preocupa decir que somos anticapitalistas pues corremos el riesgo de alejar a personas con las que trabajamos en movimientos reformistas, ya que la mayoría de las personas que trabajan en los movimientos reformistas asumen que el sistema capitalista es sólido y sólo falla cómo es aplicado. Sin embargo, no tiene mucho sentido arriesgarse a desanimar a las personas diciendo que rechazamos el sistema capitalista en sí mismo sin intentar explicar, en términos concretos, lo que queremos en su lugar.

Otros evitan los debates sobre la visión económica por temor a que conduzcan a un sectarismo que nos divida innecesariamente y nos distraiga de centrarnos en tareas más urgentes. Dada la historia del sectarismo en la izquierda, hay muchas razones para temer esa dinámica, pero debemos protegernos contra el sectarismo en muchos temas, y el consejo de esquivar la visión económica anticapitalista, sólo sería sensato si fuera cierto que las deliberaciones sobre este tema fueran innecesarias.

Otros afirman que especificar cómo las sociedades o comunidades puedan crear sistemas económicos que incorporen la justicia social, la salud ambiental y otros valores democráticos, es totalitario, ya que sustrae a los que vivirán en las economías postcapitalistas su derecho democrático a manejar su economía como lo vean llegado el momento. Este argumento no tiene sentido. ¿Desde cuándo la discusión anticipada de temas difíciles y trascendentales impide la democracia deliberativa en lugar de promoverla? No puedo ver que esto sea un problema a menos que aquellos que debaten tales asuntos intenten imponer sus fórmulas a las generaciones futuras, y nadie que yo conozca, que discuta las posibilidades postcapitalistas democráticas, tiene tales pretensiones.  

Por supuesto que hay un momento y un lugar para todo. Hay momentos y lugares donde pontificar sobre los males inherentes al sistema capitalista es inapropiado y contraproducente. De manera similar, hay lugares donde tratar cómo los miembros de los consejos de trabajadores pueden administrarse por sí mismos o cómo diferentes grupos de trabajadores y consumidores pueden coordinar sus actividades interrelacionándose de manera justa y eficiente, esté fuera de lugar. La pregunta no es si cada comentario, discurso, documento de conferencia, artículo o libro debe explicar cómo un problema actual está vinculado al Capitalismo o cómo podría resolverse en una economía alternativa; más bien, es si la teorización sobre la visión económica y la prueba de nuestras convicciones personales, en la medida de lo posible, desempeña un papel importante en el movimiento para reemplazar la economía de la competencia y la codicia, con la economía de la cooperación equitativa.

El argumento más simple para el valor del pensamiento visionario reside en la pregunta: ¿Cómo podemos saber qué pasos tomar a menos que sepamos dónde queremos ir? Para aquellos de nosotros que creemos que estamos intentando construir un puente desde la economía de la competencia y la codicia, hacia la economía de la cooperación equitativa, debemos tener una idea de dónde queremos que termine el puente y dónde debe comenzar.

Pero la razón más importante para abarcar el tema de lo que haríamos cuando el Capitalismo flaquée es nuestro historial de fracasos. Ésta no es la primera vez que se ha pedido a la gente que abandone el Capitalismo por una alternativa mejor. Si bien las economías comunistas no fueron fracasos por las razones que generalmente se cree, fueron fracasos colosales, y realmente no eran la alternativa deseable al Capitalismo que se prometió; así que las personas tienen todas las razones para ser escépticas con respecto a quienes afirman que existe una alternativa deseable al Capitalismo. También tienen todo el derecho de exigir más que lugares comunes y generalidades.

Lógicamente la gente quiere saber en qué se diferenciaría de lo anterior nuestra alternativa y cómo funcionaría concretamente. Literalmente miles de millones de personas fueron engañadas por nuestros predecesores anticapitalistas con terribles consecuencias. No debemos engañarnos a nosotros mismos pensado que muchos están dispuestos hoy a aceptar ciegamente que esta vez estamos en lo cierto. Evitamos las controversias sobre la alternativa al Capitalismo sólo bajo nuestro propio riesgo. Puede ser que Dios le haya dado el signo del arco iris al Capitalismo del siglo XXI, pero la salvación del día del juicio final no será una iniciativa basada en la fe. Debemos mostrar a una abrumadora mayoría de las víctimas del Capitalismo cómo puede funcionar un sistema mejor. Debemos proporcionar respuestas convincentes a las preguntas difíciles sobre por qué nuestros planteamientos no fracasarán, no serán secuestrados por nuevas elites o serán incapaces de proteger nuestro entorno natural. Si no podemos hacer esto, la economía de la cooperación equitativa seguirá siendo poco más que una oración en boca de las víctimas de la competencia y la codicia.

Ha pasado el tiempo de las excusas y la pereza intelectual. Los críticos del Capitalismo deben pensar y explicar a los demás cómo nos proponemos hacer las cosas de manera diferente y por qué los resultados serán significativamente mejores, especialmente porque los sacrificios que la gente debe hacer en el camino para reemplazar el Capitalismo a menudo serán grandes. Por lo tanto debe haber buenas razones para que las personas crean que los beneficios también serán importantes: si no es para ellos mismos, al menos para sus hijos. Esto no significa que debamos acordar ahora mismo cuál es la mejor alternativa al Capitalismo, lo que es una suerte, porque en este momento no hay acuerdo sobre si la mejor alternativa es alguna forma de Socialismo de Mercado, de Planificación Democrática o de Economía Comunitaria. El debate sobre las alternativas al Capitalismo tras el colapso del Comunismo aún está en sus comienzos. Sin embargo la calidad del debate sobre la visión económica debe inspirar confianza en que el movimiento para una cooperación equitativa se ocupa de abordar esta crucial tarea de manera efectiva. La mejor manera de organizar un sistema de cooperación equitativa no es un problema intelectual trivial, y las respuestas no serán obvias sin mucha deliberación, lo que debe tener lugar antes de que se necesiten esas respuestas.

Economía Comunitaria

Los partidarios de la Economía Comunitaria rechazan el Capitalismo Corporativo, el Socialismo de Mercado y la Planificación Nacional Democrática y Autoritaria. En su lugar ofrecen una visión de gran confianza en sí mismos: economías locales gobernadas por el tipo de Democracia Directa como la que alguna vez se usó en las reuniones municipales de Nueva Inglaterra. Un número creciente de ecologistas radicales y jóvenes anarquistas argumentan que sólo la reducción de la escala de las instituciones económicas y el aumento de la autosuficiencia de las comunidades locales pueden satisfacer los objetivos libertarios, reducir la alienación y promover el equilibrio ecológico.

Los partidarios de la Economía Comunitaria buscan evitar las repercusiones negativas de los mercados y la planificación burocrática, al eliminar el “problema” que abordan estos mecanismos de asignación: coordinar una división del trabajo entre grupos geográficamente dispersos. Al descentralizar grandes economías nacionales en comunidades económicas pequeñas y autónomas, también esperan promover la toma de decisiones democráticas cara a cara y crear incentivos para que las comunidades locales tomen en cuenta los efectos ambientales de sus actividades. Argumentan que si bien la Democracia Participativa no funciona en grupos grandes, donde las personas no se conocen y no pueden reunirse cara a cara, puede funcionar en pequeñas comunidades donde es posible que las personas se conozcan personalmente. También razonan que una vez que las consecuencias de las elecciones caigan “en mi patio trasero”, obligará a las comunidades locales a proteger su medio ambiente.

Por supuesto, así como existen diferentes modelos de Socialismo de Mercado y de Planificación Democrática, la Economía Comunitaria viene en muchos sabores diferentes. Murray Bookchin fue el fundador de la escuela de Ecología Social y es el defensor más conocido de su visión postcapitalista, el Municipalismo Libertario. Howard Hawkins, activista desde hace mucho tiempo y candidato del Partido Verde en 2006 para el Senado de los Estados Unidos en Nueva York, también ha escrito de manera similar. David Korten y Paul Hawken han argumentado en libros que han llegado a un público amplio, que una sociedad ecológica se puede lograr mejor a través del pluralismo democrático. Gar Alperovitz y Michael Shuman han escrito ampliamente sobre las ventajas y la viabilidad de lo que Shuman llama Comunidades Autosuficientes, y Alperovitz llama una “comunidad descentralizada y pluralista”. La defensa clásica del localismo de EF Schumacher ha ayudado a engendrar toda una escuela de Economía Budista. Kirkpatrick Sale es un conocido defensor del Bioregionalismo. Herman Daly, fundador de la escuela de Economía Ecológica, defiende una versión menos radical de la autosuficiencia regional, mientras que Roy Morrison ha escrito persuasivamente sobre una visión más radical que él llama Democracia Ecológica. Éstas son solo algunas de las diferentes versiones de la Economía Comunitaria que aparecen en una amplia y creciente literatura.

Aunque reconozco que las visiones económicas basadas en la comunidad tienen diferencias importantes, creo que muchas sufren fuertes debilidades que comparten unas y otras. Pero antes de explorar sus debilidades, quiero reafirmar los puntos importantes de acuerdo entre los partidarios de una versión de la Planificación Democrática, la “Economía Participativa”, y los partidarios de la Economía Comunitaria.

Puntos de acuerdo entre la economía participativa y la Economía Comunitaria

Los partidarios de la Economía Participativa y la Economía Comunitaria tienen mucho en común.

1. Si bien las economías capitalistas de hoy pueden y deben ser reformadas para hacerlas más justas, democráticas y menos destructivas para el medio ambiente, mientras nuestras economías estén dominadas por corporaciones gigantes y guiadas por las fuerzas del mercado, nunca lograremos la sostenibilidad ambiental, la justicia económica, o la democracia económica.

2. La respuesta socialista tradicional al Capitalismo fue fatalmente defectuosa y no sirve como modelo positivo. Aquellos que gobernaron en economías de planificación central desafortunadamente optaron por competir con el Capitalismo en una carrera que confundió el crecimiento económico con el desarrollo económico e ignoró la importancia de la preservación del medio ambiente. Pero más fundamentalmente, la planificación central y la gestión jerárquica son inherentemente incompatibles, no solo con la autogestión económica, sino también, en última instancia, con la justicia económica. Como lo expresó acertadamente Steve Welzer: “El experimento socialista se fue desacreditando cada vez más durante el siglo XX, ya que quedó claro que la promesa de igualitarismo y “control de los pueblos” era una quimera en un experimento socialista tras otro”. [11]

3. Mientras que los modelos de “Socialismo de Mercado Administrado” empleados superan algunas de las fallas del Capitalismo y del Socialismo de Planificación Centralizada, y mientras que las empresas propiedad de los trabajadores, o las cooperativas de productores, pueden desempeñar un importante papel de transición en la lucha contra la economía de la competencia y la codicia, como las fuerzas del mercado desempeñan un papel dominante en la toma de decisiones económicas, nunca lograremos una economía sostenible de cooperación equitativa. Por lo tanto, la propiedad de los trabajadores por sí sola no es una panacea, ni el Socialismo de Mercado es la alternativa al Capitalismo que buscamos.

4. Una alternativa deseable al Capitalismo debe estar a la altura del desafío de reemplazar las tecnologías y productos ambientalmente destructivos actuales con tecnologías y productos que séan mucho más benignos para el medio ambiente. Sobre todo, nuestros sistemas de energía y transporte deben transformarse completamente para detener el rápido deterioro ambiental. Una alternativa deseable también debe eliminar los incentivos perversos del Capitalismo que impulsan implacablemente a los consumidores a buscar satisfacción a través del consumismo despiadado e impulsan a los productores a involucrarse en lo que los economistas ecológicos denominan “crecimiento no económico”. [12]

5. Las economías deseables promueven la diversidad en lugar de la uniformidad y la iniciativa en lugar de la pasividad. Esto significa que las comunidades locales y los “productores directos” deben ser libres de dirigir sus propios asuntos económicos, siempre que lo hagan de manera socialmente responsable y ambientalmente sostenible. Como lo expresó Welzer, nuestra “visión va en contra de la tendencia de la civilización que la ha dirigido hacia la uniformidad obligada y el monocultivo”. En cambio, abogamos por el “empoderamiento de las comunidades y la toma de decisiones participativa, una mayor autonomía local e Instituciones y tecnologías a escala humana”.

6. Por último, debemos descartar las viejas teorías sobre cómo se reemplazará el Capitalismo y enfrentar el hecho de que, en palabras de Welzer, “no habrá un ‘conflicto final’ que acoja el comienzo de la nueva era, sino más bien un desafío de varias generaciones para construir la nueva sociedad dentro de la cáscara de la antigua “. Gran parte de mi libro más reciente, Justicia económica y democracia: de la competencia a la cooperación [13] está dedicado a desarrollar una comprensión más realista de cómo se puede reemplazar al Capitalismo y el papel que los diferentes tipos de activismo social pueden jugar en este proceso. Más específicamente, estoy de acuerdo con Welzer en que por el momento debemos “a) restringir el poder corporativo mediante la regulación; b) socavar el dominio de las corporaciones al fomentar el desarrollo de organizaciones alternativas basadas en la comunidad como cooperativas, cooperativas de crédito, agricultura apoyada por la comunidad, fideicomisos de tierras, empresas de propiedad local y empresas de propiedad municipal; y c) reasignar gradualmente los recursos sociales de las corporaciones hacia las instituciones alternativas emergentes”. Pero aunque estamos de acuerdo en todo esto y más, tengo serias reservas sobre las visiones económicas comunitarias.

Preguntas críticas sobre la Economía Comunitaria

Aunque reconozco las diferencias entre varias versiones de la Economía Comunitariay simpatizo con los objetivos ecológicos y participativos de quienes los proponen, todas las versiones sufren los últimos cuatro problemas que se mencionan a continuación. Sin embargo, dado que muchas de las versiones más populares de la Economía Comunitaria no rechazan la empresa privada, abordaré ese problema primero.

1. Una cosa es aliarse con pequeñas empresas de propiedad local en campañas contra Wal-Mart y otra cosa es argumentar que las empresas privadas tienen un papel positivo que desempeñar en nuestra visión a largo plazo de una economía verdaderamente deseable. Welzer se encuentra entre los defensores de la Economía Comunitaria que sostienen que debemos ser “hospitalarios con muchas formas de libre empresa y propiedad privada, siempre que el tamaño de la empresa privada no sea tan grande como para separar la propiedad de la participación personal”. Si bien puede darse el caso de que las grandes empresas siempre sean malas, esto no quiere decir que las pequeñas empresas sean necesariamente buenas. Las grandes corporaciones no son las únicas empresas que explotan a sus empleados, exageran a sus clientes y despojan al medio ambiente. Las empresas individuales, las empresas familiares y las empresas locales, donde la propiedad no está “divorciada de la participación personal”, también se sabe que les pagan mal a sus empleados, les proporcionan beneficios inadecuados, les niegan el control sobre sus vidas laborales y encarecen los precios a los miembros de la comunidad a los que les resulta difícil viajar para comprar en otro lugar. Las cámaras de comercio locales, que invariablemente están dominadas por dueños de negocios locales, rara vez son aliados confiables en campañas contra la contaminación local y la expansión. Además, no es casual que los dueños de negocios locales se comporten de manera social y ambientalmente destructiva. Hay motivos para temer que las pequeñas empresas de propiedad local, que están sujetas a las fuerzas de la competencia en el mercado, al igual que las grandes empresas, se involucren en comportamientos social y ambientalmente destructivos cuando aumentan sus ganancias al hacerlo. Esto no quiere decir que las grandes corporaciones no suelen hacer más daño que las pequeñas empresas. Pero a menudo esto es simplemente una cuestión de escala, es decir, cuando una organización grande y poderosa actúa de manera dañina, hace más daño que cuando una organización pequeña con menos poder se comporta de la misma manera.

En otras palabras, no todos los defensores de la Economía Comunitaria rechazan la empresa privada y los mercados como parte de su visión a largo plazo. Algunos, cuya visión incluye el espacio para las empresas privadas junto con las cooperativas de productores y los mercados “socializados adecuadamente”, parecen aceptar los mercados privados, porque confunden lo que debemos tolerar durante la transición de la competencia y la codicia con las relaciones económicas que son verdaderamente consistentes con la cooperación equitativa en sí misma. Otros creen erróneamente que algunas empresas privadas y algunos mercados son compatibles con una cooperación sostenible y equitativa.

Sin embargo, los defensores de las visiones económicas comunitarias no necesitan defensores de la Economía Participativa como yo para plantear este punto. Durante muchos años, los defensores de la Economía Comunitaria han participado en un debate activo sobre si la empresa privada, incluso si es pequeña y de propiedad local, es en última instancia compatible con la justicia económica, la democracia económica y la sostenibilidad ambiental.

Las visiones más radicales de la Economía Comunitaria rechazan por completo la empresa privada y los mercados, incluso si reconocen que debemos tolerarlos durante un largo período de transición. Al igual que los que apoyamos la Economía Participativa, los defensores del Municipalismo Libertario, el Ecosocialismo y el Anarquismo Comunitario argumentamos que no hay lugar ni para la empresa privada ni para los mercados en una economía verdaderamente deseable. En esta materia, los defensores de la Economía Participativa están de acuerdo con Joel Kovel, un ecosocialista que aprecia la necesidad del poder local pero es crítico para convertirlo en un fin en sí mismo, y que argumenta que la combinación de las empresas privadas y las fuerzas del mercado con las personas que buscan practicar una cooperación equitativa es “como tratar de criar comadrejas y pollos en el mismo gallinero”.

2. A diferencia de algunas versiones del Socialismo de Mercado y la Planificación Democrática, ningún “modelo” de Economía Comunitaria es un modelo real en el sentido de que especifica reglas y procedimientos sobre cómo tomar los diferentes tipos de decisiones que deben tomarse en cualquier economía. Por esta razón, todas las versiones de la Economía Comunitaria son realmente “visiones” en lugar de “modelos” coherentes. A veces, los proponentes ignoran alegremente que no han abordado cuestiones importantes que inevitablemente surgirán. A veces, los proponentes se refieren a la falta de respuestas específicas y concretas sobre cómo se decidiría algo como una virtud en comparación con lo que critican como modelos “deterministas” de Socialismo de Mercado y Planificación Democrática. Pero esta respuesta no es válida. Es imposible evaluar una propuesta sobre cómo manejar la economía hasta que sea una propuesta completa y terminada.

Este fracaso no debe confundirse con el problema de explicar cómo pasar del sistema capitalista actual a una Economía Comunitaria. Sus defensores a menudo abordan los problemas de la transición más extensamente de como responden exactamente a cómo proponen que los problemas particulares se decidan una vez que lleguemos a una Economía Comunitaria.


Tampoco debe confundirse el fracaso con la falta de especulación sobre qué tipo de decisiones creen los entusiastas que la gente tomará en una Economía Comunitaria. Dado que sus defensores están motivados por fuertes convicciones de que las personas necesitan a) elegir tecnologías y productos radicalmente diferentes, b) cambiar sus prioridades con respecto al ocio frente al trabajo, y c) aceptar la necesidad de un crecimiento cero de lo que los economistas ecológicos llaman ” rendimiento material”, los autores a menudo escriben extensamente sobre las diferencias entre las decisiones que creen que se tomarán en su Economía Comunitaria y las decisiones que se toman en las economías capitalistas de hoy. El problema es que cualquier economista profesional sabe que hay ciertas categorías de decisiones que deben tomarse en cualquier economía, y hasta que una propuesta sea lo suficientemente amplia como para especificar cómo un proponente sugiere que se tomen estas decisiones necesarias, es decir, hasta que tengamos lo que los economistas llaman un modelo formal de la economía propuesta, es literalmente imposible evaluar si la economía haría o no lo que sus proponentes afirman que haría.

Facebook Comments